Bien en carretera y mejor en el campo
El Montero 3p me ha parecido más ágil en el
campo que en la carretera, a pesar de que sus neumáticos mixtos
son poco apropiados para circular por zonas trialeras
o caminos con tierra y barro. En carretera tiene una buena estabilidad
y en las vías rápidas transmite una agradable sensación de aplomo.
Sin embargo, en tramos con curvas cerradas, el Montero subvira
mucho. Su elevado peso y la suavidad de las suspensiones son los
probables causantes de tal subviraje, aunque las reacciones son
en todo momento progresivas y fáciles de controlar. No es por tanto
peligroso, simplemente, poco ágil. Tampoco ayuda la dirección, que
tiene un tacto agradable pero está muy desmultiplicada,
resulta lenta (3,6 vueltas de volante) y es poco directa, obligando
a girar mucho al trazar las curvas.
En
carreteras deslizantes o caminos de arena o barro sus movimientos
son más ágiles y obligan al conductor a ser más rápido de reacciones
si se circula rápido, en parte por su corta distancia entre ejes
(2.545 mm ) y también por el menor agarre de los neumáticos mixtos
que equipa de serie (Yokohama Geolandar GO39).
Por el contrario, el Montero 3p 3.2 Di-D está
bien adaptado para afrontar con éxito zonas trialeras, sólo condicionado
por un recorrido algo limitado de la suspensión delantera y por
los neumáticos antes citados. Con cierta habilidad y gracias al
sistema de tracción total Super Select 4WD-II es difícil que nos
quedemos atascados ante algún obstáculo. Si alguna de las ruedas
se queda en el aire, podemos bloquear el diferencial
central y también el posterior para ganar tracción. Su carrocería
de voladizos
pequeños aporta un buen ángulo
de ataque (42°) y
de salida (33,5°). También es destacable el ángulo
ventral (26,5°) gracias a su elevada altura libre desde el suelo
(225 mm).
A pesar de todo, durante una exigente prueba
trialera, la parte trasera tocó el suelo en dos ocasiones. En ambas,
se salieron de su sitio los pilotos que hay encastrados en el paragolpes
y quedaron colgando, aunque se colocan de nuevo con facilidad. La
capacidad de tracción y el recorrido de suspensiones lo he probado
en un pronunciado badén en el cual el cruce
de ejes era extremo. El recorrido de las suspensiones delanteras
sigue siendo algo corto a pesar de que ha aumentado 4 cm respecto
al Montero anterior, mientras que el de las traseras es largo. Aún
así, la dificultad del badén dejaba en el aire dos ruedas (la delantera
derecha y la trasera izquierda). El coche perdía motricidad y no
salía con el diferencial
central bloqueado, pero al bloquear el trasero volvió a ganar
tracción y me permitió sortear el obstáculo con éxito.
El
confort me ha gustado, a excepción del ruido del motor, que no es
insufrible pero sí alto. Las nuevas suspensiones
independientes con muelle
helicoidal (antes tenía barras de torsión como elemento elástico
delantero y el eje trasero era rígido) absorben bien las irregularidades
del terreno, tanto en carretera asfaltada como sobre caminos y aportan
un elevado nivel de comodidad en el interior.
Un elemento a mejorar en el Montero son los
frenos, resulta fácil bloquear las ruedas traseras, con el consiguiente
sobreviraje. Para
evitarlo hay que dosificar bien la frenada (el pedal tiene un excelente
tacto) lo cual nos impide sacar partido a la capacidad que tiene
para frenar, motivo por el que las distancias de frenado han sido
largas en nuestras mediciones (de 120 km/h a 0 en 76 m). Todo esto
hace casi imprescindible el antibloqueo de frenos -opcional en el
GLX y de serie en el resto de las versiones- que además tiene repartidor
de frenada electrónico (EBD).
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