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Nismo GT Academy PlayStation. Final española 2.

Después del primer día de pruebas físicas y de entrevistas personales, los 14 participantes realizaron las pruebas de conducción. Las primeras vueltas al circuito las dieron con Roger Morback, expiloto e instructor del circuito de Ascari, sentado en el asiento del copiloto y conmigo en el asiento posterior. El día anterior yo había hecho lo mismo que ellos, también al lado de Roger Morback. Me gustó mucho ver a los 14 participantes, tenía la información de primera mano. Podía saber cómo conducía cada uno de ellos. Pocas veces está uno en la cocina y tiene tantos datos para analizar.

Las diferencias de experiencia, de habilidad, de sensibilidad y de conocimiento entre unos y otros participantes eran grandes. Aun así, desde el asiento posterior tuve la impresión de que era muy difícil de saber quiénes eran los mejores. Algunos de los participantes tenían mucha experiencia y se conocían muy bien el circuito. Lo hacían todo bien, pero no parecían tener especial magia al conducir. Otros lo hacían todo mal, pero se intuía que tenían sensibilidad. Había alguno sin experiencia alguna, apenas sabía utilizar el embrague correctamente, pero, quién sabe, tenía todo por aprender y quizá fuera brillante. ¿Cuál es la mejor opción? Yo no hubiera sabido decirlo. Había un participante que lo hizo parecido a lo que me hubiera gustado hacer a mí. Se notaba que sentía el coche. No iba especialmente rápido, ni despacio, pero tuve la sensación que sentía muy bien el coche, que dosificaba acelerador, volante y freno en función de lo que el coche podía dar en cada momento. Lo hacía girar plano, sin brusquedades. ¿Lo hizo todo el circuito así? No, lo hizo sólo a veces, pero en ocasiones se notaba mucho que sentía muy bien el coche. Otro, en cambio, empezó muy mal y acabó muy bien. En solo tres vueltas aprendió mucho. ¿Qué es lo que se busca, alguien con mucha capacidad de aprender rápido, alguien con mucha sensibilidad, alguien que es consciente de sus limitaciones y que no comete fallos nunca?


No tengo ni idea de lo que se busca. Eso lo sabe el instructor que los acompañó a todos posteriormente en el 370Z de la foto de arriba, en el que por razones de espacio (solo dos plazas) no me pude subir. Con su conocimiento de lo que van a encontrar en Silverstone y de sus objetivos de futuro, este instructor fue determinante para elegir a los cuatro pilotos seleccionados.

Las deliberaciones son secretas y yo no escuchaba, pero le dedicaron tiempo, a puerta cerrada, bajo la luz artificial de un box, porque la decisión no era sencilla. Cuando por fin se abrió la puerta, me recordaban en mi asociación libre a 12 hombres sin piedad. Especialmente, una vez tenían el veredicto.

En la calle, bajo el sol, los 14 participantes esperaban en un silencio cortante. Me hubiera gustado estar en sus cabezas. ¿Cuántos de ellos pensaban que podían estar entre los cuatro elegidos? ¿Cómo de grande sería la sorpresa de los ganadores? ¿Lo esperaban? ¿cómo de grande la sorpresa de los no elegidos? ¿Lo esperaban? Su silencio era tan profundo y sus miradas tan escrutadoras que daba la impresión de que todos tenían la esperanza de estar entre los cuatro seleccionados. ¿Todos? No lo sé, pero no había ni uno solo que pareciera relajado.El jurado pasó mucho tiempo reunido, pero desconozco si la dificultad estribaba en que les costaba encontrar a cuatro para formar el grupo o que tenían a más de cuatro y que el descarte era difícil. Mi cabeza dice que la probabilidad más alta es para esta segundo opción.

El representante de los organizadores toma la palabra. Lo primero que hace es amonestar a los participantes. Les reconviene porque se han preparado poco, porque no se han aplicado para aprender inglés y porque la preparación física tampoco ha sido brillante. No soy capaz de juzgar la preparación física, pero sí me pareció una amonestación adecuada la referente al nivel de inglés. Me sorprende que chicos jóvenes, que dedican tantas horas a entrenar con la consola no sientan la necesidad y las ganas de aprender inglés para relacionarse más y mejor con competidores de otros países y, por supuesto, para aprovechar bien la oportunidad que tengan si quieren ser pilotos. Amonestación vehemente y sensata a mi juicio. Espero que fértil. El portavoz de la organización,

respaldado por todo el equipo.

Fueron nombrando a los vencedores. Cuatro son las plazas disponibles y por tanto cuatro los participantes seleccionados. Cuando hago esta foto hay dos ya seleccionados y todavía quedan dos por seleccionar. Dos de doce. Nervios.

El último de los nombrados no parece dar crédito y se emociona mucho. Las probabilidades de ser el escogido son mayores cuando hay cuatro opciones entre catorce que cuando sólo queda una entre once. El último no estaba muy emocionado. Los carteles de los ganadores permitían esconderse detrás de ellos para ocultar las emociones.

Los no seleccionados aplaudían deportivamente. En la mayoría de ellos, la idea de volver el año que viene estaba presente.

Carteles al suelo para la última foto del cajón.

Los instructores comentan y consuelan a los no clasificados.

Para los cuatro ganadores hay una sorpresa adicional. Van a subir en un Radical, en el asiento del copiloto. Están emocionados.

El asiento de la derecha les permitirá sentir, quizá por primera vez, las reacciones de un auténtico coche de carreras.

Ya también tener ayudantes que te atan los cinturones y te acomodan en el habitáculo. La adrenalina disparada.

Al bajar del coche, cara de estupefacción. «No os podéis imaginar lo que es eso (eso que señala con el pulgar). Sobre todo, lo más impresionante es cómo frena»

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