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Conducir en Marruecos fuera de las autopistas

Las cifras de accidentes por tráfico en Marruecos son elevadas. No he conseguido datos del parque de automóviles en Marruecos ni del número de muertos y accidentados anuales de fuentes oficiales. Según una noticia publicada en el Maghreb Arab Press «los accidentes de carretera en Marruecos costaron la vida a 4.162 personas» en 2008.

Parece una cifra elevada, aunque no soy capaz de compararla con las de Europa porque desconozco cuántos coches circulan por Marruecos.

En mi reciente viaje no he visto ningún accidente. En viajes anteriores, tampoco vi ni atropellos, ni caídas en moto, ni golpes de coches a motos. Toda una sorpresa, porque la principal característica del tráfico en Marruecos, por lo que he visto, es la amalgama de medios de transporte en cada calle y carretera. Peatones, burros con paisano en la grupa, bicicletas, motos pequeñas de aspecto desolador, coches, furgonetas y camiones.

El tráfico en Marruecos me recuerda a un partido de fútbol entre niños. Todos recorren todo el campo detrás de la pelota, todos quieren darle una patada al balón, todos quieren tocarla, sin estrategia ninguna ni posibilidad de acuerdo. Uno la lleva y todos van detrás de ella, hacia el mismo sitio, sea para defender o atacar, para chutar y «chupar» todo lo posible.

En Marruecos, sucede algo parecido, principalmente en las ciudades y alrededores. Existe una suerte de rotondas que cumpliría la función de balón en el juego de niños, y alrededor de ellas, pasan por un lado y por otro, se sortean unos a otros y todos a uno, se mezclan, buscan el hueco (y lo encuentran). Nadie pita, o a mí me ha parecido que apenas pitaban. Nadie se queja de cómo conducen los otros, por eso no pitan. Es lógico, todos hacen exactamente lo mismo, buscan el hueco y el recoveco. Esa es la única lógica del tráfico en Marruecos. Nadie se queja (o pocas veces).

Mi impresión es que conducen como si la magia existiera. Como si coches, motos, asnos, peatones y bicicletas pudieran frenar en seco y acelerar infinitamente en cada ocasión. Como si los cambios de dirección bastara con pensarlos.

En las ciudades y alrededores van todos muy despacio, pero atropellados. No hay preferencias de paso. Quien llega primero chuta a gol. Tampoco hay desconcierto. Todos se apañan bien. Lástima de los accidentes, que por suerte no he visto ninguno.

En carretera el tráfico es distinto. También hay batiburrillo. Como no hay arcenes asfaltados, las personas, las bicicletas, los asnos y las motos (a velocidad de bicicleta) van también por la calzada. Además de los coches y los camiones. Van por el borde, tocando la tierra, y hacen eses para esquivar los baches, porque los bordes de la carretera no son lineales. Todo lo contrario, una costa muy accidentada.

La principal diferencia es que no todos persiguen el mismo balón. Unos van hacia un lado y otros en el contrario. Normalmente, los camiones ocupan más de su mitad de la carretera, en los dos sentidos, salvo cuando se cruzan con otro camión. Cuando se cruzan con un turismo, o cuando quiere adelantarles, se desplazan de forma inapreciable. Al cruzarse con un camión, en muchas carreteras es necesario frenar, orillarse bien y acelerar cuando el camión ya está en el retrovisor.

No porque sean antipáticos, creo yo, sino porque no caben. Muchos camiones me ponían el intermitente para indicarme que podía adelantarlos. Seguramente no viniera nadie de cara (yo me fiaba poco), pero tampoco había sitio para pasar. En cuanto la carretera se ensanchaba, los camiones se iban a su derecha. No parece cuestión de fastidiar, sino estrechez congénita.

En esa estrechez congénita de las carreteras, especialmente en la cercanía de pueblos y ciudades, uno puede encontrarse cualquier obstáculo imprevisto. Los coches ocupan una parte de la calzada cuando se detienen a cambiar el neumático y las personas que cambian la rueda, se mueven con relativa libertad sobre el asfalto, con alto riesgo de ser atropellados. Coinciden con relativa frecuencia uno de esos coches con camiones de frente y una bicicleta en el mismo sentido.

Además del tráfico, importa el estado de las carreteras. Aproximadamente, un 80% de carreteras por las que he ido tienen buen asfalto y el resto con baches y ondulaciones. Pero aún en las carreteras con buen asfalto, es imprescindible conducir con una atención al firme desconocida para mí. En lugar de mirar lejos, para anticipar los movimientos y las reacciones, es imprescindible mirar al suelo, cerca del coche, para evitar baches esporádicos profundos o mordiscos grandes en el borde del asfalto.

Mirar cerca del coche al conducir para descubrir el estado del asfalto es cansado y peligroso. Tanta atención al firme es agotadora. Además peligrosa porque vienen camiones de frente y conviene verlos con antelación para orillarse. Esa tensión de la mirada es agotadora. En algunas carreteras es obligatorio conducir especialmente despacio para atender al estado del pavimento.

Una de las principales ventajas de marruecos, al menos por las zonas en las que he estado yo, es que hay pocas carreteras. Aun así me he perdido. Salvo en las autopistas, hay pocas señales indicadoras y normalmente puestas justo en el cruce.

Sin embargo, en muchas carreteras hay unos mojones indicadores que son muy útiles. Inexplicablemente, tienen una letra diminuta y están colocados en cualquier lugar, a la altura del suelo. Sólo a un lado de la carretera y depende en qué sentido se vaya uno los encuentra a derecha o a izquierda.

Estos mojones son muy útiles porque cada pocos centenares de metros aparecen con el nombre de una de las ciudades a las que lleva esa carretera y la distancia a la que está. Todas las ciudades que aparecen están intercaladas. Si uno lee dos veces el nombre de una misma ciudad y no ha visto entre medias el nombre de la que pretende ir, probablemente haya perdido la ruta.

Indicaciones de en qué carretera se encuentra uno son dificilísmas de encontrar. O al menos de forma inteligible para mí. Los mapas, por tanto, tienen una utilidad relativa.

La policía local y la gendarmería real controlan la velocidad con pistolas radar en muchísimos puntos, pero no justifican de ninguna forma que era precisamente tu coche el que iba a mayor velocidad. En mi caso, que me pararon muchas veces por exceso, no tengo la seguridad de que sus mediciones fueran fiables. En cualquier caso no hay margen de error. Con límite a 120 km/h a 121 km/h ya puede uno ser sancionado. Y el importe de la multa es el mismo siempre: 400 Dirhams.

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