Cuatro plazas
muy cómodas y un precio alto
Hemos medido las prestaciones de las dos versiones
disponibles con este motor, la de cambio manual y la de cambio automático,
ambas de cinco velocidades.
La versión con cambio automático (con
convertidor hidráulico de par) tiene unos desarrollos de
transmisión en quinta velocidad mucho más largos que
la versión con cambio manual. El automático tiene
un desarrollo en cuarta velocidad idéntico al desarrollo
en quinta del manual (34,8 km/h), y el de quinta del automático
es 45,3 km/h cada 1000 rpm.
Esto es normal, porque el convertidor sirve para
aumentar el par cuando es necesario; por esa razón un automático
con convertidor de par puede llevar desarrollos más largos
(una caja de cambios es un «convertidor mecánico de
par»).
El Signum 2.2 DIG 16v con cambio automático
no da la sensación de ser un coche tan rápido como
el de cambio manual. Para mantener la velocidad cuando hay cuestas,
es necesario pisar mucho el acelerador o reducir de marcha (o las
dos cosas). La versión manual, en cambio, obtiene buenos
registros en aceleración y recuperación, a pesar de
su elevado peso (eso demuestra que es un motor enérgico).
Según nuestras mediciones, el manual es más
rápido que un Alfa 156 Sport Wagon 2.0 TS o un Ford Mondeo
2.0 con carrocería familiar, pero no llega a la brillantez
de las berlinas con motor turbo de potencia parecida (como un Saab
9-3 1.8 t, un Skoda
Superb 1.8 T o como el rapidísimo Laguna
2.0 T).
En
recuperaciones, las diferencias son todavía más favorables
para la versión manual; el automático ha tardado 18,2
segundos en pasar de 80 a 120 km/h en quinta velocidad, por los
15,0 segundos del manual.
El motor de 2,2 litros con inyección directa
tiene una buena respuesta al acelerador (algo amortiguada con el
cambio automático), un sonido bajo y una gran suavidad.
Me ha gustado el funcionamiento del cambio de marcha automático
«Active Select» del Signum. En casi cualquier circunstancia
cambia a una marcha mayor o más corta con suavidad y sacudiendo
poco a los ocupantes.
También me ha gustado el funcionamiento en modo secuencial,
no por rapidez, sino porque permite un control de las marchas casi
como un cambio manual.
Aunque esté en modo manual, reduce una marcha si el conductor
pisa el interruptor «kick down», y aumenta una marcha
si el régimen del motor llega a 6.500 rpm. En cualquier otro
caso respeta la marcha seleccionada por el conductor, siempre que
quede dentro del margen de funcionamiento del motor. Siempre que
esté pisado el interruptor de «kick down», se
anulan las órdenes que pueda dar el conductor con la palanca.
Otra peculiaridad del modo secuencial es que permite salir desde
parado hasta en cuarta velocidad. No le he encontrado ninguna utilidad,
ni siquiera para acelerar desde parado con la mayor suavidad posible,
pues el cambio automático dispone de un programa de invierno,
que lo hace todavía con más suavidad, y que se acciona
pulsado un botón situado al lado de la rejilla selectora.
Los consumos que hemos obtenido con versión automática
en una conducción más bien ágil han sido algo
altos, aunque es posible conseguir un consumo bajo (o no alto) por
carreteras que permitan una velocidad sostenida.
Así, con la versión automática en un recorrido
de 300 km todos ellos por una autovía con habituales subidas
y bajadas, reducciones de quinta a cuarta, tres plazas ocupadas
y el maletero lleno, a una velocidad media próxima al 80
por ciento de la máxima, gastó 14 litros de media
con el climatizador casi siempre puesto.
También por autovía, a una media exacta de 117 km/h
con dos personas, sin el climatizador y haciendo una conducción
muy suave es posible gastar en torno a 8,0 litros.
En una carretera lenta de montaña sin nada de tráfico
y con el ánimo necesario, puede gastar entorno a unos 20
litros de media. Sólo se puede gastar tanto en una carretera
de este tipo. |