El Volkswagen Polo resulta satisfactorio de conducir y agradable porque tiene tacto de coche de calidad.
Todas las versiones que hemos conducido hasta el momento tenían suspensión de serie, no la deportiva opcional. Lo hemos conducido con diferentes ruedas: 195/55 R15 85 T (Dunlop SP SPORT 01 A y Bridgestone B250) y 215/45 R16 (Michelin Pilot Exalto).
La sensación que hemos tenido es que con las más anchas el coche tiene mejor tacto de dirección y le cuesta menos entrar en las curvas más cerradas si se conduce a un ritmo elevado, que para la mayor parte de los conductores no será lo habitual.
El Polo con cualquier tipo de rueda es fácil de conducir.
Puede dar la sensación de que es un coche de mayor tamaño por lo bien que va en carreteras rápidas y en buen estado. Además está bien aislado del exterior, tanto acústicamente como de aquellas pequeñas vibraciones que llegan a la carrocería procedentes del motor o de la suspensión.
En carreteras irregulares su estabilidad se deteriora más que la de otros coches. Si mientras se circula por una curva coincide una irregularidad, durante unos instantes la carrocería tiene un movimiento vertical amplio —da la sensación de que rebota— y se puede llegar a apartar de la trayectoria marcada con el volante.
No sabemos si las reacciones mejoran con la suspensión deportiva opcional. En las circunstancias descritas, un Renault Clio tiene mejor capacidad para mantener la trayectoria.
En carreteras muy cerradas el Polo no me parece especialmente ágil —al menos con la suspensión de serie—. Los conductores que busquen un coche «vivo», se sentirán más a gusto en una carretera de montaña con un Alfa Romeo MiTo, un MINI o un Peugeot 207. Un Ford Fiesta o un Mazda2 también pueden ser preferibles en este sentido. En el Polo el intervalo entre que el conductor gira el volante y el coche cambia de trayectoria es mayor.
1.6 TDI 75 CV
Con cualquiera de los motores Diesel (75, 90 y 105 CV), el Polo tiene un funcionamiento mucho más silencioso que con los del modelo precedente (más información). Eran de tres y cuatro cilindros, mientras que los del Polo de 2009 son todos de cuatro.
El motor 1.6 TDI de 75 CV dejó de formar parte de la gama del Polo en junio de 2010, cuando fue sustituido por un 1.2 TDI de 75 CV que consume menos.
Según nuestras mediciones, la aceleración del 1.6 TDI de 75 CV que medimos de 80 a 120 km/h —en la marcha o marchas más adecuadas para conseguir la máxima aceleración— es la propia de un coche de esta potencia (más información). Es escasa para un uso por carreteras en las que sea necesario adelantar en poco espacio. También puede ser insuficiente para mantener 120 km/h en un puerto de montaña de autovía.
La diferencia de potencia que hay entre las versiones de 75 y 90 CV es sensible. Por ello, el más potente es mejor opción si se va a circular por todo tipo de vías y en diferentes condiciones.
A mi juicio, esta versión de 75 CV tampoco es la versión idónea para ciudad porque al salir desde parado recorre el primer metro con agilidad, pero de pronto, el motor tiene mucho menos empuje del que uno espera y parece que al Polo le cueste moverse. Es posible que esto no suceda con el nuevo motor 1.2 TDI de 75 CV.
El Polo 1.6 TDI sí es una opción recomendable por lo poco que consume en cualquier circunstancia. En el recorrido habitual por autovía (400 km, 200 km en cada sentido), gastó 5,8 l/100 km a 126 km/h de media (más información).
1.4 85 CV DSG
Si se lleva el motor hasta su límite en cada marcha esta versión —reemplaza por un 1.2 TSI de 90 CV en enero de 20120— da una capacidad de aceleración ligeramente superior a lal Polo Diesel 1.6 TDI de 75 CV pero la diferencia no es grande. Antes de ver las mediciones de aceleración pensaba que iba a ser más rápido porque la primera respuesta del motor a cada movimiento con el acelerador es muy directa, si bien luego no acelera mucho. Precisamente esa rapidez de respuesta hace que el Polo de gasolina de 86 CV sea más agradable en ciudad que el 1.6 TDI de 75 CV.
El motor 1.4 de 86 CV —la denominación oficial es 85 CV pero en realidad da 86 CV— se puede elegir con cambio manual de seis velocidades o con transmisión automática «DSG» de siete relaciones. La variante con cambio automático es muy satisfactoria por la comodidad de uso que da y porque tiene una marcha extra de desahogo respecto a la de cambio manual.
La ventaja de la séptima relación es que como es tan larga es posible circular a una velocidad elevada con el motor a un régimen bajo y por lo tanto el ruido que llega al interior del habitáculo es más reducido de lo normal en un coche de este tipo, pequeño y con un motor de gasolina poco potente.
Otra ventaja de esta versión automática puede ser el consumo a velocidad sostenida.
En un recorrido que en km77.com usamos como referencia, aunque en este caso la media fue inferior —117 km/n en lugar de 120 km/h—, gastó 6,8 l/100 km (más información). Es más bien poco dadas las circunstancias. La variante del Polo 1.4 85 CV con cambio manual debe gastar más en un recorrido semejante porque el motor funcionaría casi de forma constante a un régimen mayor.
El Polo con cambio «DSG» no lleva levas en el volante para seleccionar marchas de forma manual. El conductor tiene la posibilidad de hacerlo accionando directamente la palanca que hay entre los asientos.
Además, tiene una posición deportiva «S», que mantiene el motor a un régimen más alto que si está en posición «D», que por ejemplo viene bien para bajar un puerto de montaña con cierta retención. Esta caja de cambios es preferible a la que tienen la mayor parte de los coches de este tipo por su rapidez y suavidad de funcionamiento.
1.2 TSI 105 CV
El Polo con el motor de gasolina de 1.2 TSI de 105 CV tiene un rendimiento excepcional. Aunque todavía no lo hemos probado en las condiciones habituales, la sensación que nos dejó durante la presentación es que tiene una fuerza y una capacidad de aceleración poco usual en un coche de gasolina de su potencia y tamaño.
La mayor parte de los vehículos similares tienen motores atmosféricos. Con ellos, para obtener una aceleración grande, hay que utilizar mucho el cambio de marchas y, aun así, no dan la aceleración de este 1.2 TSI. El único modelo de similares características que tiene una respuesta parecida es el Renault Clio 1.2 TCe de 100 CV, que también lleva motor turboalimentado.
Aunque no hemos tenido oportunidad de medir el consumo del Polo 1.2 TSI de 105 CV, en la presentación nos dio la sensación de que para gastar poco combustible hay que conducir con suavidad.
Según datos oficiales, tiene un consumo reducido (5,3 l/100 km). Entre otros coches de tamaño semejante, con motores de entre 90 y 115 CV de potencia, gastan parecido el Toyota Yaris 3p 1.3 VVT-i (5,1 l/100 km) y el MINI One 98 CV (5,4 l/100 km), aunque ambos son de menor tamaño. El Polo es muy superior a ambos por su capacidad de aceleración. |