Hemos conducido varias versiones del SEAT León: los
Diesel de 105 y de 140 CV, los gasolina de 125 CV y de 160
CV. También hemos probado los FR (más
información) y el Cupra (más
información).
Hasta la aparición de la versión Ecomotibe, el León con motor Diesel de 105 era satisfactorio desde casi todo
punto de vista; se podía mantener un ritmo de viaje
prácticamente que con el de 140 CV por carreteras donde no fuera precisa mucha aceleración. La versión Ecomotive tiene un motor con menos fuerza y unos desarrollos de transmisión largos (más información).
El Diesel de 140 CV tiene la capacidad de aceleración
que cabe esperar de un turbodiésel de su potencia y
tamaño. Es claramente mejor de lo habitual en las mediciones
de recuperación desde marchas largas (más
información).
Esto
se debe a que tiene unos desarrollos de transmisión
cortos, algo poco frecuente en un coche Diesel. A causa de
estos desarrollos el consumo no es muy bajo en determinadas
circunstancias, pero hacen que sea un coche ruidoso.
Encontramos ventajas e inconvenientes a unos desarrollos
de este tipo. Por una parte, con una sexta de 48,7 km/h la
reserva de aceleración en la marcha más larga
es muy buena. Tanto, que el León recupera velocidad
mejor que otros competidores.
Así, la sexta del León se puede engranar pronto
y sirve para muchas condiciones de utilización distintas.
Aunque a velocidades altas el motor va a un régimen
más bien alto para ser un coche Diesel, el ruido procedente
del motor no es elevado. También es un coche relativamente
silencioso por aerodinámica.
El consumo sí puede salir desfavorecido en determinadas
circunstancias; por ejemplo a velocidades altas sostenidas
durante mucho tiempo. Obtuvimos un consumo de 7,3 l cada 100
km/h por autovía y carretera de doble sentido haciendo
una media real de 130 km/h.
Al acelerar en marchas cortas se nota aspereza y un sonido
claro a motor Diesel. El nuevo motor del grupo Volkswagen,
también con 2,0 y 140 CV, es más suave y menos
ruidoso que éste.
Con el motor de gasolina de 1,4 l y 125 CV, el León
es una de las mejores alternativas del mercado. El León
con este motor es un coche suave y agradable, con una respuesta
intensa en cualquier marcha. Su aceleración es mucho
mayor que la que cabe esperar de coches de 125 CV; de hecho,
es mucho más rápido que modelos con motor atmosférico
de 1,6 ó 1,8 l de cilindrada, como el Honda Civic de
140 CV, el Opel Astra de 140 CV, el Peugeot 308 de 120 CV
o el Subaru Impreza de 150 CV, entre otros muchos. De hecho,
su aceleración hasta 120 km/h no es mucho menos que
la de un BMW 120i de 170 CV.
Según
nuestras mediciones,
este León acelera prácticamente lo mismo que
el Volkswagen Golf con este motor de 80 a 120 km/h. En la
recuperación
en ese intervalo de velocidad, en cambio, es tanto más
lento cuanto más larga sea la marcha. Posiblemente
la diferencia se debe a que el León peso unos 120 kg
más que el Golf de tres puertas que hemos medido.
No cabe esperar que el consumo sea el de un coche con motor
de 1,4 l de cilindrada, sino más bien el de uno que
pueda dar la aceleración de este motor. Es posible
pero no fácil gastar menos de 9 l/100 km en conducción
normal por carretera y ciudad. Si se aprovecha al máximo
y con frecuencia su capacidad de aceleración, llega
a 17 l/100 km.
La respuesta del León con el motor de 160 CV es muy
suave y muy enérgica en cualquier régimen, más
que con el motor de 140 CV. A diferencia de otros motores
con turbocompresor (de gasolina o Diesel), el de este León
tiene mucha fuerza ya con poca carga y a un régimen
bajo. Actualmente, lo mejores motores de gasolina en este
margen de potencia tienen inyección directa y turbocompresor.
