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El Fiat Bravo es un coche agradable de conducir, entra
bien en las curvas y, con los neumaticos Pirelli PZero Rosso
y los Pirelli P7 que llevaban los que hemos conducido, tiene
un paso por curva muy rápido.
La suspensión de serie es algo blanda al principio del
recorrido, pero hace al Bravo un coche cómodo. La carrocería
tiene un notable movimiento de balanceo y cabeceo que lo asemeja
a modelos como el Toyota Auris o el Hyundai i30.
Para algunos conductores, la mayor limitación que puede
tener el Bravo es que no tiene un tacto de conducción
especialmente directo; la dirección ofrece muy poca
resistencia y no transmite mucha información al conductor.
A otros conductores, esta sensación de aislamiento les
agradará.
No es tan ágil como un Mazda
3, un SEAT
Léon o un Honda
Civic. Sí puede ser más cómodo
de suspensión; un Peugeot 308 es más cómodo porque cuando hay una
serie continuada de baches, la suspensión del Bravo no los absorbe
correctamente y transmite a los ocupantes una vibración
intensa.
También se sienten vibraciones a través del volante,
sobre firme muy bacheado y conduciendo a un ritmo rápido.
En estas circunstancias, la dirección trasmite golpes
secos al volante que son muy molestos (esto sucede en otros
modelos de Fiat y Alfa Romeo) aunque no afectan a la trayectoria
ni a la asistencia de la dirección.
La suspensión deportiva de las versiones «Sport»
es algo más dura y el movimiento de balanceo y cabeceo
de la carrocería está mejor contenido.
El cambio de marchas se maneja con suavidad pero le falta algo de precisión.
Una de las unidades que hemos probado tenía faros halógenos con alumbrado lateral a través de los faros antinieblas. Se echa en falta algo más de longitud en las luces cortas. Con la función de alumbrado lateral, el faro antiniebla (del lado correspondiente al giro) se enciende cuando realizamos un giro a baja velocidad. De tal forma, se facilita en gran medida la visibilidad en una intersección y en un giro. 1.6 Multijet de 105 CV y 1.9 Multijet con 120 ó 150 CV.
Hemos conducido el Bravo con los tres motores Diesel que
puede tener. Según nuestras
mediciones, ninguno de los tres se caracteriza por dar
unas prestaciones particularmente rápidas para su potencia.
De los tres, el que nos ha parecido que tiene un funcionamiento
más suave y silensioso es el 1.6 Multijet de 105 CV.
También nos ha gustado más que los otros Diesel
(especialmente más que el 1.9 Multijet de 120 CV) porque
le cuesta menos salir desde parado; por ello es más
agradable de utiizar en ciudad.
Otra característica del Bravo con este motor es que
no llega a un régimen alto con fuerza. Por ello,
para obtener toda la capacidad de aceleración posible
no hace falta sobrepasar unas 3.700 rpm; llegado a ese punto
es mucho mejor cambiar a un marcha superior.
En un recorrido
por autovía el consumo ha sido 5,6 l/100 km a una media
de 120 km/h, que es un consumo muy bajo. En una carretera
rápida de doble sentido y con poco tráfico el
consumo fue de 5,7 l/100 km para hacer una media de 110 km/h.
El motor de 120 CV resulta suficiente para mover al Bravo con mucha agilidad. Igual que con el motor de 105 y 150 CV, no es tan rápido como otros modelos semejantes: un Opel Astra CDTI de 100 CV y un SEAT Córdoba TDI de 100 CV aceleran más de 80 a 120 km/h.
En recuperación tampoco destaca, en parte por tener unos desarrollos del cambio más bien largos. Se echa en falta una sexta marcha, para tener una cuarta y quinta más cortas, y con una mayor capacidad de recuperación. En muchas cuestas pronunciadas de autovía es necesario reducir a cuarta marcha, para así subir con agilidad.
En un recorrido por autovía a una velocidad media de 110 km/h, el Bravo 1.9 Multijet 120 CV ha consumido 7,0 l/100 km. En otro recorrido por autopista, a una velocidad media de 95 km/h y siendo muy suaves con el acelerador, consumió 6,1 l/100 km. Por carretera de doble sentido, a una velocidad media de 85 km/h y con varios adelantamientos en los que se utilizó toda la capacidad de aceleración del Bravo, el consumo fue 7,7 l/100 km. El ordenador de viaje es muy preciso: tan sólo mide un 2 por ciento de menos.
En general, en una conducción normal por carretera abierta y sin mucho tráfico el consumo está más cerca de 7,0 l/100 km. En carreteras de doble sentido con adelantamientos frecuentes, el consumo aumenta hasta unos 8 l/100 km. En ciudad, con paradas frecuentes, el consumo no baja de 10 l/100 km.
El Bravo con motor Diesel de 150 CV no es muy rápido
acelerando pero en ningún momento da la sensación
de ser un coche lento o falto de respuesta: tiene mucha fuerza
en la zona media del régimen y sube, manteniendo el
empuje, hasta pasadas 4.500 rpm para llegar hasta casi 5.000
rpm. El consumo, en las condiciones que lo hemos probado,
nos ha parecido contenido.
A este motor de 150 CV le falta algo de fuerza a bajo régimen,
tampoco sale demasiado bien desde parado. Tiene fuerza en
la zona media del régimen y sube, manteniendo el empuje,
desde 1.800 rpm hasta pasadas 4.500 rpm.
1.4 Turbojet 16v 150 CV
También hemos podido conducir el Bravo con el motor
1.4 Turbojet 16v 150 CV. Salvo por que es algo perezoso al salir
desde parado, nos parece recomendable a cualquier otro motor
atmosférico de su misma potencia.
El
funcionamiento de este motor recuerda más al de un
motor turbo normal que al de otros con un sistema de sobrealimentación
complejo, como el 1.4 TSI de 140 CV de Volkswagen. En el Bravo
hay una diferencia apreciable entre la fuerza que el motor
es capaz de dar cuando gira a un régimen bajo, que
cuando lo hace a más de unas 2.500 rpm. El 1.4 TSI
140 CV de Volkswagen (que tiene un compresor volumétrico
además del turbocompresor) o el 1.8 TFSI de 160 CV
que lleva el SEAT León tienen una respuesta más
uniforme llo que les da aún más agrado de uso.
El consumo de esta versión es normal para su potencia.
En determinadas circunstancias sí puede tener un consumo
contenido; por ejemplo en una conducción a velocidad
constante por carretera, porque tiene una sexta marcha que
da cierto desahogo. A 3.000 rpm el marcador indicaba unos
119 km/h, lo que sale un desarrollo en sexta próximo
a 40 km/h cada 1.000 rpm (sin tener en cuenta el posible error
de la instrumentación). En autovía, a 130 km/h
de media gasta 9,1 l/100 km; en una conducción rápida
por carretera lenta ha gastado 19,4 l/100 km; un Subaru Impreza
2.0R de 150 CV hizo un gastó similar en el mismo recorrido.
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