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Con un 207 RC se puede entrar en una curva tan rápidamente
o más que con algún modelo más ágil,
como el anterior 206 RC. La agilidad, entendida como facilidad
para cambiar de trayectoria, es mayor en un Corsa OPC o en
un Clio Sport que en un 207 RC. Esto es así porque
cualquiera de esos dos modelos es más sensible a la
deceleración en curva; el 207 no es de esos coches
en los que resulta fácil conducir con el acelerador.
Ahora bien, aunque menos sensible a la deceleración
en curva, un 207 RC tiene una respuesta al volante más
rápida y precisa que un Corsa OPC, por ejemplo. En
el Corsa, entre el giro del volante y el cambio de trayectoria
hay un movimiento de carrocería que en el 207 RC es
mucho menor. Sea por la suspensión, por las ruedas
o por una combinación de ambas cosas, el cabeceo, el
balanceo y la deriva que se sienten al girar son menores en
el 207 RC que en otros modelos de este tipo.
La contrapartida es que, sobre un pavimento muy irregular,
con el 207 RC es más fácil perder la trayectoria
porque absorbe peor los baches. Un MINI Cooper S, sobre todo
con las ruedas de serie (195/55 16), conjuga precisión,
agilidad y capacidad para absorber baches mejor que el Corsa,
el 207 o el Clio.
Con
un 205 GTI, al frenar fuerte por una carretera bacheada, algunas
veces daba la impresión de que era posible abandonar
la línea recta antes de empezar a girar el volante,
sólo con pensarlo.
Con un 206 RC pasaba algo parecido, aunque la diferencia
de seguridad activa con relación al 205 GTI era formidable.
Un 207 RC es un coche distinto, que se disfruta más
cuando la trazada es previsible y hace menos falta improvisar.
Su capacidad de tracción es buena. Al acelerar en
curvas lentas, se nota que el volante tira hacia el interior.
Es algo que también ocurre en el MINI Cooper S y que
es difícil de evitar cuando un coche de tracción
delantera tiene un motor que hace tanta fuerza.
Con respecto a cualquier otro 207, el control de estabilidad
del 207 RC (Teves Mk60) tiene dos diferencias. Se puede desconectar
a cualquier velocidad (cuando se hace, se pierden también
las funciones del control de tracción y del servofreno
de emergencia). Además, tiene una función
que hace cierta fuerza en la dirección, para ayudar
al conductor a girar en el sentido adecuado en caso de que
—por ejemplo— las ruedas de un lado frenen sobre
una superficie adherente y las del otro lado sobre una resbaladiza.
Peugeot denomina este sistema «SSP» (Steering
Stability Program).
Lo que no parece tener un ajuste específico, y buena
falta que hace, es el servofreno de emergencia. En un coche
donde presumiblemente se apura la frenada con cierta frecuencia
(o con cierta necesidad, aunque no sea frecuente), acaba resultando
muy desagradable tener que empezar a frenar con cuidado para
que no entre en funcionamiento el servofreno de emergencia.
Para que la frenada sea buena, siempre que sea posible, la
presión sobre el pedal tiene que ir de más a
menos (tanta más presión cuanto más rápido
vaya el coche). Hacerlo así implica pisar el pedal
rápidamente, cosa que no se puede hacer sin riesgo
de que el servofreno de emergencia (que, además de
intervenir en la frenada, enciende los intermitentes de emergencia).
La
potencia de los frenos está a la altura de lo deseable
en un coche de este tipo. La resistencia al calentamiento
es algo menor de lo deseable, auque más que suficiente
para una conducción normalmente rápida. Al tacto
de los frenos le iría bien un poco más de mordiente.
Unos frenos realmente buenos pueden ser más decisivos
que un motor muy potente si se trata de ir rápidamente por
una carretera de montaña. De hecho, si tomamos los
deportivos de este tamaño con más de 160 CV,
no hay una diferencia en aceleración que resulte determinante
en una carretera de montaña.
La única excepción es el MINI Cooper S, que
acelera claramente más que otros deportivos de este
tipo y, además, tienen una respuesta del motor mucho
más enérgica a cualquier régimen. En
otros modelos, incluido el 207 RC, puede dar la impresión
de que no existe la marcha adecuada (al salir de algunas curva,
por ejemplo, la segunda es corta y la tercera larga). En el
MINI Cooper, que tiene prácticamente los mismos desarrollos
de transmisión que el 207 RC, no da esa impresión.
Si eso se nota en el 207 RC, además de por la diferencia
que hay de motor, es por lo mal escogidos que están
los desarrollos de transmisión. Que tenga cinco marchas
(la caja se denomina BE4/5T) en vez de seis es parte del problema,
pero no todo. Las tres primeras marchas son largas (ficha
comparativa con otros modelos). Que lo sea la primera
sólo se nota en ciudad, porque le cuesta salir desde
parado. En segunda llega a 100 km/h y, en tercera, a 135 km/h;
si esas dos marchas fueran más cortas —con el
mismo salto entre ellas— el coche saldría mejor
de curvas lentas.
En un margen de velocidad suficientemente grande para ser
representativo (por ejemplo, de 80 a 120 km/h), una diferencia
normal en los desarrollos no afecta a la aceleración.
Es decir, el 207 RC no sería más rápido
con unos desarrollos más cortos en las tres primeras
marchas. La ventaja de unos desarrollos más cortos
en este caso es que el coche sería más fácil
de conducir por una carretera donde las curvas se deben tomar
entre 40 y 80 km/h.
Lo
curioso es que las primeras marchas son largas y las últimas
son cortas. La velocidad máxima del 207 RC está
limitada por el desarrollo en quinta: 220 km/h a 6.615 rpm
(ya en la zona roja del cuentarrevoluciones), cuando el régimen
de potencia máxima es 6.000 rpm.
Dado que éste es un coche más para carreteras lentas
que rápidas y que, en cualquiera de ellas, la aceleración
en quinta no afecta al ritmo de viaje, una quinta tan corta
me parece un error.
Los efectos de una relación final corta no son excesivamente
negativos en este caso. Por un lado, el ruido del motor es
menos perceptible que el de rodadura y el aerodinámico;
el 207 RC es un coche incómodo en viajes por el ruido,
pero no por el ruido del motor. Por otro lado, el consumo
a velocidad constante es bajo; más lo sería
con un desarrollo más largo, pero no es un inconveniente
porque gasta poco.
A la velocidad máxima legal en España se puede
hacer un viaje con un consumo cercano a 7 l/100 km, siempre
que el tráfico sea fluido y el conductor no haga aceleraciones
innecesarias. En una carretera de doble sentido, a ritmo rápido
pero sin emplear mucho toda la capacidad de aceleración
del coche, ha gastado 9,5 l/100 km. En una carretera de montaña
ya a un ritmo fuerte el consumo ha subido a 13,5 l/100 km.
El consumo máximo que hemos medido (donde el objetivo
tampoco era gastar lo máximo posible), ha sido 19,2 l/100
km; hicimos el recorrido junto con un Corsa OPC que, en las
mismas condiciones, gastó más de 22 l/100 km.
El ordenador del 207 RC tiene un error por defecto, al consumo
que indica hay hay que sumar entre un cuatro y un cinco por
ciento.
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