Debido a ello es muy agradable en ciudad: sale muy bien de
los semáforos, arrancas rampas de aparcamiento empinadas
sin apenas hacer resbalar el embrague y permite circular en
marchas largas; hay pocos coches en los que se puedan doblar
esquinas en tercera a baja velocidad (y sin pisar el embrague,
claro).
En carretera esa fuerza que tiene el motor a bajo régimen
permite circular a un ritmo alto en marchas muy largas, incluso
en carreteras lentas. Como es natural, si es precisa toda
la aceleración del coche hay que reducir de marcha,
pero en un viaje largo pocas veces será necesario,
salvo que sea preciso hacer adelantamientos frecuentemente
(y en algunos casos también se podrá hacer en
marchas largas).
Según
se puede comprobar en nuestras mediciones, en la aceleración
de 80 a 120 km/h el León con este motor es de los más
rápidos de su potencia, sólo lo supera claramente
el Golf 1.4 TSI de 170 CV. También es de los que más
gastan. El consumo mínimo que hemos obtenido en circulación
normal por carretera ha sido 8,2 l/100 km. En ciudad o en
recorrido a un ritmo rápido, es normal pasar de 10
l/100 km.
Desde el punto de vista dinámico es un coche muy
interesante, sobre todo por estabilidad. Es seguro como otros
muchos coches modernos (si tiene instalada la opción
de control de estabilidad), pero lo que le distingue de la
mayoría son sus reacciones: es indicado para aquellos
conductores que aprecien un buen tacto de conducción
y unas reacciones que se pueden calificar, hasta cierto punto,
de deportivas.
El tacto del León es muy semejante al del Altea.
Parece que se inclina menos en las curvas, quizá por
su menor altura, porque el asiento va más bajo o por
los ajustes de la suspensión.
El Altea no se descoloca cuando hay fuertes cambios de apoyo
(en curvas enlazadas o en bruscos cambios de carril), como
le puede ocurrir a otros monovolúmenes, y el León
tampoco lo hace. Las ruedas con las que hemos probado los
dos Altea
Diesel son las mismas que tenía el León,
unas Michelin Energy de medidas 205/55 16.
El nivel de agarre que tiene el León es muy alto.
También es un coche ágil, en el sentido de que
cambia fácilmente de dirección. Creo que esto
es más apreciable en el León
TFSI de 185 CV que hemos conducido que en los dos Diesel.
Entra
muy bien en las curvas más lentas cuando los apoyos
son muy forzados. Es de esos coches donde hay una relación
directa entre las acciones del conductor y las reacciones
del coche. Por su forma de moverse recuerda en cierto modo
al Ford Focus.
Es un coche más bien duro de suspensión en
cualquier caso, más si tiene la suspensión rebajada
(versiones «Sport-up»). Con la suspensión
más flexible no es tan cómodo como otros modelos
(un Citroën C4 o un Ford Focus), pero tampoco nos parece
que sea desaconsejable en este sentido.
Tiene el punto de dureza justo para que la carrocería no
tenga movimientos amplios de balanceo o cabeceo (como por
ejemplo ocurre en un Fiat Bravo o en un Renault Mégane).
La suspensión deportiva, aunque dura, no es seca. Contiene
mejor los movimientos amplios de la carrocería. Además,
le da un mejor tacto de conducción. En todo caso, quien
pretenda un cierto confort, mejor que no escoja la suspensión
rebajada.
El control de estabilidad tiene una función que consiste
en variar la asistencia de la dirección para indicar
al conductor en qué sentido debe girar (más
información); esta función nos ha resultado
imperceptible. Quizá sea preciso un sobreviraje muy
fuerte (que no he provocado) para que se llegue a notar, o
bien es posible que su utilidad quede de manifiesto cuando
se frena en línea recta con las ruedas de un lado sobre
una superficie mucho más adherente que las del otro.
En todo caso, el par que hace el volante cuando esta función
entra en funcionamiento solo sirve para indicar al conductor
hacia dónde debe girar, pero no ese suficiente para
efectuar un giro por sí mismo. Para que el sistema
llegara a «hacer contravolante» por sí
sólo, el conductor tendría que soltar el volante.
|