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Los hay más grandes y más potentes, pero no mejores
El BMW 525d tiene una versión distinta del seis cilindros
Diesel que estrenó el 530d. La principal diferencia de construcción
entre ellos es la cilindrada
(2,5 l en lugar de 3); ambos tienen el mismo sistema de inyección
(conducto común), culata
de cuatro válvulas por cilindro, turbocompresor de geometría
variable controlado electrónicamente e intercooler.
El motor es una de las principales causas por las que el 525d es
tan satisfactorio. Es muy suave, silencioso, destaca entre otros
Diesel por su elasticidad y además tiene mucha
fuerza en régimen alto. Hay muy pocos motores Diesel, y ninguno
de ellos de esta cilindrada y potencia, que lleguen con tanta fuerza
a 4.500 rpm. A causa de ello, el 525d no es de esos Diesel que tienen
un margen de régimen útil muy estrecho, con los que
resulta difícil adelantar. El motor está respaldado
por unos desarrollos
de transmisión muy adecuados a las carreteras españolas;
es relativamente fácil alcanzar la zona roja del cuentarrevoluciones
en quinta velocidad, algo extraordinario en un Diesel de esta clase.
En
nuestra medición de adelantamiento
desde 100 km/h, un coche menos potente y más ligero como
el 206 GTi es casi tan rápido como el 525d. Ahora bien, a
una velocidad superior, la potencia del BMW se impone. Puede ocurrir
que el 525d dé la sensación de ser muy veloz si se
conduce sólo por carreteras rápidas o, por el contrario,
parecerlo menos de lo es que, si se circula principalmente por donde
hay que acelerar desde una velocidad baja. La capacidad de recuperación
es muy buena en cualquier circunstancia, porque la gran elasticidad
del motor y unos desarrollos de transmisión que no son largos
pueden con los 1.575 kg que pesa.
Un coche así no sirve para batir récords de consumo,
aunque sí valdría para récords de consumo a
alta velocidad. En uso normal y normalmente rápido es muy
difícil que pase de 10 l/100 km. Para que lo haga hay que
viajar constantemente por encima del 180 km/h (el 80 por ciento
de la velocidad máxima), o ser un pisapedales.
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