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El IS es un coche agradable de conducir en las dos variantes
posibles, la de suspensión normal y ruedas de 17"
(versiones Luxury y Premiun) y la de suspensión dura
y ruedas de 18". En ambos casos es muy estable y, hasta
cierto punto, ágil.
Por autovía o carreteras rápidas es preferible
a la mayoría de turismos similares. Un Audi A4 o un
BMW 320d son más incómodos y absorben peor las
irregularidades.
Hamos conducido el IS250 con llantas de 18", que son la que
trae de serie el equipamiento «Sport». Las dos
versiones Diesel que hemos conducido tenían llantas
de 17". En todos los casos, la medida de los neumáticos
es diferente delante y detrás (ficha
comparativa).
En
carreteras lentas, el IS permite ir más rápidamente
que un Audi A4 y no tanto como un BMW Serie 3. Este último
responde a los cambios de dirección con mayor rapidez
y menos movimientos de carrocería, aunque también
tiene reacciones más bruscas, sobre todo con el asfalto
en mal estado.
El control de estabilidad del Lexus IS permite un cierto
sobreviraje antes de intervenir. En todo caso, por sus reacciones
es un coche seguro y fácil de conducir.
Las versiones Diesel del IS tienen un control de estabilidad que se caracteriza por entrar en funcionamiento de forma anticipada y más suavemente que otros; Lexus lo llama «VDIM» (más información). Además, es capaz de modificar la asistencia de la dirección en caso de subviraje o sobreviraje, para recomendar al conductor el sentido de giro correcto. Es cierto que esto sucede, pero es tan sutil que no tengo claro que sea efectivo.
Las versiones de gasolina tienen un control de estabilidad
normal. En el Diesel, el «VDIM» entra en funcionamiento
constantemente si se circula a un ritmo rápido por
carreteras muy lentas, incluso de forma prematura (para mi
gusto). Además, cuando lo hace, frena mucho al coche.
En el gasolina esto no es tan evidente. El control de estabilidad
sólo se puede desconectar por debajo de 50 km/h.
El motor de 177 CV del Lexus se caracteriza por entregar la potencia
de una forma menos brusca de lo normal en motores turbodiésel
de cuatro cilindros y por tener un funcionamiento más
suave.
A pesar de ello, las unidades que hemos probado nos ha parecido
que vibraban más que las otras ocasiones en las que
hemos conducido un coche con este motor (en otro Lexus IS,
y en los Toyota Avensis, Corolla Verso y RAV4).
De
hecho, a ralentí, la palanca del cambio vibraba de
forma notable y también se percibían estas vibraciones,
en menor medida, en el pedal del acelerador y el volante.
También se oía más en el interior, a
ralentí o al acelerar a baja velocidad.
Este inconveniente se acentúa en invierno: para que
la calefacción funcione lo antes posible, el régimen
de ralentí aumenta hasta 1.200 rpm. De este modo, cuando
nos detenemos en un semáforo, el ruido y las vibraciones
son molestos. Ese sobrerrégimen se mantiene hasta que
el motor alcanza la temperatura normal de funcionamiento,
algo que puede tardar en suceder si hace mucho frío.
Por carretera desaparen estos inconvenientes. El sonido procedente del motor apenas se oye, excepto al acelerar a fondo y a poca velocidad. De hecho, es fácil rodar a velocidades muy elevadas sin que el sonido lo delate.
Las prestaciones
que hemos medido son peores que las del Toyota Avensis
Wagon con este mismo motor (más
información de este modelo). El IS 220d es 25 kg
más pesado, pero eso no justifica la diferencia.
Actualmente, todas
las versiones que están a la venta del IS220d tienen
unos desarrollos de transmisión similares, mucho más
adecuados para carreteras españolas que los había
anteriormente en las versiones menos costosas (más
información).
La
transmisión de la versión «Sport»
que probamos hacía un ronroneo desagradable a poco
más de 2.000 rpm, cuyo volumen era proporcional a la
carga del motor; no sabemos si esto sucede en otras unidades
del modelo.
