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El Mitsubishi Outlander es un todo terreno ligero con carrocería
de cinco puertas que mide 4,64 m de longitud. Da buen resultado
en carretera y en caminos que no tengan un firme muy irregular.
No destaca por su amplitud para pasajeros, ni por la calidad
de algunos detalles.
Desde septiembre de 2008 está disponible con tres
motores: dos Diesel y uno de gasolina (todas
las versiones). De los tres, el que me parece más
recomendable es el Diesel de 156 CV. Tiene el inconveniente
de que sólo está disponible con el equipamiento
más abundante y cuesta 39.600 €, 3.500 más
que la versión más costosa del Diesel de 140
CV.
El Citroën
C-Crosser y el Peugeot 4007
comparten la estructura y ciertos elementos mecánicos
con el Outlander (no el motor Diesel de 140 CV). Otras alternativas
al Outlander son el Chevrolet
Captiva, el Hyundai
Santa Fe, el Honda
CR-V o el BMW
X3, entre otros.
El
motor de 2,2 l y 156 CV me parece preferible al de 140 CV
y no por la diferencia de potencia, sino porque es más
silencioso, más suave y por la fuerza que tiene en
un régimen muy bajo.
Esta última característica lo hace mucho más
cómodo en ciudad, porque sale mejor de los semáforos,
y en campo, donde tiene una respuesta muy buena aunque se
circule en marchas largas a poca velocidad. Donde conviene
ir en marchas largas (en un camino resbaladizo), con este
Outlander se puede ir en tercera donde con otros coches sería
precisa la segunda (entre ellos, el de 140 CV).
Otra ventaja del Outlander con el motor Diesel más
potente es que hace mucho menos ruido que el de 140 CV. Por
una parte, el ruido del motor es menor de por sí (no
hay diferencia en el aislamiento). Por otra, los desarrollos
de transmisión más largos; a 120 km/h en sexta
velocidad, el motor del 140 CV gira a más de 2.500
rpm; el de 156 lo hace a menos de 2.300 rpm.
Además del precio, un inconveniente de la versión
de 156 CV es que —por tener el equipamiento más
abundante— lleva de serie las llantas de 18" (con
neumáticos 225/55). Incluso con esas ruedas es cómodo,
pero estaría mejor equipado para circular por caminos
con más perfil de neumático y una llanta de menor diámetro.
Precisamente su capacidad para circular por caminos no muy
bacheados lo distingue de otros modelos de este tipo, principalmente
a causa de la eficacia del sistema de tracción. En
cambio, hay otros modelos mejor preparados para zonas de firme
irregular (los que tienen más altura libre, el Outlander
tiene 178 mm) o fuertes pendientes (los que tienen reductora o un
sistema de control de descensos).
Para
circular fuera de carretera se puede seleccionar el modo de
tracción total normal o el modo «Lock».
El primero es suficiente para condiciones normales, incluidas
las zonas de barro donde la rueda no se hunda ni haya rampas
empinadas. El segundo es adecuado para esos casos y se desconecta
automáticamente a partir de 40 km/h (información
técnica sobre el sistema de tracción total).
En carretera, el Outlander es satisfactorio para quien no
espere que vaya como un turismo normal. Comparado con otros
vehículos de este tipo, tiene buen tacto y responde
bien a las indicaciones del volante; en carreteras lentas
incluso puede parecer un coche ágil. Lo que no tiene
es una adherencia muy alta, que se debe más al tipo
de neumáticos que a cualquier otro factor (tiene unas
ruedas que están pensadas para que rueden ocasionalmente
fuera de carretera).
Su altura y peso normalmente no son un obstáculo para la estabilidad; en condiciones extraordinarias,
o si se cometen errores al conducir, sí puede
reaccionar peor que un turismo o
un buen monovolumen.
Todas las versiones tienen control
de estabilidad, tracción total conectable, seis
airbags, lector de discos de formato MP3, ordenador de viaje,
climatizador y automatismos para la conexión de luces
y limpiaparabrisas.
Las versiones más equipadas, además, tienen faros de xenón, sistema de acceso y arranque sin llaves, asiento de conductor eléctrico, tapicería de cuero y llantas de 18”.
En la carrocería del Outlander hay soluciones que hacen más cómodo su uso. El portón se puede abrir en dos mitades, una hacia arriba y un porción más pequeña hacia abajo. Esto favorece que el plano de carga del maletero esté más bien bajo (60 cm) y, además, la mitad inferior del portón puede servir como una mesita auxiliar (aguanta hasta 200 kg).
Otro
elemento interesante que tienen todos los Outlander es un
mecanismo eléctrico que, actuando sobre dos mandos
que hay en el maletero, abate los respaldos y bascula todo
el asiento hacia delante.
Para que el sistema funcione correctamente, una de las dos
puertas traseras tiene que estar abierta (como medida de seguridad)
y, generalmente, los asientos del conductor y acompañante
no pueden estar en la posición más retrasada
posible (porque si no, los traseros rozan contra los delanteros
al abatirlos). Para volverlos a colocar en su sitio hay que
hacerlo a mano.
Este sistema sirve para ampliar cómodamente el volumen del maletero y, por otra parte, favorece el acceso a la tercera fila de asientos (a partir de las versiones «Intense Plus»), imagen.
Esta tercera fila de asientos tiene una apariencia pobre (no tienen casi mullido; prácticamente son una tela tensada alrededor de una estructura de metal) y apenas hay sitio para niños que ya no necesiten ir con sillita (que no cabe). Cuando esta fila se oculta (lo que requiere cierta fuerza), queda completamente enrasada en el maletero.
Las plazas delanteras son las mejores del coche. Los asientos tienen un mullido
blando que no será del gusto del todo el mundo, pero
sujetan suficientemente bien el cuerpo de los ocupantes. La
posición de conducción es cómoda, aunque
se echa en falta que el volante tenga doble ajuste (sólo
tiene en altura).
Los asientos traseros (o de la segunda fila, si está instalada la tercera) tienen una banqueta y un respaldo prácticamente planos, que no sujeta nada el cuerpo. Aunque la carrocería no es estrecha, la configuración de la banqueta trasera es incómoda para tres ocupantes; lo que no tiene en cualquier caso es mucho sitio para las piernas.
La
calidad de acabado de las unidades del Outlander mostradas
a la prensa me parece mejorable en ciertos aspectos: las palancas
que sirven para mover manualmente los asientos tienen un aspecto
endeble. Además, en la segunda fila de asientos queda
a la vista el mecanismo de metal que articula el respaldo.
El resto de los plásticos utilizados en el interior
tienen una apariencia normal.
El Outlander estrena una estructura que también la utilizarán
próximos modelos de Mitsubishi. Ha sido desarrollada
junto con DaimlerChrysler y es la misma que llevan el Peugeot
4007 y el Citroën
C-Crosser.
En el Outlander, el techo está fabricado en aluminio, es 5 kg más ligero que un techo normal de chapa de acero y por tanto baja un poco el centro de gravedad.
La fuerza que reciben las ruedas traseras se transmite a
través de un juego de discos intercalados. Este sistema
embraga o desembraga los discos entre sí en función
de las condiciones de adherencia, si está conectada
la función 4WD del mando de la consola (en la posición
2WD el Outlander es un tracción delantera). A medida
que aumenta la presión entre los discos, aumenta la
fuerza que reciben las ruedas posteriores.
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