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La suspensión hace que este CLS sea muy cómodo.
Las pequeñas o medias irregularidades del suelo se notan
mucho menos que en la mayoría de los coches de este tamaño.
Hay muchos kilómetros de carril derecho en autovías
que se parecen más a un mapa en relieve que a una carretera.
Sobre esas zonas, el CLS puede circular con cierta comodidad,
algo que es imposible en la mayoría de los coches.
Sobe irregularidades más amplias, como zonas hundidas
(también frecuentes en autovías) o cambios de
rasante, el CLS también es cómodo hasta cierto
límite. Ese límite lo marca la velocidad; si
es normal o baja, no hay problema. Si es alta, puede haber movimientos
de la carrocería demasiado amplios para que siga siendo
cómodo. El balanceo no es grande, pero los movimientos
verticales sí pueden serlo.
Esos movimientos de carrocería distinguen al CLS del
Clase E, un coche que me parece menos cómodo pero más
equilibrado entre estabilidad y confort. Un Clase E puede
entrar fuertemente apoyado
en una curva rápida, pisar alguna irregularidad y responder
mejor que otras berlinas de ese tipo. Un CLS, en las mismas
circunstancias, no se desvía de la trayectoria, pero
tiene movimientos verticales de la carrocería que pueden
inspirar poca confianza.
Los
últimos Clase E que hemos conducido tenían la
opción de suspensión neumática Airmatic
DC; el CLS que hemos probado no tenía esa opción
y ahí está parte de la diferencia. No obstante,
por lo que recuerdo, un Clase E con la suspensión normal
no va tan blando como este CLS. La suspensión opcional
es costosa, pero me parece muy recomendable.
Por lo demás, el CLS es un coche que reacciona como
los que tienen una buena suspensión blanda. No es torpe
porque entra bien en las curvas y porque no abre mucho la
trayectoria cuando ya está dentro de ellas. Sí
tiene los inconvenientes de una carrocería con movimientos
amplios, que puede llegar a coger mucha inercia lateral en
curvas enlazadas.
En condiciones cercanas al límite de adherencia reacciona
bien. Además de que no es excesivamente subvirador,
no responde bruscamente si el conductor acelera demasiado
o demasiado pronto, ni cuando los movimientos de la carrocería
inducen al sobreviraje.
El control de estabilidad funciona muy bien. Hasta donde
es posible, contiene el sobreviraje de manera que apenas se
puede llegar a notar; también frena adecuadamente el
subviraje, aunque aquí el margen de actuación
es menor.
Los frenos con el sistema SBC me parecen magníficos
desde el punto de vista del funcionamiento. Es una pena que
este sistema haya tenido problemas de fiabilidad, que han
requerido correcciones en los coches que estaban en el mercado
(por cuenta de Mercedes-Benz). Con el SBC, el CLS tiene una
potencia de frenada y una resistencia al calentamiento sobresalientes;
hay que someterlo a un trato extremadamente duro para que
advierta de sobrecalentamiento (mediante un testigo en las
instrumentación).
La unidad que hemos probado tenía unos neumáticos
Continental ContiSportContact 2, que en otros casos me han
gustado menos que las primeras Sport Contact. En este caso,
estaban demasiados desgastados para poder hacernos una idea;
el problema no era tanto el desgaste de la banda de rodadura,
sino que los hombros del neumático estaban redondeados.
Eso no es un problema del coche, sino un efecto del uso que
se le ha dado.
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