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Sólo para tus ojos

El Z8 permite pasear a cielo descubierto con la máxima suavidad
de motor (no de suspensión), pero también se transformar
en un rabioso deportivo.
Nada más ponerme al volante, la primera referencia que me viene
a la cabeza es su potente hermano pequeño, el BMW Z3 M Roadster
de 321 CV. Comparado con este, el Z8 es más estable y noble de reacciones.
La mayor rigidez del chasis (ni se retuerce, ni cruje) y de las
suspensiones (sobre todo las traseras) aporta más aplomo
y eficacia en las curvas. El Z8 se agarra mucho en los apoyos
fuertes y su estabilidad está al nivel de coches como el Porsche
911.
Tiene control de
estabilidad y tracción (denominado DSC
III por BMW), lo que unido a sus reacciones progresivas facilita
mucho el dominio de sus 400 CV. El DSC está desarrollado de forma
que permite realizar una conducción muy rápida sin llegar a entrar
en funcionamiento, dejando al conductor que disfrute de una conducción
deportiva sin aparentes límites. Sin embargo, cuando el sistema
detecta una pérdida acusada de adherencia por subviraje o sobreviraje,
actúa selectivamente sobre los frenos y el motor para corregir la
trayectoria del vehículo. En condiciones normales, el DSC evita
cualquier desmande del eje trasero, incluso acelerando a tope.
Si
estamos seguros de saber dominar la «caballería»
podemos desconectar el DSC apretando un botón situado en la consola
central. Al hacerlo, no es que el Z8 se vaya de atrás a la mínima
insinuación sobre el acelerador, puesto que su motricidad
es elevada gracias a sus anchos neumáticos 275/40 WR 18. Pero,
cuando sus 400 CV empujan, lo hacen de forma contundente y si no
nos adelantamos a sus reacciones acaban desbocándose. A partir de
ese momento hay que templar el acelerador para que su elevada potencia
no nos dé un susto, sobre todo si el suelo está mojado, situación
en la cual es mejor volver a conectar el DSC o ponerse los «guantes»
para empezar ya a pilotar. Los que tengan «manos» para
controlar las derrapadas del eje trasero se llevarán una
pequeña decepción al comprobar que le falta un diferencial
autoblocante, de forma que con el DSC desconectado
suele perder tracción por la rueda interior.
En conducción muy deportiva, el Z8 tira ligeramente de morro, lo
que facilita la labor al conductor y hace más predecibles sus reacciones
a costa de restarle un punto de eficacia. Sin embargo creo que es
mucho más lo que se gana facilitando la labor al conductor que lo
que se pierde en eficacia a causa de este leve subviraje.
Las carreteras sobre asfalto liso son una gozada en el Z8, pero
la cosa cambia en zonas bacheadas, en donde se producen rebotes
en las suspensiones que hacen saltar al coche y cambian levemente
su trayectoria con cierta facilidad, lo que obliga a realizar una
conducción más atenta y es más exigente. Dicha reacción es
típica de los coches con suspensiones duras en las carreteras
bacheadas.
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