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El 156 más deportivo,
con 250 CV
Su motor 3.2 V6 de 250 CV es de los que enamoran,
por su fuerza desde bajas vueltas, por su rapidez de respuesta al
acelerar, por su precioso sonido y por su capacidad de aceleración.
Sube su velocidad de giro de forma extraordinaria, tanto, que un
conductor poco habituado a este motor, le puede sorprender a menudo
el corte de encendido (que es a 7.150 rpm) en conducción
muy rápida por curvas. Pero no sólo tiene carácter
a bajo régimen; introduciendo la sexta marcha a 90 km/h es
capaz de ganar velocidad con soltura y sin vibraciones.
Las
prestaciones que anuncia Alfa Romeo son también elevadas:
250 km/h de punta, aceleración de 0 a 100 km/h en 6,3 s y
25,9 s para recorrer 1.000 m con salida parada.
También debe ser impresionante por su consumo:
el homologado en ciclo urbano es de 18,1 litros/100 km y el medio
es de 12,1 l/100 km, más alto que el de un Porsche 911 Carrera
con 320 CV (11,1 l/100 km) o un BMW M3 de 343 CV (11,9 l/100 km).
El coche puede seguir fielmente la trayectoria marcada
por el conductor y la dirección es extremadamente rápida.
Responde muy bien al acelerador en curva, tanto al desacelerar para
cerrar la trayectoria, como al acelerar a la salida de la curva.
En carreteras muy rápidas las reacciones siguen siendo excelentes,
permite circular con total precisión a altas velocidades.
Me ha sorprendido gratamente la suspensión, que aunque
muy firme tiene una relativamente buena capacidad de filtrar
las irregularidades de la carretera.
La dirección del GTA tiene sólo 1,75
vueltas entre topes (como los coches de competición), es
muy rápida y directa, aunque se pueden notar golpes secos
en la columna de dirección al pasar sobre baches. Que tenga
tan pocas vueltas de volante se debe, en parte, a que gira muy poco
(12,1 m de diámetro de giro); da sensación de ser
muy torpe en maniobras.
Los frenos parecen potentes y tienen buen tacto,
aunque tampoco me podido comprobar su verdadera capacidad. Además,
parecen muy resistentes.
Cuando
el asfalto está muy deslizante es fácil perder motricidad.
El control de
tracción (ASR) entra en acción si se aceleraba
a tope y parece funcionar eficazmente, aunque puede restar algo
de aceleración a la salida de la curva. Un conductor que
sepa dosificar bien la potencia irá más rápido
con el control de tracción desconectado, pero con el sistema
en funcionamiento se simplifica mucho la cosa, es mucho más
sencillo y relajado conducir el GTA. En cualquier caso, tengo la
sensación de que la motricidad es buena para ser un coche
con 250 CV sobre el eje delantero. Sobre asfalto con buen agarre
la adherencia es muy buena y sólo entra en funcionamiento
en ASR durante breves instantes, cuando el conductor acelera a fondo
en curvas lentas.
Lo que no tiene es control
de estabilidad. La explicación que me dieron los responsables
de Alfa mejor la obviamos. Sigo pensando que en un coche como este,
rápido y potente, es más que útil y nos puede
sacar de más de un apuro en situaciones imprevistas. Sobre
todo, porque con el Alfa 156 GTA se va muy rápido casi sin
darse cuenta. Intentando buscar una explicación lógica,
al final me he podido enterar de que en Alfa Romeo están
trabajando en un futuro control de estabilidad «inteligente»
que permite realizar una conducción muy deportiva como si
no estuviera, pero que entra en acción cuando detecta que
el conductor está perdiendo el control del vehículo.
El otro elemento que me ha encantado ha sido el cambio
Selespeed de seis marchas combinado con el motor 3.2 V6 (no he podido
probar el manual). El engranaje de las marchas es suave en conducción
tranquila y rapidísimo en conducción a fondo. Hace
automáticamente el punta-tacón
en las reducciones y los cambios se realizan con enorme comodidad
con los pulsadores que hay situados en la parte posterior de su
volante forrado en cuero.
En el interior destaca la excelente sujeción
lateral de sus asientos de tipo bacquet,
muy cómodos y con una banqueta de longitud regulable que
recoge las piernas a la perfección.
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