El SEAT León es amplio en todas las dimensiones necesarias
para que cuatro pasajeros viajen con comodidad. Como es más
bien estrecho en las plazas traseras, cinco ocupantes adultos
no van cómodos.
El espacio en las plazas delanteras es bastante para que
una persona alta pueda conducir a gusto. Además de
la altura y el recorrido del asiento disponibles, el volante
tiene amplios ajustes longitudinales y verticales. Atrás
también hay espacio para que dos personas viajen cómodamente;
la forma del asiento central lo hace cómodo, pero la
anchura disponible es escasa. La altura es considerable, pero
se puede echar en falta más espacio entre la cabeza
(a la altura de la sien) y el marco de la ventanilla trasera.
Tiene
algunos materiales con mejor aspecto que el Altea o el Toledo.
En conjunto, da una positiva de solidez y no tiene un acabado
vistoso.
Hay versiones en las que casi todo el salpicadero está
hecho con un plástico laminado de tacto blando. Del
salpicadero, lo único que no está hecho con
este material es un trozo de plástico duro que se prolonga
hasta la base de la luneta (es el lugar más expuesto
al sol), y la parte central donde están los mandos,
que es de un plástico duro con un acabado que le da
buen aspecto.
Otros plásticos, como los de la consola, son duros
pero tienen un tratamiento superficial para que no reflejen
mucho la luz y para que no sean excesivamente resbaladizos
al tacto.
Puede dar peor impresión de calidad que un Opel Astra
o que un Citroën C4, pero no que un Ford Focus. Los plásticos
que recubren el interior del León ajustan bien entre
sí y no hay defectos de acabado. Lo que ocurre es que
ciertos elementos, como la parte central del salpicadero,
tienen un aspecto y un diseño que parece pobre.
La base del parabrisas está lejos; no hay ningún
modelo de SEAT y muy pocos turismos en el mercado que tengan
un parabrisas tan inclinado. Uno de los efectos que tiene
esto al conducir es que el marco del parabrisas, que es grueso
y largo, puede molestar en curvas cerradas a izquierda, o
en cruces; es algo que ocurre en algunos monovolúmenes.
Como también suele ocurrir en los monovolúmenes,
el pequeño cristal que hay entre el parabrisas y la
ventanilla no tiene ninguna utilidad práctica.
El
León es uno de esos casos poco frecuentes en los que
no es necesario adquirir las versiones más costosas
de una gama para tener unos buenos asientos o un buen volante.
El asiento va más cerca del suelo que en un Altea,
pero tampoco mucho. Con el asiento del conductor en la posición
más baja, las puertas quedan altas con respecto al
cuerpo. En general, el conductor puede tener la sensación
de que hay mucha chapa alrededor, sensación que se
ve reforzada por el hecho de que la superficie lateral acristalada
es más bien pequeña.
Sentado en las plazas delanteras, en ningún caso
se ve el final de la parte delantera. La visibilidad hacia
atrás es normalmente buena, pero en tres cuartos traseros
queda algo mermada por el grueso montante.
Los asientos son muy cómodos por la dureza y distribución
de la espuma que utiliza, por sus dimensiones (tienen una
banqueta relativamente larga) y por la sujeción lateral
que dan. Estos asientos los tienen de serie las versiones
«Reference» y «Stylance» (con diferencias
en el tapizado).
Los «Sport Limited» y los «Sport-up»
tienen unos asientos con unos laterales prominentes y un contorno
más envolvente, que dan una sujeción lateral
muy buena. No obstante, algunos ocupantes delanteros pueden
notar una ligera falta de apoyo para la zona dorsal de la
espalda. Como es normal, el conductor lo nota menos porque
tiene más lugares donde agarrarse.
Según la postura que adopte el conductor, la consola
puede resultar molesta si apoya ahí la pierna en curvas
a izquierdas. Depende del ángulo en que ponga la pierna:
no notará nada si la lleva un poco abierta y sí
si la lleva más bien paralela a la dirección
de la marcha.
La instrumentación está distribuida de una
forma semejante a la del Altea y Toledo, aunque no es exactamente
igual. Detrás del volante hay tres esferas; la de la
derecha es el velocímetro, la central el cuenta revoluciones
y en la de la izquierda van los indicadores analógicos
de combustible y temperatura del líquido refrigerante.
Nos
parece que se puede leer mejor esta instrumentación
que la del Altea o el Toledo
pero, aún así, creo que una normal, con todos
los instrumentos agrupados en el mismo espacio y en el mismo
plano, es mejor. El hecho de destacar el cuentarrevoluciones
es un detalle «deportivo».
El navegador que puede llevar opcionalmente desde noviembre
de 2007 es mucho más fácil de manejar que el
anterior. La pantalla táctil permite introducir las
direcciones o seleccionar los destinos de una lista en menos
tiempo y de manera más intuitiva que en el anterior,
que tenía una rueda para seleccionar las letras.
Los mapas se cargan en el sistema mediante un DVD, pero quedan
almacenados en un disco duro de 30 GB. Después de cargarlo,
se puede sacar el disco y usar el lector para reproducir música.
El problema es que no es un navegador preciso; cuando dice
«gire ahora», puede ser efectivamente en ese momento
o con un margen de unos 20 m antes o después. En ciudad
puede ser desconcertante si dice «gire ahora»
cuando aún no hay que hacerlo o cuando ya no es posible.
Otro inconveniente de este navegador es que la pantalla queda
demasiado baja y, para algunos condudoctores, parcialmente
oculta por el brazo.
El pedal del acelerador está articulado en el suelo
(como en otros coches que tienen esta plataforma), en lugar
de ir colgado. El apoyo para el pie izquierdo es grande y
sólido.
El maletero tiene 341 l de volumen, que es un dato normal.
Tiene una forma muy regular y aprovechable. Para cargar cosas
pesadas tiene el inconveniente de que hay una escalón
muy grande entre borde del maletero y el fondo de carga. Tiene
cuatro argollas metálicas, pero le faltan ganchos para
colgar bolsas u otros objetos. |