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BMW Z8 Víctor M. Fernández
07-12-00
Primera página Imágenes Mediciones Precio, ficha y equipamiento

Sólo para tus ojos

400 CV para vivir fuertes sensaciones al acelerar y al repostar
El chasis y los neumáticos son especiales en el Z8
Estabilidad y seguridad a la medida de la potencia
Los frenos son potentes pero no aguantan bien el trato duro
Sentados al volante, ¡qué gozada!
Al aire libre en sólo unos segundos

El Z8 permite pasear a cielo descubierto con la máxima suavidad de motor (no de suspensión), pero también se transformar en un rabioso deportivo.

Nada más ponerme al volante, la primera referencia que me viene a la cabeza es su potente hermano pequeño, el BMW Z3 M Roadster de 321 CV. Comparado con este, el Z8 es más estable y noble de reacciones. La mayor rigidez del chasis (ni se retuerce, ni cruje) y de las suspensiones (sobre todo las traseras) aporta más aplomo y eficacia en las curvas. El Z8 se agarra mucho en los apoyos fuertes y su estabilidad está al nivel de coches como el Porsche 911.

Tiene control de estabilidad y tracción (denominado DSC III por BMW), lo que unido a sus reacciones progresivas facilita mucho el dominio de sus 400 CV. El DSC está desarrollado de forma que permite realizar una conducción muy rápida sin llegar a entrar en funcionamiento, dejando al conductor que disfrute de una conducción deportiva sin aparentes límites. Sin embargo, cuando el sistema detecta una pérdida acusada de adherencia por subviraje o sobreviraje, actúa selectivamente sobre los frenos y el motor para corregir la trayectoria del vehículo. En condiciones normales, el DSC evita cualquier desmande del eje trasero, incluso acelerando a tope.

Si estamos seguros de saber dominar la «caballería» podemos desconectar el DSC apretando un botón situado en la consola central. Al hacerlo, no es que el Z8 se vaya de atrás a la mínima insinuación sobre el acelerador, puesto que su motricidad es elevada gracias a sus anchos neumáticos 275/40 WR 18. Pero, cuando sus 400 CV empujan, lo hacen de forma contundente y si no nos adelantamos a sus reacciones acaban desbocándose. A partir de ese momento hay que templar el acelerador para que su elevada potencia no nos dé un susto, sobre todo si el suelo está mojado, situación en la cual es mejor volver a conectar el DSC o ponerse los «guantes» para empezar ya a pilotar. Los que tengan «manos» para controlar las derrapadas del eje trasero se llevarán una pequeña decepción al comprobar que le falta un diferencial autoblocante, de forma que —con el DSC desconectado— suele perder tracción por la rueda interior.

En conducción muy deportiva, el Z8 tira ligeramente de morro, lo que facilita la labor al conductor y hace más predecibles sus reacciones a costa de restarle un punto de eficacia. Sin embargo creo que es mucho más lo que se gana facilitando la labor al conductor que lo que se pierde en eficacia a causa de este leve subviraje.

Las carreteras sobre asfalto liso son una gozada en el Z8, pero la cosa cambia en zonas bacheadas, en donde se producen rebotes en las suspensiones que hacen saltar al coche y cambian levemente su trayectoria con cierta facilidad, lo que obliga a realizar una conducción más atenta y es más exigente. Dicha reacción es típica de los coches con suspensiones duras en las carreteras bacheadas.


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