El motor de gasolina da 208 CV. Como sucede con el Diesel,
las prestaciones que da son, según nuestras mediciones,
peores de las que se puede esperar en un coche de su potencia.
Sí que es muy agradable por su suavidad, a ralentí
casi pasa desapercibido, y por el poco ruido que hace. A velocidades
elevadas, lo que más se oye en el IS 250 con equipamiento
Sport es el ruido de rodadura.
En lo que sí destaca es en el bajo consumo que consigue en carretera, sobre todo si se viaja a velocidad constante. En autovía es fácil obtener un consumo inferior a 9,0 l/100 km circulando a la velocidad máxima legal. Esto es así, en parte, debido a los largos desarrollos que tiene la caja de cambios automática de seis velocidades: la sexta es de 53,8 km/h cada 1.000 rpm (un BMW 325i automático, con 218 CV, la tiene de 44,9). En ciudad, el consumo es comparativamente más alto, pero está dentro de lo normal en un coche automático de esta potencia.
El cambio automático que va acoplado con este motor
tiene dos modos de funcionamiento. Uno normal, en el que utiliza
siempre la marcha más larga posible; otro «sport», en el
que se selecciona la marcha más larga (no es un
cambio de selección, sino de bloqueo) mediante toques
sobre la palanca de cambios o bien desde las levas que hay
tras el volante. En este modo, el cambio no pasa automáticamente
a una marcha superior a l a seleccionada cuando se llega al límite del régimen
de giro.
Los frenos aguantan bien un trato exigente. Los neumáticos que tenía la unidad «Luxury» que hemos probado son unos Bridgestone Potenza RE030 de medida 205/55 R16; esta unidad necesitó muchos más metros que las otras dos (que tenían llanta de 18" y neumáticos Dunlop SP Sport Maxx) para detenerse en la frenada desde 120 km/h.
La
dirección es de asistencia eléctrica, con un
buen grado de asistencia. Como sucede en algunos coches con
este tipo de dirección, si se gira con mucha rapidez
el volante al hacer maniobras, la dirección se endurece
mucho y eso resulta molesto.
Para el tamaño del coche, el diámetro de giro es
pequeño: 10,2 m entre bordillos. Esto facilita las
maniobras en espacios reducidos, a pesar de su anchura (1.800
mm).
El control de velocidad puede llevar (con el motor de gasolina) un radar que regula la distancia con el vehículo que le precede. Se pueden seleccionar tres distancias (que varían en función de la velocidad que lleve el coche) mediante un pulsador que hay en el volante y que aparecen representadas de forma gráfica en una pantalla del cuadro de instrumentos. Si la velocidad desciende de 40 km/h el sistema se desconecta.
El IS no tiene sistema de ayuda al arranque en rampa ni freno de estacionamiento eléctrico. Curiosamente, el Diesel lleva el freno de estacionamiento de palanca y el gasolina de pedal. Con el equipamiento «Sport» o «President», el IS lleva faros de xenón para cortas y largas (imagen) y un sistema de iluminación en curva. Al conectar las largas o dar ráfagas, se encienden tanto las largas de xenón como unas lámparas adicionales halógenas.
Las
luces halógenas no son malas, pero dejan una zona oscura
en la zona más próxima al coche. Las de xenón
proporcionan una iluminación claramente mejor y nos
parecen muy recomendables (salvo para quien nunca viaje de
noche).
La visibilidad a través del retrovisor interior no es muy amplia, dado el pequeño tamaño de la luna trasera. En cambio, la de los retrovisores laterales es muy buena, gracias al gran tamaño que tienen; además, para reducir el ángulo muerto, su superficie es convexa.
El cuadro de instrumentos se lee con suma facilidad. Su iluminación
y la de la pantalla del navegador se regulan automáticamente
según la luz exterior, independientemente de si se llevan
o no las luces encendidas.
Si se supera la velocidad programada en el limitador de velocidad,
se enciende una circunferencia de color naranja en el interior
del velocímetro. De igual modo sucede con el cuentavueltas
cuando llega al régimen que se le haya programado;
si se supera ese punto y se acerca el límite de
giro, la circunferencia cambia a color rojo.
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