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Bien en todo pero lento a veces
La estabilidad
es la característica del Focus 1.6 que puede satisfacer a un mayor
número de usuarios: es un coche que puede ir deprisa en carreteras
con muchas curvas (es ágil) y, al mismo tiempo, es cómodo y fácil
de conducir en cualquier circunstancia.
Las ruedas delanteras tienen más capacidad para guiar
al coche que la mayor parte de sus competidores; es menos subvirador.
El eje trasero está muy asentado, pero como un coche relativamente
ágil que es, se puede conseguir un cierto deslizamiento en determinadas
circunstancias (incluso con el control
de estabilidad conectado), característica que pueden apreciar
algunos conductores pero no plantea problemas a ninguno. El control
de estabilidad es opcional y cuesta 1.200 €, que es más del
doble de lo que cuesta en otros modelos similares.
Parte
de estas favorables cualidades dinámicas pueden deberse a que el
Focus tiene un peso más bien bajo (1.152 kg), que es claramente
menos de lo que pesan otros coches más voluminosos y lentos de reacciones
como el Peugeot
307 o el Fiat Stilo, y similar a otros coches también muy estables
como el Renault Mégane Berlina (1.170 Kg).
La dirección es rápida y no hay que girarla mucho
para abordar las curvas y su tacto es firme pero no duro. Todo el
coche responde con prontitud y suavidad, a las reacciones con el
volante pedales y frenos, circunstancias que posibilitan modificar
la trayectoria si es preciso de forma rápida.
Nuestro coche de pruebas tenía llantas de aleación
opcionales con neumáticos Firestone Firehawk Fuel Saver 195/60 R15;
el resultado nos ha parecido mejor que con los neumáticos 205/50
16 que tienen los Focus
TDci RS (Good Year Eagle NTC5 ó Continental Sport Contact).
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