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Audi sustituye su motor Diesel más potente (275 CV)
que monta en el A8 (prueba
de este modelo), por uno nuevo de 326 CV. Se venderá
con carrocería normal (5.062 mm) o larga (5.181 mm),
con tracción «quattro» (a las cuatro ruedas)
y con el cambio de marchas automático de seis relaciones
«tiptronic». El primero cuesta 90.500 € y
el segundo 96.500 €.
La velocidad máxima sigue siendo la misma que con
el motor anterior, 250 km/h porque está limitada electrónicamente.
El tiempo necesario para alcanzar los 100 km/h desde parado
es ahora 5,9 s en vez de 6,7. El consumo medio ha disminuido
dos décimas hasta 9,4 l/100 km (tabla
comparativa de prestaciones y consumo).
La sensación de empuje que transmite este motor está
acorde con su potencia. Hemos realizado una toma de contacto
en autopistas alemanas, donde no hay límite de velocidad.
Si bien la sensación de empuje es grande, cuando verdaderamente
se nota la potencia del motor es por encima de 200 km/h, por
la facilidad que tiene para seguir acelerando desde ahí
hasta la velocidad máxima.
Sin
una comparación directa es difícil decir si
este A8 es mucho más rápido que otras berlina
Diesel de este tamaño, pero lo cierto es que no hay
ninguna que sea más ligera ni más potente (hasta
la fecha).
Por carreteras de doble sentido y con un tráfico que
obliga a adelantar, el A8 se mueve con agilidad. Como ocurre
con cualquier cambio automático de este tipo (engranajes
planetarios y convertidor hidráulico), es preciso anticipar
un poco la aceleración, pero no es necesario que esa
anticipación sea grande, ni se nota un retraso excesivo
cuando la necesidad de acelerar es súbita.
En cualquier caso, lo que me parece mejor del conjunto de
este motor y esta caja de cambios es que efectivamente funcionan
como un conjunto, hasta el punto de que resulta difícil
juzgarlos por separado. Para el cliente normal, el efecto
al conducirlo es que hay una máquina con una reserva
de aceleración muy grande, que lleva el motor a un
régimen muy bajo cuando es posible y muy alto cuando
es necesario. El uso manual del cambio me parece casi completamente
prescindible en este caso.
El motor es suave y silencioso, pero es Diesel. En la presentación
hemos tenido oportunidad de conducir sucesivamente unidades
del A8 con este motor Diesel y con el nuevo A8
V6 FSI, de gasolina (del que daremos más información
próximamente). Al iniciar la marcha, el ruido que se
siente dentro del habitáculo está muy amortiguado
en ambos casos, pero se puede diferenciar claramente al gasolina
del Diesel por tono y por volumen. En marcha no creo que uno
suene más que otro, pero el V6 de gasolina es más
suave; en el Diesel hay una ligera vibración que se
pude notar en el volante y que no existe en el gasolina.
Un conductor normal no creo que pueda poner reparos al funcionamiento
del nuevo V8 por ruido o vibraciones, entre otras cosas porque
tampoco hay ningún motor Diesel de este tipo que sea
claramente mejor en este sentido. Un conductor muy sensible
a la suavidad y al ruido del motor posiblemente se sentirá
más a gusto un gasolina.
Es un coche cómodo, pero hay que considerar que con
las llantas de mayor diámetro y la suspensión
deportiva pierde comodidad. Con esos elementos, no cabe esperar
que pase sobre irregularidades del suelo sin que lleguen a
los pasajeros, o lleguen muy amortiguadas. Esas suspensión
y esas ruedas dan al coche unas reacciones sorprendentemente
ágiles para algo con su peso y volumen, pero esa agilidad
sólo se pude experimentar si se conducir rápido
por carreteras lentas, en carreteras rápidas, donde
no hay cambios bruscos de dirección, es menos perceptible.
Como
todos los A8 a partir de ahora, este nuevo Diesel tiene el
frontal que antes era característico de la versión
de doce cilindros. También tiene algunos elementos
de equipamiento nuevos en el A8: la iluminación lateral
en cruces (además de las de curva, que ya podía
tener), receptor de radio digital DAB, un sistema de ayuda
al aparcamiento que da información independiente de
cada sensor (algo que me parece muy útil e interesante)
y —a partir de septiembre— un equipo de sonido
Bang & Olufsen.
Opcionalmente y solo para la versión de doce cilindros
se ofrece un equipo de frenos de material compuesto (más
información). He podido probar estos frenos en
un recinto cerrado lo suficiente para que me quede perfectamente
claro que son muy superiores a unos discos de fundición
de hierro. Despues de una serie de frenadas que habrían
disminuido mucho la eficacia de unos frenos normales, y posiblemente
también habrían doblado los discos, los cerámicos
seguían funcionando perfectamente. Lo único
que se puede apreciar es que las frenadas a poca velocidad
y muy suave producen un sonido característico, más
perceptible cuando los discos están calientes. Creo
que este tipo de frenos le hace más falta a una berlina
con este peso y prestaciones que a un deportivo como un Porsche
911 (que tiene unos buenos frenos de serie).
Otras ventajas de los discos de material compuesto es que
duran unas cuatro veces más que los normales (hasta
300.000 km), que desgastan menos las pastillas (según
Audi, pueden durar hasta 80.000 km en uso normal) y —sobre
todo— que mantienen mejor su eficacia durante toda su
vida útil. El A8 con estos frenos no frena más
que el que tiene los discos de serie, cuando están
nuevos (la frenada depende más de la adherencia del
neumático); cuando el equipo de frenos ya tiene un
cierto tiempo, el pcional sigue frenando igual, pero el de
serie no.
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