El Audi R8 es un cupé biplaza con motor central trasero de 420 CV, bastidor de aluminio y tracción total. Tiene un tamaño parecido a de un Lamborghini Gallardo o al de un Porsche 911.
Está a la venta desde 121.100 € con cambio manual y 129.220 € con cambio automático.
Un Porsche 911 Carrera 4S Coupé cuesta 111.616 €, tiene un motor de 385 CV y tracción total.
En el precio de partida del R8 no están incluidos elementos como el navegador, el cargador de discos o la conexión «Bluetooth» para el teléfono.
Uno de los elementos opcionales más llamativos del R8 son unos faros con diodos luminosos para las luces de cruce, las carretera y los intermitentes. Esta opción tiene un precio de 4.560 € (más información) y no hemos podido probarla (las unidades que hemos tenido tenían los faros de xenón de serie).
Audi ha hecho con el R8 un cupé con unas cualidades dinámicas muy convincentes. Por la respuesta de su motor y por la puesta a punto del chasis, es una de los referencias entre los cupés deportivos de un precio similar. La estabilidad está a un nivel sorpredente y, a la vez, transmite una sensación de seguridad que difícilmente tienen los coches hechos para ser tan rápidos en curva.
Un Porsche 911 es, sin ninguna duda, más exigente con el conductor y sólo nos parece claramente superior al R8 por su extraordinaria capacidad de frenada y porque tiene un tacto de dirección más directo y preciso (que podrán apreciar algunos conductores). Un BMW M6 es un cupé de lujo, puede ser más rápido en una recta, pero está muy lejos de ser un deportivo como el Audi R8.
Lo peor del Audi R8 tiene que ver con cualquiera de las dos cajas de cambio que puede tener. La manual (de seis velocidades, con un embrague bidisco), porque en ocasiones las marchas entran con dificultad, en parte por la rejilla que está en la base de la palanca; si no la tuviera y el pomo fuera menos agresivo con la mano del conductor, quizá las cosas mejorarían mucho.
El automático «R-Tronic», también de seis velocidades, porque para una conducción normal no «sabe» cambiar con suavidad, y si se trata de aprovechar todo el potencial, los cambios son bruscos porque la aceleración queda interrumpida durante unos instantes. Esa falta de aceleración puntual no supone un problema en carretera (desde el punto de vista de las prestaciones) pero las brusquedad puede alterar ligeramente la trayectoria.
Este cambio automático «R-Tronic» cuesta 8.120 € más que la caja manual. Tiene mandos secuenciales en la palanca y en el volante. Este cambio automático es una variante motorizada del manual; no es un cambio de doble embrague como el «S-Tronic» de otros modelos de Audi («DSG» en Volkswagen). Los desarrollos de esta caja son los mismos que en la manual.
Los frenos del R8 cumplen pero, en ninguna de las dos unidades de pruebas, tenían un tacto especialmente bueno ni obtuvimos distancias muy cortas de frenado. En km77.com hemos probado el R8 con frenos de serie; en opción hay unos cerámicos (11.200 €) que nos sabemos qué resultado dan.
El motor del R8 es muy bueno desde el punto de vista de las prestaciones y de la respuesta al acelerador. Es un motor de giro rápido (sube de régimen con fuerza hasta más de 8.000 rpm), pero a casi cualquier régimen sorprende porque tiene una respuesta muy directa y contundente al acelerador, que lo hace muy agradable de utilizar. El inconveniente que tiene este coche es que tiene un consumo alto, incluso a ritmo moderado por autopista (más impresiones de conducción).
El Audi R8 tiene muchos inconvenientes para un uso cotidiano en ciudad porque la carrocería apenas deja visibilidad en algunos ángulos y necesita mucho espacio para girar. Tiene dos plazas y un maletero pequeño y poco aprovechable.
Dentro de lo espectacular de su carrocería, tiene sitio de sobra para dos ocupantes (si miden menos de 1,9 m).
El acceso o salida del interior es muy incómodo porque los asientos están muy cerca del suelo y alejados del exterior. Además, el hueco que queda entre el volante y la sujección lateral del respaldo suele ser insuficiente para salir con limpieza.
Hay dos tipos de asientos. Los deportivos opcionales son más incómodos, sobre todo para las personas corpulentas, pero sujetan mejor el cuerpo (permiten ajustar el soporte lateral exterior de los muslos y de la espalda).
El R8 no es insoportable para viajar a un ritmo normal, pero la suspensión es dura y llega al interior una gran cantidad de ruido de origen diverso (motor, rodadura y aerodinámica). Como cupé de lujo para viajar cómodamente, el R8 es inferior a cualquier BMW Serie 6 y a cualquier cupé de Mercedes-Benz (salvo el SLR, que no he probado). Más impresiones del interior. |