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Mucho más que muchos caballos
El anterior M3 no tenía control
de estabilidad (DSC para BMW) y la suspensión era relativamente
suave, algo que hace a un coche más fácil de conducir (o menos difícil,
según que coche). Este M3 sí tiene control de estabilidad (de
serie) y una suspensión muy poco flexible, que le da más agilidad,
un tacto «deportivo» y lo hace más difícil
de controlar si se circula rápido con el control de estabilidad
desconectado. Aun con esta diferencia en la suspensión, la
seguridad activa del nuevo M3 es muy superior a la del anterior.
Entiendo que un coche es tanto más «deportivo» (una
palabra que no me gusta mucho) cuanto menor es el intervalo entre
las acciones del conductor y las reacciones del coche. Mover el
volante, pisar el freno o desacelerar en curva por ejemplo
produce ciertas reacciones. Si responde de forma rápida y proporcional
a ellas, tiene un tacto «deportivo».
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En toda circunstancia la carretera se siente cerca.
En las rápidas entra en la curva con un movimiento mínimo de volante.
Mantiene la trayectoria muy bien, pero es de los coches que (como
dice Arturo de Andrés) «leen» la carretera: traslada
como movimientos en el volante las irregularidades del suelo. En
curvas rápidas o en rectas a una velocidad alta (en este coche el
80% de la punta es más de 200 km/h), si hay irregularidades, hay
que asir con firmeza el volante. Lo que no hace es desplazarse ni
«saltar» cuando encuentra alguna irregularidad, como
hacen otros coches de suspensión dura y rueda ancha. En carretera
rápida es absurdo quitar el DSC y, si está mojado, una verdadera
temeridad.
En carretera lenta es muy ágil, mucho más de lo que
generalmente son los BMW. Incluso con el suelo ligeramente húmedo
el control de estabilidad deja conducir porque no para excesivamente
al coche. Al menos, lo hace siempre que el conductor no se proponga
como objetivo dejar encendido permanentemente el testigo que indica
cuándo está funcionando; si el conductor no sabe trazar, frenar,
acelerar o cambiar, el DSC entra más en funcionamiento que
si va fino. Quien busque más ir rápido que llevar bien el coche,
tiene el recurso de acelerar a fondo a la salida de las curvas y
dejar que el DSC se encargue de lo demás. Eso sí, quien haga
eso sistemáticamente se dará cuenta pronto de que
el DSC tiene límites; en condiciones desfavorables, puede sobrevirar
ostensiblemente y hace nececario hacer contravolante para indicarle
al sistema por dónde tiene que llevar al coche.
Quien
desconecte el control de estabilidad en una carretera lenta se encuentra
con un coche que lo hace todo muy rápido, para bien y para mal.
El conductor tiene que ser muy suave porque el coche no lo es; con
ese motor, esa suspensión y esas ruedas, no se puede esperar otra
cosa. Un coche con motor central puede ser más violento, pero entre
los de motor delantero hay pocos que reaccionen como el M3 (digo
pocos porque no se me ocurre ninguno, salvo el Mitsubishi Evo).
En las dos fotos de arriba (y más con más detalle
en nuestra galería) se
puede ver la misma curva con y sin control de estabilidad; en esa
situación con tanto sobreviraje el coche no sólo es
mucho más difícil de controlar, también sale más despacio de la
curva a pesar del eficaz diferencial
autoblocante.
Lo único que no tiene de deportivo es el peso: 1.570
kg. El efecto más negativo del peso es la resistencia de los frenos.
Hemos obtenido un buen resultado en nuestra medición de frenada,
aun cuando las pastillas no están en correcto estado. Para quien
sólo exija de los frenos que el coche se pare pronto si aparece
algún obstáculo, serán muy satisfactorios. En cambio, para quien
haga frenadas fuertes y repetidas, se pueden quedar escasos de resistencia.
El M3 tiene cuatro discos más bien grandes, ventilados y perforados.
Las pinzas no están a la misma altura; son flotantes, de hierro
y no muy grandes. A diferencia de lo que hace Porsche, BMW no ha
puesto pastillas que frenen más en caliente que en frío. Es decir,
cree preferible buen tacto en casi toda circunstancia, a costa de
perder eficacia cuando se calientan.
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