Excepcional
como deportivo, normal como descapotable
Para encontrar alguno que vaya mejor hay que buscar
entre deportivos mucho más potentes, caros (y menos adecuados
para utilizarlos como coche habitual) o con un planteamiento distinto,
como el Mitsubishi EVO.
A varios miembros de la redacción de km77.com nos parece
que el Boxster tiene todo lo bueno de un Porsche 911, pero no las
peculiares
reacciones que éste tiene en determinadas ocasiones,
que no aportan nada y hacen al coche más difícil de
conducir. Lo aspectos positivos que ambos comparten son la excelente
motricidad y eficacia en carreteras lentas. A favor del Boxster
está el hecho de que es mucho menos sensible a los cambios
de apoyo en curva y a levantar repentinamente el pie del acelerador
en momentos delicados. Estas acciones con un 911 pueden provocar
un delizamiento de las ruedas que puede terminar en sobreviraje;
un Boxster es mucho más complicado que pierda la trayectoria
por inercia. Con los neumáticos opcionales Michelín
Pilot Sport en medidas 265/35 ZR 19 94Y (las traseras) y 235/35
ZR19 87 Y (las delanteras) el nivel de adherencia del Boxster es
muy elevado.
En
cualquier caso, como son coches potentes y estables cualquiera puede
ir rápido conduciendo mal; pero sólo un conductor
bueno lleva un 911 de forma veloz y armoniosa.
Para quien encuentre satifacción en un coche donde los kilómetros
pasen sin darse cuenta, el Boxster no es un coche adecuado. Como
es sensible al estado de la carretera, es un coche con el que hay
que «trabajar» sobre el volante, más que con
otros de potencia parecida. La suspensión absorbe sorprendentemente
las irregularidades si son pequeñas, pero si hay baches grandes,
la carrocería se mueve verticalmente con cierta violencia.
En este caso el coche no se desplaza lateralmente, ni rebota, pero
puede ser necesario hacer pequeñas correcciones para marcar
bien la trayectoria.
El Boxster tiene como opción la suspensión adaptativa
(PASM, 1.664 €). Lo interesante de este sistema es que cambia
la dureza la de amortiguación automáticamente (en
función del estado de la carretera o del tipo de conducción)
sólo cuando es necesario. Es decir, la amortiguación
es cómoda cuando es posible y dura cuando es necesario.
Adicionalmente el conductor también puede seleccionar el
modo menos flexible de amortiguación en cualquier momento
mediante un botón en el salpicadero: lo que se consigue de
esta manera es que el coche sea incómodo (por duro) cuando
no es necesario.
El
PSM (de serie) está muy bien conseguido para un tipo de conducción
muy deportiva. Con él conectado puede haber deslizamiento
de las ruedas; por ejemplo si el conductor acelera fuerte sobre
suelo con baja adherencia el coche puede iniciar un sobreviraje
que hay que compensar haciendo contravolante. Si la guiñada
pasa de un cierto punto el PSM coloca inmediatamente al coche en
su sitio. Es lo más parecido a no tener control de estabilidad
pero con el nivel de seguridad que sólo se puede conseguir
con este sistema.
El «Paquete Sport Chrono» (819 €) consta de un
cronómetro (digital y analógico) y la posibilidad
de cambiar (con un botón en el salpicadero) el tacto del
acelerador y el funcionamiento del PSM a un programa más
deportivo. He notado muy poco cambio en el acelerador (se nota más
en otros coches que tienen un sistema parecido, como BMW). Tampoco
he notado cambios sustanciales en el funcionamiento del PSM. Salvo
si se da alguna importancia a tener cronómetro, creo que
es una opción que se puede prescindir sin perder cualidades.
Otra cosa que distingue a este coche son sus frenos. Frena en distancias
muy cortas y su resistencia al calentamiento es muy grande. En muchos
otros coches potentes (como por ejemplo un BMW M3) los frenos son
el límite en una conducción fuerte por carreteras
lentas. En los Porsche no. Si se castigan los frenos de forma continuada
se puede llegar apreciar que el pedal se hunde un poco. Lo que no
he conseguido apreciar es una pérdida capacidad de frenada.
Cuando están muy calientes se escucha un chirrido metálico
como si las pastillas rozaran con los discos y un sonido bronco
al frenar a baja velocidad. Este ruido desaparece cuando se enfrían.
Estas consideraciones están hechas con los frenos de serie
que ofrece Porsche. Opcionalmente puede tener unos frenos cerámicos
(PCCB, que se distinguen porque las pinzas van pintadas en amarillo)
que cuestan 8.640 €.
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