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Con este Megane se puede viajar de forma descansada porque
está bien aislado del ruido del motor, del aerodinámico
y del de rodadura. A velocidad alta, el ruido más evidente
en el interior es el aerodinámico (parece que provocado
por los retrovisores), aunque creo que está lejos de
ser molesto.
Otra cualidad dinámica interesante del Megane es que
tiene unas reacciones muy seguras; tiene un control de estabilidad
eficaz y es cómodo. Va muy bien en las carreteras rápidas
porque la suspensión filtra bien las irregularidades
de la carretera y porque es poco sensible al estado del piso.
Es decir, aunque haya baches, no tiene tendencia a apartarse
de la trayectoria.
No
le falta agilidad en las carreteras lentas porque responde
bien a las indicaciones del volante y la adherencia es alta,
al menos con neumáticos 205/50 R 17 89 V, que es como
lo hemos probado.
Lo que ocurre es que no tiene buen tacto. Da sensación
de coche pesado porque, como la suspensión es suave
en la fase de extensión, la carrocería puede
tener movimientos verticales amplios al pasar por determinadas
irregularidades.
Hay tres tipos de neumáticos para esta versión del Megane. La versión Confort Expressión tiene unos 195/65 R15; el resto, tienen unos 205/55 R16. Las versiones que tienen de serie llanta de 16 pulgadas pueden tener en opción llantas de 17 pulgadas.
La dirección no da mucha información de cómo está apoyado el coche en cada momento; el tacto de la dirección ha mejorado en relación a la que tenían las primeras unidades del Megane y el Megane Scenic, pero sigue sin ser tan buena como otras direcciones eléctricas.
El cambio de marchas tampoco un manejo particularmente agradable;
los recorridos son largos y la forma en que se enclavan las
marchas da poca sensación de precisión, aunque
las marchas pueden entran con rapidez y no es frecuente fallar
cambios.
Los frenos son potentes y detienen al coche en distancias cortas cuando se frena fuerte y ocasionalmente: no tienen mucha resistencia a un uso intenso y continuado.
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