Distinto no sólo por fuera
Desde el punto de vista funcional, hay una diferencia
grande entre las plazas delanteras y traseras del Mégane.
Delante hay espacio bastante para que todo lo que rodea al conductor
quede lejos: el parabrisas, el techo, la puerta y el pasajero. Las
personas más altas, no obstante, puede que encuentren algo
corto el recorrido longitudinal del asiento.
Los asientos delanteros de la versión que hemos probado
(Luxe Privilege) son buenos en general. A diferencia de lo que ocurre
con la mayoría de los asientos de Renault, estos no son blandos
de banqueta y sujetan adecuadamente el cuerpo en las curvas. Los
reposacabezas de esta versión, con la articulación
en la parte alta, me parecen los mejores que hay en el mercado.
Alrededor del conductor hay bastantes huecos para vaciarse los
bolsillos y llevar cosas que pueden hacer falta (tarjetas de aparcamiento
o mando a distancia del garaje).
La
ventilación pasa inadvertida, que es lo mejor que puede pasar
con ella. He probado el coche en días frescos y soleados,
fríos y nublados, y con lluvia. En todo caso el climatizador
ha funcionado de tal manera que no ha hecho falta hacer correcciones
a mano, ni ha provocado corrientes fuertes.
Cuando he circulado con lluvia, y con alguna prenda mojada en el
interior, los cristales no se han empañado. Como el aire
acondicionado estaba desconectado, eso quiere decir que la renovación
del aire es buena (al menos, para una persona sola).
Los faros de xenón que tiene opcionalmente la versión
Luxe (780 €) dan una luz muy intensa y que cubren un área
grande, especialmente por los lados.
Otras características que facilitan la conducción
son un volante adecuadamente inclinado, un gran apoyo para el pie
izquierdo, y una relación entre volante y pedales satisfactoria
para distintas personas.
Casi siempre que la apariencia es una prioridad, la funcionalidad
queda perjudicada; es lo que ocurre en la mitad trasera del Mégane.
La relación entre tamaño y espacio es mala: aunque
el coche es ancho por fuera no lo es por dentro.
La
plaza central trasera es poco útil porque la anchura disponible
no es grande (135 cm entre hombros, lo normal en estos coches) y
porque el contorno del respaldo en esa zona lo hace incómodo.
Tampoco es un coche satisfactorio para ir con dos personas atrás,
porque es uno de los coches con menos espacio para las rodillas.
Esto lo hace incómodo para un adulto y dificulta la tarea
de acomodar a un niño en su silla. La altura disponible sí
es excepcionalmente grande.
El maletero no es grande ni cómodo de cargar. El volumen
del maletero es 330 l, una cantidad que está de la mitad
para abajo en coches de este tipo (tabla
comparativa). El actual Mégane de cinco puertas tiene
menos espacio longitudinal en las plazas traseras y menos maletero
que el anterior.
Por la forma que tiene el portón, hay que elevar la carga
75 cm sobre el suelo para poder meterla en el maletero. Después
hay que salvar un «escalón» que mide 26 cm de
largo. Normalmente no es un inconveniente, pero sí cuando
se intenta depositar con cuidado un objeto pesado.
A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los portones,
el del Mégane no tiene un sistema para evitar que, si está
mojado, caiga el agua sobre el cuerpo al abrirlo. El área
que barre el limpialuneta es muy pequeña. Cuando la luneta
está mojada, y sobre todo de noche, la visibilidad en tres
cuartos trasera empeora mucho. |