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Aún merece la pena
Peugeot ha recurrido en su motor HDi a una cilindrada
(dos litros) algo superior que la utilizada por la mayor parte de
sus rivales (1,9 litros). Con ello no parece haber obtenido ventaja
en términos absolutos, porque hay otros motores de menor cilindrada
que tienen más potencia; no tiene una potencia
específica (45,1 CV/litro) especialmente alta.
El valor de par máximo del motor Peugeot está entre los mejores
(205 Nm a 1.900 rpm), lo superan Opel Astra 2.0 DTi (230 Nm a 1.950
rpm) y el Seat León TDi 90 CV (210 Nm a 1.900 rpm).
El motor HDI del 306 se muestra enérgico, es elástico y consume
poco. Tan sólo el Seat León TDi de 90 CV tiene un consumo medio
homologado más bajo (4,9 contra 5,1 litros/100 km del 306).
En
condiciones normales, notamos su empuje desde 1.500 hasta 4.500
rpm, aunque el régimen
de potencia máxima está a 4.000 vueltas. En recuperación
comienza a tirar incluso antes, desde 1.300 rpm, con el corte de
alimentación situado a 4.800 rpm. Su elasticidad
permite circular con marchas largas en carretera o por ciudad.
Las prestaciones del 306 HDi no destacan sobre el resto de sus
rivales (alguno de ellos más potente), pero son suficientes para
viajar sin problemas a un ritmo ligero y realizar adelantamientos
con un nivel de seguridad razonable.
El motor HDI de inyección directa tiene el bloque
fabricado con hierro y la culata de aluminio. La adopción de un
conducto común permite inyectar el combustible a altas presiones
(hasta 1.350 bares) y pulverizar el gasóleo con una mayor eficiencia.
El turbocompresor
trabaja a una presión máxima relativa de 1 bar.
No es muy ruidoso, más bien es uno de los turbodiésel de inyección
directa que menos suena, aunque por su «traqueteo» característico
no puede disimular que se trata de un motor Diesel.
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