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Es agradable para viajar porque rueda con suavidad a casi cualquier velocidad, es silencioso y la suspensión absorbe bien las irregularidades. Va bien en carreteras de todo tipo, sobre todo en vías rápidas. Como la suspensión es blanda y la dirección tiene un tacto peculiar, no da la sensación de ser un coche ágil o de buen tacto en la medida que la dan otros (como un Ford Focus); sí tiene reacciones seguras y un control de estabilidad eficaz (de serie).
El motor es agradable para casi todo uso porque su funcionamiento
se hace poco patente en el interior y su respuesta es progresiva,
que es lo mejor que puede pasar en un coche hecho para ser
cómodo. Sólo se aprecian vibraciones en el interior
al ralentí.
Puede
que el motor no dé una gran sensación de aceleración
porque —a diferencia de otros motores turbodiésel—
es progresivo antes que brusco. Es más una sensación
que un hecho, porque según mediciones de km77.com sí
acelera lo que cabe esperar de su potencia (150 CV). Tiene
un consumo normal.
Sin ser caro, esta versión tiene un precio menos favorable que otras versiones del Mégane. Está a la venta desde 21.450 € con carrocería de cinco puertas (ficha comparativa de todas las versiones).
Su abundante equipamiento de serie no compensa del todo su
precio en relación a otros coches más económicos,
como el Fiat Stilo 1,9 Multijet 150 CV o el SEAT León
Diesel 1.9 TDI 140 CV (tabla
comparativa). Opcionalmente puede llevar elementos valiosos,
como el mando de acceso y arranque sin llaves o los faros
de xenón (que dan buena iluminación).
Es mejor en las plazas delanteras que en las traseras. Delante
tiene unos buenos asientos, mucho espacio y muchos huecos
para colocar objetos (como la trampilla bajo en piso de las
plazas delanteras y los cajones en los apoyabrazos de las
puertas). En las plazas traseras hay mucho espacio libre al
suelo, pero no mucho para las piernas. La anchura es escasa
para tres ocupantes. El maletero no es muy grande ni particularmente
funcional. |