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Aceleración en todos los sentidos

Todo
el mundo que lo ha probado dice lo mismo: los frenos de un Porsche
impresionan tanto o más que sus prestaciones
o estabilidad.
El Porsche 911 Turbo tiene idéntico equipo que el 911
GT3 (desarrollado para competición), cuatro discos ventilados
y perforados de 330 mm de diámetro en las cuatro ruedas.
Los discos delanteros son algo más anchos a causa de la mayor
temperatura que soportan (34 mm frente a los 28 mm de espesor detrás).
También son de competición las cuatro pinzas de freno
monobloque fabricadas en aluminio y con cuatro pistones, algo más
grandes de tamaño las delanteras.
Nuestras mediciones dejan claro su capacidad de frenada: sólo
51 m para detenerse desde 120 km/h, aunque la verdadera eficacia
de estos frenos respecto a cualquier otro coche se nota realmente
en frenadas desde 200 km/h o 250 km/h y en su extraordinaria resistencia
al trabajo duro. Los frenos del Porsche 911 Turbo no desfallecen
nunca, principalmente porque se recuperan muy rápido del
calor, lo que deja ver que están muy bien refrigerados.
Para conseguir semejante resistencia, Porsche somete a todos sus
modelos a una prueba exclusiva que no realizan en otras marcas:
detenerse diez veces seguidas desde el 65% de la velocidad máxima
del coche sin que el equipo de frenos pierda eficacia por sobrecalentamiento
(fading). En
el caso del 911 Turbo, esta prueba la ha tenido que superar frenando
diez veces desde 198 km/h.
El tacto de los frenos es algo duro, requiere una pisada firme,
pero es muy progresivo y con mucho mordiente, lo que permite dosificar
la frenada con una precisión extraordinaria. El ABS
Bosch de última generación trabaja también
con una eficacia envidiable, permitiendo realizar una conducción
muy «deportiva» sin entrar en acción antes de
tiempo, incluso sobre carreteras bacheadas.
El
911 Turbo es uno de los pocos coches de serie que en la actualidad
pueden llevar frenos cerámicos (Porsche Ceramic Composite
Brake). Es una opción cara (1,6 millones de ptas), pero tienen
una duración de 300.000 km y aportan muchas ventajas: reducción
de peso en 20 kg, disminución de masas suspendidas que permiten
trabajar con más eficacia a la suspensión y mayor
capacidad de frenada (artículo
de técnica sobre estos frenos).
Otro elemento mecánico que destaca por su rapidez y precisión
es la dirección. Tiene tres vueltas de volante entre topes
y un grado de asistencia muy acertado, sorprendiendo la excelente
maniobrabilidad que aporta en sitios angostos para tratarse de un
deportivo.
Lo que desentona ligeramente en el Porsche 911 Turbo es la lentitud
del cambio de seis marchas. Tiene un accionamiento preciso pero
el recorrido de la palanca entre marcha y marcha es algo largo para
un coche deportivo de su categoría, sobre todo teniendo en
cuenta que el manejo del cambio del anterior 911 Turbo (carrocería
993) era más rápido, con una doble H más cerrada
y recorridos más cortos entre las marchas. Los desarrollos
están bien adaptados para las características de un
motor que puede con todo, a excepción del salto entre 1ª
y 2ª, que mejoraría siendo algo más corto: cuando
cambiamos desde 1ª a 2ª a máximo régimen
el motor baja de 6.700 rpm a 3.600 rpm.
A mí me ha encantado el embriagador empujón del Porsche
911 Turbo en tercera, un tirón muy largo y contundente que
supera los 160 km/h. La patada en 1ª y 2ª es más
violenta, pero también es más corta y se disfruta
menos.
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