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Gana en prestaciones, sobre todo
El límite de adherencia al que llega el Porsche
911 es tan alto, que resulta difícil exceder su límite
sobre suelo seco. A pesar de los ligeros cambios introducidos y
del incremento de peso, poco parece haber cambiado dinámicamente.
La estabilidad
sigue siendo impresionante, aunque es un coche de reacciones muy
marcadas que conviene conocer.
La disposición del motor («colgado» tras el
eje trasero) crea cierta sensación de flotación en
el eje delantero a la cual hay que acostumbrarse. Después
de hacerlo, da una gran sensación de seguridad y agarre.
Su escaso balanceo
nos permite rodar muy rápido en curva, con la sensación
de ir más despacio de lo que en realidad vamos. Apoyados
en medio de una curva larga a 180 km/h conserva una excelente capacidad
para frenar o cambiar la trayectoria, sin movimientos extraños
y con la mayor seguridad. La confianza que transmite es tal, que
el conductor debe ser permanentemente consciente del ritmo al que
va al volante del 911 con relación al resto de los coches.
Resulta
sorprendente como los técnicos de Porsche han conseguido
hacer tan estable y equilibrado un coche tan corto de batalla
(2.350 mm) y con «todo atrás». Es más
neutro de lo que podemos imaginar y el morro entra en las curvas
con mucha eficacia, ayudado también por una dirección
asistida muy rápida, de excelente tacto y gran precisión
(3 vueltas entre topes). Al límite, es ligeramente subvirador,
haciéndolo así más fácil de conducir
sin que apenas repercuta en su eficacia. No es difícil sentir
el apoyo y el
agarre de los neumáticos traseros, lo que ayuda al conductor
a conocer en todo momento si está llegando al límite
de adherencia. El alerón trasero retráctil genera
una importante carga aerodinámica sobre el eje posterior
que contribuye a mejorar su estabilidad a elevada velocidad. Dicho
alerón se levanta automáticamente cuando el coche
supera 120 km/h.
En caso de llegar a superar dicho límite de adherencia el
control de estabilidad
y tracción
de Porsche (PSM - Porsche Stability Management) se encarga de enderezar
la trayectoria con una eficacia sobresaliente (dentro de lo posible).
La única pega es que el PSM es un elemento opcional (1.177,6
€), algo incomprensible en un coche con el precio del 911 Carrera
. Por otro lado, la estabilidad del 911 es tan alta y el PSM está
tan bien calibrado, que apenas tiene que entrar en acción.
Con él conectado es posible realizar una conducción
casi al límite (se puede desactivar mediante un botón
situado en la consola central del salpicadero). Los sensores y el
sistema de cálculo del PSM no dejan de funcionar aunque esté
desconectado; si el conductor está en una situación
comprometida y pisa el freno, vuelve a entrar en funcionamiento
automáticamente.
Además,
el control de tracción del PSM permite acelerar a fondo sin
miedo a un posible sobreviraje,
incluso sobre superficie deslizante. En cualquier caso, la motricidad
del Porsche 911 es tan alta, que para que llegue a perder tracción
sobre suelo seco hay que ir prácticamente provocándolo.
Sobre suelo mojado la cosa cambia y nos puede llegar a sorprender
si no sabemos dosificar convenientemente el acelerador.
En una conducción extrema por carreteras con curvas y sin
PSM, una característica común en todos los Porsche
911 es que se conducen con el acelerador. La única forma
de cruzarlo sobre suelo seco es levantando bruscamente el pedal
del acelerador en pleno apoyo y conseguir que comiencen a deslizar
las ruedas traseras. A partir de ese momento, podemos aprovechar
toda su potencia para mantener la cruzada a base de acelerar (nota
de la redacción). Es una técnica que requiere
buenas dosis de pilotaje y algo de entrenamiento, porque las reacciones,
aunque son progresivas, son también muy rápidas. Sobre
superficie mojada, sólo hay que acelerar más de la
cuenta para que el culo se descoloque.
Otro aspecto que llama la atención en el Carrera es su confort
de suspensiones. No es que sea cómodo como una berlina, pero
sorprende que un coche tan deportivo y con suspensiones duras no
castigue demasiado el cuerpo. Un BMW
Z8, por ejemplo, es más incómodo. Uno de los secretos
está en la excelente capacidad de absorción de los
amortiguadores,
que permiten rodar a fondo por carreteras bacheadas sin que se produzcan
saltos o rebotes y mantienen permanentemente las ruedas en contacto
con el asfalto.
El único aspecto que repercute negativamente en el confort
es la elevada sonoridad interior: por un lado por el sonido del
motor, por otro, a causa de los sonidos aerodinámicos que
se producen en las juntas de las ventanillas laterales.
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