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El chasis del M6 es semejante al de un M5 salvo por la distancia
entre ejes (más corta) y por su centro de gravedad
más bajo. Cuesta 115.300 €, es decir, 20.300 €
más que un M5. Es más un cupé de altísimas
prestaciones que un deportivo en lo que todo está supeditado
a la máxima eficacia.
No tiene nada que lo haga particularmente difícil
de conducir, a pesar de su potencia. Es cómodo, fácil
de llevar y no es brusco hasta un cierto punto (ni por reacciones,
ni por motor).
La mayor limitación que hay para el confort es la
dureza que tiene la suspensión (sobre todo en las fases
de compresión), en carreteras que tengan el firme bacheado.
En circunstancias excepcionales, el coche se puede descolocar
ligeramente de la trayectoria si hay un apoyo con asfalto
roto. En este sentido, le pasa como a otros BMW con suspensión
endurecida. Un Mercedes CL es más cómodo en
estos casos y menos sensible al estado del suelo. En carreteras
en buen estado, el nivel de comodidad en las plazas delanteras
no es muy distinto al que se obtiene, por ejemplo, en un Serie
5.
El
motor es potentísimo y tiene un sonido cautivador.
Como otros motores que alcanzan la potencia máxima
a un régimen muy elevado (en este caso son 507 CV a
7.750 rpm), hay que utilizar el cambio de marchas con cierta
frecuencia para conseguir una respuesta acorde a lo que se
espera de un coche así. Quien utilice este coche con
marchas largas y no llegue hasta su límite, los 507
CV le pueden parecer «pocos».
El M6 gana velocidad con una facilidad asombrosa. En cierta
medida no lo parece porque el interior está bien aislado;
se puede llegar a una velocidad muy alta sin ser consciente
de ello. De todas maneras, no empuja en marchas cortas con
la fuerza y violencia con la que lo hacen algunos coches de
planteamiento más deportivo, que tienen menos potencia
pero son más ligeros, como un Porsche
911 Turbo. El Mercedes CL 600 (que tiene un motor V12
biturbo de 500 CV) también puede dar más sensación
de aceleración que el M6.
El conductor tiene una serie de mandos en la consola (imagen).
Sirven para cambiar los parámetros del cambio de marchas
automático (hay once programas; cinco en el modo completamente
automático y seis en modo secuencial), para cambiar
la dureza de la suspensión («EDC»: «confort»,
«normal» y «deportivo») y para seleccionar
la potencia (programa P400; 400 CV ó programa P500-Sport;
507 CV). El «EDC» también cambia el tacto
de la dirección. Hay otro botón en la base del
cambio de marchas que desconecta completamente el control
de estabilidad.
Parte de la presentación a prensa tuvo lugar en el
circuito de Ascari
(Málaga). Monitores de BMW nos comentaron que para
conseguir la mejor relación posible entre eficacia
y seguridad hay que accionar la opción «MDrive».
Esta función se conecta pulsando el botón «M»
del volante (imagen).
Al
activar el «MDrive», se activan automáticamente
los ajustes de máxima potencia, la máxima dureza
de la suspensión y la máxima rapidez posible
del cambio de marchas. El control de estabilidad entra en
un programa más «permisivo» (que es nuevo
en BMW, se denomina «MDynamic») y que sólo
se consigue pulsando la tecla del volante.
Además, el «Head-Up-Display» (en caso
de llevarlo), funciona de una manera distinta: en el parabrisas
se ve reflejado un cuenta revoluciones con tres zonas diferenciadas
por color, un velocímetro y un número que indica
la marcha seleccionada. Cuando el motor llega a un régimen
próximo al del corte de inyección, estos indicadores
comienzan a parpadedar.
En el programa más rápido, los cambios de marchas
se producen velozmente, pero también con brusquedad,
sobre todo al cambiar de marcha a un régimen muy alto
y con el acelerador muy pisado. Con los programas más
lentos, los cambios son mucho más suaves. Aun así,
se nota el cambio de una marcha a otra en forma de ligero
zarandeo; esta caja de cambios no tiene el brillante funcionamiento
de la DSG del grupo Volkswagen.
