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El Subaru Legacy es una alternativa a modelos como el Honda
Accord o el Volkswagen
Passat. Está a la venta desde 24.300 euros con carrocería de cuatro puertas (todos los precios) y a partir de 25.800 € con carrocería familiar (todos los precios). También hay una variante preparada para circular ocasionalmente fuera del asfalto, llamada Outback.
Está disponible con cuatro motores de tipo bóxer,
tres de gasolina y uno Diesel. Los primeros son un 2.0R de 150 CV, un 2.5i de 173 CV (que desde marzo de 2009 sustituyó al anterior 2.5i de 165 CV) y un 3.0R de 245 CV. El Diesel es un 2.0 de 150 CV. Todas las versiones tienen tracción a las cuatro ruedas. Este modelo será reemplazado por el Legacy modelo 2010.
El Legacy es un coche confortable para viajar por suspensión
y por ruido, pero no tanto por espacio. En las plazas delanteras
no hay problemas pero, en las traseras de la berlina, falta
anchura si van a viajar tres personas y altura si van a ir
adultos.
Tiene detalles de acabado de calidad sobresaliente. Al Legacy
le ocurre como a otros Subaru (salvo alguno como el Justy),
que sin excesivos adornos, demasiadas concesiones estéticas,
ni materiles lujosos (madera o metal), es un coche que transmite
una impresión de solidez y ajuste muy poco corriente.
Es apropiado para todo aquel que tenga que conducir
habitualmente por carreteras con muchas curvas, porque en
ese entorno es muy estable y seguro. Si, además, el
asfalto está en mal estado o llueve con frecuencia
aún me parece más recomendable frente a otros
como un BMW Serie 3 o un Renault Laguna, porque al Subaru le afectan
menos esas circunstancias.
La versión más asequible con el motor Diesel cuesta 24.300 € y es una de las alternativas más económicas entre las berlinas de su tamaño y potencia (listado ordenado por precio). Modelos como el Alfa Romeo 159, el Saab 9-3 o el Jaguar X-Type que son más caros y están menos equipados que el Legacy (ficha comparativa)
La versión 2.0R (más
información) con cambio manual no nos parece recomendable
porque no puede tener control
de estabilidad; con el cambio automático sí
lo lleva. El resto de las versiones también lo tienen.
Además existe otra versión de gasolina, denominada
3.0R, con un motor de seis cilindros y 265 CV.
La versión Diesel se distingue exteriormente por la
toma de aire en el capó, que sirve para enfriar el
intercooler. En el Legacy, como en otros Subaru con motor
turboalimentado, el intercooler está justo debajo del
capó (lo normal es que esté en la parte frontal
del coche).
El
Legacy 2.0 Boxer Diesel es de los Diesel mas suaves y menos
ruidosos, entre los que están en este nivel de potencia.
Aunque este Legacy tiene el sonido característico de
un motor Diesel, el volumen del ruido no es muy alto incluso
en las circunstancias más desfavorables: en frío,
al acelerar a fondo o al mantener una velocidad constante
alta.
Es también un coche suave; se siente poco las vibraciones
del motor, comparado con otros coches con motor Diesel de
cuatro o cinco cilindros y una cilindrada parecida. No es
el más suave del mercado, sin embargo; en este sentido,
no hay una diferencia definitiva con coches que tienen un
motor de cilindros en línea (el motor de Subaru es
de tipo bóxer, información
técnica).
Otra cualidad notable del Legacy con este motor es su bajo
consumo a pesar del sistema de tracción total (todas
las versiones del Legacy tienen un sistema de tracción
total permanente con un diferencial
central de acoplamiento
viscoso). Hasta ahora, el consumo de combustible de los
Subaru podía suponer un freno para su compra; el Legacy
con motor Diesel gasta poco en términos absolutos y
no más que otras berlinas similares de un sólo
eje motriz.
El empuje que da el Legacy con este motor no es particularmente intenso pero sí uniforme. Sea por el motor, por la transmisión o por las dos cosas lo cierto es que le cuesta un poco iniciar a marcha y, en una rampa, hay que dejar resbalar el embrague más de lo deseable (ocurre en otros coches con motor turbodiésel).
De momento, el Legacy Diesel sólo puede llevar una
caja de cambios con cinco relaciones. Si bien el resultado práctico
en este sentido es bueno, cabe pensar que el consumo sería
aún mejor con una sexta marcha que lleve el motor a
un régimen más bajo.
Entre los elementos de equipamiento que puede tener, de serie
u opcionalmente, el Legacy están los faros de xenón,
el navegador, arranque mediante un botón (en lugar
de la llave de contacto; imagen) o la calefacción en
los asientos. No puede tener conexión Bluetoth, iluminación
en curva, detector de objetos en ángulo muerto, alerta
por cambio involuntario de carril o programador
de velocidad activo.
Se echa en falta que no pueda tener encendido automático
de luces y limpiaparabrisas, un elemento disponible en coches
con un precio mucho menor.
Subaru, que fue una de las primeras marcas en instalar un
dispositivo de ayuda para arrancar en rampa (aunque era un
dispositivo mecánico, no eléctrico como es habitual),
lo ha quitado de este Legacy, cuando ahora se está
volviendo un elemento común en otros fabricantes. Otra
cosa que ha perdido el Legacy en esta versión es la
reductora,
un dispositivo para acortar los desarrollos de transmisión
en todas las marchas. No hacía al coche más
rápido, pero podía ser útil —por
ejemplo— para quien arrastra una caravana. En el Outback
podía ser más provechoso que en las versiones
de carretera.
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