Nissan ha hecho un vehículo excepcional por la contundencia de la respuesta de su motor, por la capacidad de frenada y de tracción y por la adherencia y agilidad en trazados sinuosos. Por estas variables está, por lo menos, al nivel de los mejores súperdeportivos que conozco (el Porche 911 Turbo y el Audi R8 5.2 FSI V10 quattro (el Audi R8 4.2 FSI de 420 CV cilindros no está a la altura del Nissan GT-R). No he conducido un Porsche GT2, probablemente mucho más difícil de conducir que el GT-R, ni ningún Lamborghini.
El GT-R es pesado (1.815 kg), pero no lo parece por su facilidad para entrar en las curvas y para cambiar de dirección a voluntad del conductor. El peso tampoco se nota en su capacidad de aceleración -que es extraordinaria- ni en la resistencia de sus frenos a un uso intenso (no son infalibles, pero casi). Además es relativamente fácil de conducir, al menos en una conducción moderadamente rápida; para aproximarse a su límite hay que rodar en un circuito y tener grandes dotes de pilotaje.
Respecto a su precio, sólo se puede decir que es muy barato para sus cualidades; está a la venta desde 85.300 € (todos los precios). Un Chevrolet Corvette Z06 de 513 CV cuesta 103.350 €; el BMW M6 Coupé 126.700€, el Audi R8 5.2 FSI V10 quattro 157.900€ y el Porsche 911 Turbo 158.300 €.
Su carrocería es sorprendentemente funcional para tratarse de un deportivo de estas características. Tiene dos plazas delanteras espaciosas (las de atrás son prácticamente inservibles) y un puesto de conducción con todo a mano, aunque no todo es fácil de manejar; por ejemplo, la pantalla táctil del salpicadero. El acceso al interior del GT-R es más cómodo que en la mayoría de cupés, donde los asientos van muy cerca del suelo. Una vez a sus mandos es relativamente fácil controlar dónde acaba la carrocería porque la visibilidad es correcta en todas las direcciones. Otra diferencia con algunos vehículos de este tipo es que el GT-R no necesita un espacio excesivo para maniobrar.
He encontrado dos inconvenientes para una utilización cotidiana; el primero es que es muy ruidoso (las dos principales fuentes de ruido son de rodadura y del motor); segundo; tiene un cambio de marchas automático cuyo funcionamiento dificulta maniobrar con suavidad (normalmente sale desde parado con pequeños trompicones, incluso dosificando el acelerador con suavidad). Otro posible inconveniente es que su consumo de combustible es tan elevado que, en una utilización intensa, la autonomía es inferior a 200 km.
El GT-R se vende en España en cinco concesionarios de Nissan, denominados «Centros Nissan de Alto rendimiento»; están en Madrid, Barcelona, Valencia, Marbella y las Palmas de Gran Canarias. Según Nissan, estos concesionarios «tienen la formación técnica y de venta especializada para que su personal pueda ofrecer el nivel de atención e información que un coche como éste requiere, al igual que el equipo de taller necesario para mantener y reparar el GT-R».
Las unidades que se comenzaron a entregar en marzo de 2009 tenían 480 CV de potencia. Los pedidos realizados desde abril de 2009, son de 485 CV y se entregarán a los clientes a mediados de 2.010.
El actual GT-R es un modelo específico; su carrocería no deriva de la de ninguna berlina o coupé
ya existente.
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