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De capricho
Un
Audi A2 es un monovolumen de cuatro o cinco plazas, menor que un
Scenic o un Multipla (mide 3,82 de largo y sólo 1,67 mm de
ancho), que se venderá en septiembre por 3.000.000 de pesetas,
con un motor de gasolina de 75 CV. A final de año llegará
un turbodiésel de la misma potencia, cuyo precio puede ser
superior en unas 250.000 ptas.
Comparado con monovolúmenes de tamaño algo mayor
es costoso, principalmente por dos causas: una, es un Audi; dos,
tiene un equipamiento de seguridad muy bueno.
Por tanto, la referencia para el A2 por precio y por tipo de cliente
(no por tamaño) es el Mercedes Clase A. Un A 140 de cuesta 2,8 millones
con un equipamiento y unas prestaciones semejantes.
El A2 también es costoso porque está hecho de aluminio.
Esto no es intrínsecamente bueno o malo; lo valioso es que
sea seguro, duradero, rápido, económico, cómodo
o poco contaminante. Que lo consiga mediante el uso de aluminio
es secundario. Si el resultado es positivo, igual hubiera valido
que estuviera hecho de hojaldre. Las buenas noticias son que, efectivamente,
el resultado es muy positivo.
Audi espera vender en España 4.000 unidades en un año completo,
1.300 en el 2000. La fabricación prevista está entre 60 y 70 mil
unidades/año; no es un modelo de gran volumen de venta. Aunque
pequeño, no es un «Audi popular» en ningún sentido de
la expresión. Más bien al contrario, el A2 está hecho para quien
valore más el prestigio de marca o la innovación tecnológica,
que la relación entre precio y otras variables, como tamaño
o potencia.
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