Parece ser que BMW no está trabajando en una caja
de cambios de este tipo; Porsche sí. La caja SMG del
M6 en posición secuencial no cambia a una marcha más
larga cuando llega al límite de giro, ni cuando se
pisa el acelerador a fondo a una velocidad baja y con una
marcha larga engranada. En modo secuencial, sólo cambia
a una marcha más larga cuando llega al régimen
máximo si se activa el modo «Launch Control».
Pregunté por qué razón los 507 CV no
están disponibles en cualquier momento, sino que hay
que presionar un botón para pasar de 400 a 507 CV.
Me dijeron que con 400 CV es más dócil o fácil
de regular la potencia —por ejemplo— en tráfico
urbano o cuando es necesario desplazarse por un aparcamiento.
Otra razón es que con 400 CV el motor trabaja la mayor
parte del tiempo en Lambda=1 y con los 507 CV no (por tanto,
las emisiones contaminantes son más bajas).
En
circuito, con el ajuste «MDrive», el resultado
dinámico es muy bueno; no lo probé con esa configuración
en carretera. Este ajuste me parece muy interesante, sobre
todo porque el control de estabilidad trabaja en un modo «permisivo»
que no se puede obtener de ninguna otra forma. Se puede conducir
en circuito a un ritmo rápido sin que entre en funcionamiento
con frecuencia, a condición de que el conductor sepa
mover el volante y dosificar el acelerador.
Sólo en curvas muy pronunciadas y a la salida de éstas,
puede entrar en funcionamiento el DSC y limitar momentáneamente
la aceleración. En estos casos concretos, lo más
eficaz puede ser llevar el control de estabilidad completamente
desconectado. Sólamente así, el coche puede
sobrevirar en aceleración con cierta facilidad.
Con el DSC conectado en todo momento en el modo más
«intrusivo», le pasa como a otros BMW, que entra
en funcionamiento en muchas ocasiones sin que realmente parezca
necesario. En circuito, esto se traduce en que es muy fácil
quedarse sin capacidad de aceleración a poco que coche
apoye en las curvas y comience a deslizar ligeramente.
A pesar del techo de fibra y de los paragolpes aligerados
con respecto al resto de la Serie 6, es un coche pesado (1.785
kg), y se mueve como tal. No obstante, en el circuito, el
mayor inconveniente que he encontrado han sido los frenos.
Los coches de la presentación internacional llevaban
unos cuantos días a disposición de otros periodistas.
Los discos estaban alabeados, algo que no es extraño
cuando se le da un uso de este tipo a un coche de calle.
Pregunté
por qué el M6 no puede tener frenos cerámicos.
BMW dijo que pensaron en ellos durante el desarrollo del coche,
pero que desestimaron la idea porque para el cliente tipo
de este coche (que no se dedica a agotar los frenos) ofrecían
más inconvenientes que ventajas (los inconvenientes
son la capacidad de frenado en frío y su dosificación
a baja velocidad). Aun así, dijeron que es probable
que más adelante los coches más potentes de
BMW los tengan o los puedan tener.
El M6 (y el M5) tampoco pueden tener dirección activa.
Siegfried Friedmann (Launch Manager, BMW M), me respondió
con una pregunta «¿Has echado en falta la Dirección
Activa?». Le dije que el circuito no, pero que en ciudad
sería tan valiosa como puede ser en cualquier coche
grande y poco manejable en los giros, como un Serie 5 (un
630i o un 645i sí la pueden tener). Comentó
que la dirección del M6 tiene un engranaje que da una
desmultiplicación distinta (en un rango muy pequeño)
en función de la posición del volante, que no
es comparable a la dirección activa. Tampoco puede
llevar estabilizadoras activas.
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