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Un coche muy bueno, con un motor
inconveniente
El Mondeo es un coche de una gran estabilidad.
Tiene al menos tanta agilidad como un Renault Laguna, tolera las
irregularidades del suelo en un fuerte apoyo tan bien como un Citroën
C5 Break y, además, tiene mejor tacto de dirección
que los dos. Es algo más subvirador que un Alfa Romeo 156
Sportwagon (al menos con las ruedas que llevaba, Continental Premium
Contact), pero su dirección es más rápida
(2,8 vueltas entre topes y mucho giro). No reacciona violentamente
si se desacelera en plena curva, como hace el Toyota Avensis Wagon.
Al contrario de lo que ocurre con el Peugeot 406, en el Mondeo apenas
hay diferencias de reacciones entre la berlina y el familiar. Los
movimientos de carrocería están mejor amortiguados
que en coches como el Audi A4 o el Volkswagen Passat.
Como
todos los Mondeo de gasolina (los Diesel no), tiene de serie control
de estabilidad. Funciona bien, aunque creo que el control de tracción
a veces exagera un poco; me queda la duda de si con otras ruedas
sería distinto. Sólo se nota, eso sí, si se
da gas a fondo a la salida de una curva lenta.
Frena bien, pero por el diámetro de disco que tiene, esperaba
más resistencia al calentamiento. En una conducción
muy rápida por sitios con frenadas frecuentes se nota que
pierde eficacia. En conducción normal, sólo se notaría
con el coche muy cargado y en cuesta abajo.
Es también un coche muy cómodo de suspensión
por dos razones: primero, los movimientos de las ruedas afectan
poco a la carrocería; segundo, no tiene demasiado cabeceo
o balanceo. No hace mucho ruido; lo que más suena es el aire,
y sólo a una velocidad muy alta.
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