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Bueno por calidad, caro por
prestaciones
La relación entre tamaño y espacio
del Clase C es mala. Donde más falla es en anchura, tanto en
las plazas delanteras como en las traseras. En altura está
dentro de lo normal, que es suficiente para personas altas. El espacio
longitudinal también es algo escaso; delante, la máxima
distancia entre asiento y pedales es inusualmente corta en un coche
alemán (105 cm). Detrás hay poco espacio para las piernas,
pero no tan poco como parece al ver nuestras mediciones, ya que el
respaldo delantero tiene dos rebajes que permiten ganar un par de
centímetros para las rodillas. El túnel de transmisión
es voluminoso.
El
maletero tiene 455 litros de capacidad, está de la mitad
para abajo entre las berlinas de cuatro puertas entre 4,4 y 4,6
metros de largo. Podría ser mayor si la tapa tuviera un sistema
de bisagras moderno, que no ocupan sitio.
El puesto de conducción es bueno en general. Algunos conductores
(yo entre ellos) pueden encontrar una distancia mínima entre
volante y pedales algo larga, que obliga a llevar el volante más
cerca de lo deseable o a inclinar el respaldo más de lo acostumbrado.
El asiento es una de las mejores cosas que tiene
el coche. Tiene el principio característico de Mercedes-Benz de
«duro sobre blando». La parte que está en contacto
con el cuerpo se hunde poco, pero bajo ella hay unos muelles que
aíslan muy bien. Este asiento es caro (resulta más
barato rellenar un asiento de espuma y poco más), pero es
una de las cosas en las que un Mercedes-Benz se distingue de muchos de
sus competidores. El efecto es que el cuerpo está bien sujeto
en las curvas y apenas cansa, porque no transmite mucho las vibraciones
de las ruedas.
La visibilidad es muy buena. Los faros de xenón
que tenía nuestra unidad de pruebas tienen el inconveniente
de que el tránsito entre luz y oscuridad es brusco. Los limpiaparabrisas
barren un área muy amplia, el derecho tiene un eje articulado.
La
instrumentación es muy precisa. Forma parte de ella, como
equipo de serie en todas las versiones, un ordenador donde hay desde
las informaciones normales hasta un termómetro de agua analógico
de luces (el de aguja no está). El ordenador se puede manejar
desde el volante, pero la cantidad de información que trae
es grande, y puede resultar distraído buscar una en concreto.
Otro inconveniente de esta pantalla es que, cuando se atenúa
al mínimo la iluminación del cuadro de instrumentos,
la de esta pantalla no disminuye y resalta demasiado.
La ventilación funciona muy bien. Tiene, de
serie, un climatizador con temperatura independiente para conductor
y pasajero. Para los pasajeros de atrás, además de
salidas de aire balo los asientos delanteros, hay una adicional
regulable y orientable en la prolongación de la consola.
La calidad aparente de este coche es de lo mejor
que hay. El tacto que tienen casi todos los elementos me da una
impresión de solidez que no dan coches de otras marcas. Sin
embargo, la diferencia con coches de otras marcas ya no es tan grande
como antes. Nuestro coche de pruebas tenía 14.000 km al recogerlo
(muchos, dado el mal trato que suelen sufrir estos coches). Su aspecto
era impecable, pero había cosas que no funcionaban bien.
El mando del reóstato de luces, o estaba mal, o era impropio
de un Mercedes-Benz (era impropio de un coreano, a estas alturas). La
guantera central no siempre encajaba correctamente en su alojamiento.
La dirección debía tener algún problema porque,
cuando el motor giraba al ralentí, se podía quedar
sin asistencia.
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