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Aceleración en todos
los sentidos
 
Hacia adelante, hacia atrás o transversalmente. En la vista, en
el oído o en el tacto. Lo que distingue al Porsche Turbo
es la aceleración que puede dar en cualquier sentido.
En vivo impresiona todavía más que
en foto. Será por las dimensiones de sus neumáticos
(225/40 ZR18 delante y 295/30 ZR18 detrás), por la anchura
de la carrocería (1,83 metros), por las llamativas tomas
de aire situadas en los paragolpes y en las aletas traseras o por
el imponente alerón trasero retráctil. Su carrocería
tiene más curvas que el 911 Carrera, con aletines traseros
que ensanchan la carrocería 6,5 cm. Yo creo que, con la suspensión
rebajada 15 mm más (algo que se puede apreciar en el 911
GT2), ganaría todavía mucho en aspecto, aunque
probablemente perdería la sorprendente relación que
ahora tiene entre estabilidad y confort.
Tecnológicamente, poco más se puede pedir a un coche
de serie: tracción
total permanente, cambio de seis marchas, frenos de competición,
llantas de aleación forjadas y con los radios huecos (más
livianas y resistentes), suspensiones aligeradas con aluminio y,
probablemente, el sistema de control
de estabilidad (PSM - Porsche Stability Management) mejor puesto
a punto de cuantos hay hasta la fecha en un coche de calle.
Hay otros deportivos que también pueden arrastrar nuestro
corazón a desembolsar una elevada suma de dinero en su compra,
pero muy pocos son los que ofrecen la funcionalidad del Porsche
911 Turbo en el uso diario. Y es que el Turbo está tan bien
concebido que se desenvuelve igual de bien en una carretera de curvas
y entre el tráfico de la ciudad. Es un deportivo que permite
utilizarlo casi para cualquier cosa; eso sí, siempre y cuando
no queramos viajar con cuatro adultos o cargar muchas cosas en su
reducido maletero.
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