Espacioso para su tamaño y agradable en ciudad
He conducido la versión que lleva el motor
de 1,3 l y 83 CV, y el cambio automático de variador. Ésta
es la configuración del Jazz que me parece más recomendable
para quien lo vaya a usar principalmente por ciudad. Y, para quien
vaya usar el coche principalmente por carretera, me parece que hay
alternativas mejores que el Jazz.
El cambio tiene una palanca con tres posiciones de marcha hacia
delante: «D», «S» y «L». La
posición D es la más adecuada para casi todo caso;
tiene la ventaja sobre las otras dos de que lleva al coche siempre
en un régimen moderado. El cambio reacciona rápidamente
cuando se demanda mucha aceleración, así que no suele
ser un inconveniente que el motor esté a un régimen
relativamente bajo.
En la posición S el motor gira a un régimen mayor
que en la posición D, a igualdad de velocidad. He llegado
a ver diferencias de casi 1.000, a velocidad sostenida y en llano.
La posición L es la que lleva el motor a un régimen
más alto y tiene la función de máxima retención.
Teóricamente, serviría para descender una pendiente
muy fuerte con el coche a plena carga. Pero para eso es mejor utilizar
el modo manual, que también está disponible.
El modo manual se puede seleccionar en las posiciones D y S con
un botón que hay en el volante. Una vez seleccionado, hay
una palanca solidaria con el volante para reducir marchas (la izquierda)
y otra para aumentarlas. Con esas palancas se puede elegir entre
siete relaciones fijas, siempre que dejen el motor dentro de los
márgenes normales de régimen (un poco más de
ralentí como mínimo y unas 5.700 rpm como máximo).
Aunque
se escoge manualmente una marcha, el cambio pasa automáticamente
a una superior si el motor llega a unas 5.700 rpm (el régimen
de potencia máxima). No es posible, como en otros cambios
automáticos que admiten manejo manual, seleccionar manualmente
una marcha mientras se circula en cualquiera de los modos automáticos;
hay que seleccionar necesariamente el modo manual con el botón
del volante.
Por lo que recuerdo del motor de 1,2 l y 78 CV, no parece que éste
de 83 CV tenga mucha más fuerza y, si tiene más, no
se nota por el hecho de llevar este cambio automático. Según
cifras de Honda, acelera más el 78 CV con cambio manual que
el 83 CV con cambio automático. El peso del cambio con variador,
unos 20 kg más que el manual, también afecta negativamente
a la aceleración.
Para callejear es un coche agradable porque el motor responde bien
al acelerador y porque el cambio escoge el desarrollo adecuado para
salir con rapidez de un semáforo, por ejemplo.
En carretera parece un coche lento, comparado con otros monovolúmenes
de esta potencia. Es algo que sólo sabremos a ciencia cierta
después de hacer las prestaciones, pero la impresión
que da es que hay que pisar mucho el acelerador a menudo para desenvolverse
con agilidad entre un tráfico normal.
La
velocidad máxima es 160 km/h, sólo 5 km/h más
que un Fiat Panda con motor de 60 CV. Que alcance sólo esa
velocidad es lo de menos, lo malo es la reserva de aceleración
que hay a partir de unos 100 km/h.
En consumo sí es mejor que la mayoría de los monovolúmenes
de su tamaño y potencia, como se puede ver en nuestra base
de datos (monovolúmenes
de 3,7 a 4,1 m, con motor de gasolina de 70 a 100 CV, ordenados
según su consumo).
La percepción del ruido en un coche de variador es distinta
a la de un coche con relaciones fijas. Algunas personas creen que
los coches de variador hacen más ruido, generalmente porque
el aumento del régimen del motor al acelerar (y, por tanto,
del ruido) es más rápido que en uno de relaciones
fijas.
También ocurre que, en un coche de variador, el ruido no
es proporcional a la velocidad, como sí ocurre normalmente
en un coche de relaciones fijas (dentro de cada relación,
cuanto más corre más suena el motor).
El Jazz no es un coche particularmente silencioso; antes de subirme
a este Jazz iba en un Renault Modus 1.4 y la diferencia es notable
a favor del Renault. Pero no creo que el ruido que hace el Jazz
llegue a ser molesto, una vez que el conductor se acostumbre a la
particular forma de sonar que tienen los coches de variador.
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