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¿Estamos convirtiendo el coche en un producto de usar y tirar?

España tiene uno de los parques automovilísticos más envejecidos de Europa. Según los últimos datos de ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones), la edad media de los turismos alcanza los 14,6 años y uno de cada tres supera los veinte. La diferencia con algunos de los principales mercados europeos es notable: según ACEA, en Francia la media es de 11,2 años, en Alemania de 10,3 y en Italia de 12,8.

El éxito del mercado de segunda mano es indiscutible, ya que acaparan alrededor del 65 % de las operaciones. Que se vendan tanto usados significa dos cosas: que mucha gente no quiere o no puede acceder al coche nuevo y, en segundo lugar, que en el mercado de ocasión hay opciones interesantes.

Hay muchos ejemplos de coches matriculados hace quince años que han recorrido pocos kilómetros (por ejemplo, en OcasionPlus hay más de cincuenta coches fabricados entre el año 2009 y 2012 con menos de 100 000 kilómetros) que pueden dar un buen servicio si han sido cuidados.

La pregunta que surge, por tanto, parece razonable: ¿la edad es suficiente para decidir cuándo un coche ha llegado al final de su vida útil?

El mantenimiento (y el uso) es determinante

Un automóvil envejece por el paso del tiempo, pero también —y muchas veces en mayor medida— por el uso que ha tenido y por el cuidado que ha recibido. Un mantenimiento adecuado influye de forma decisiva tanto en la seguridad como en la eficiencia de cualquier automóvil.

Unos neumáticos envejecidos, unos amortiguadores agotados, un líquido de frenos que nunca se ha sustituido o un sistema de refrigeración descuidado pueden convertir un coche relativamente moderno en un vehículo poco recomendable para realizar un viaje largo. También ocurre lo contrario: un automóvil con años que haya sido correctamente mantenido puede seguir ofreciendo un funcionamiento plenamente satisfactorio. Naturalmente, nunca alcanzará el nivel de protección que uno de la misma categoría recién salido del concesionario.

Pero tampoco conviene olvidar que muchos vehículos metidos en años ya incorporan uno de los mayores avances en seguridad activa de los últimos treinta años: el control electrónico de estabilidad (ESP). Obligatorio en Europa desde finales de 2014, este sistema comenzó a extenderse unos cuantos años antes. Su contribución a la reducción de accidentes ha sido tan importante que se considera el sistema de seguridad más relevante desde la generalización del ABS. En km77.com nunca hemos recomendado la compra de un coche sin ESP. Naturalmente, a día de hoy tampoco recomendamos comprar un usado sin este elemento.


¿Cuánto tiempo está pensado para durar un coche?

Aunque los fabricantes rara vez hablan de la «vida útil» de un automóvil, sí necesitan estimarla para elaborar los llamados Análisis de Ciclo de Vida (Life Cycle Assessment o LCA), una metodología estandarizada (ISO 14040 y 14044) que utilizan los fabricantes para calcular el impacto ambiental total de un automóvil. Estos estudios sirven para calcular el impacto ambiental total de un vehículo, teniendo en cuenta todas las fases por las que pasa: la extracción de materias primas, la fabricación, el transporte, el uso durante toda su vida y, finalmente, el reciclaje.

Para poder realizar esos cálculos es necesario establecer a modo de referencia cuántos años y cuántos kilómetros recorrerá el coche. Por ejemplo, Mercedes-Benz utiliza en algunos de sus análisis una hipótesis de diez años y 200 000 kilómetros, mientras que Green NCAP (un programa independiente que evalúa el impacto ambiental de los automóviles) considera 16 años y 240 000 kilómetros. Estas cifras no representan una fecha de caducidad, sino un escenario que permite repartir el impacto ambiental de fabricar el vehículo a lo largo de toda su vida.

Impacto ambiental asociado a la fabricación

Por ejemplo, si Mercedes-Benz supone que un coche recorrerá 200 000 km durante diez años, reparte el impacto de la fabricación entre esos 200 000 km. Si ese mismo coche recorre 400 000 km, el impacto ambiental asociado a su fabricación queda «amortizado» durante muchos más kilómetros (siempre que el uso siga siendo eficiente y el mantenimiento no implique reparaciones desproporcionadas).

Este aspecto tiene una consecuencia interesante. Cuanto más tiempo permanezca en servicio un vehículo y más kilómetros recorra (aunque lo mejor para el medioambiente es que estuviese parado, claro), menor será el impacto ambiental de su fabricación por cada kilómetro recorrido.

Por supuesto, esto no significa que siempre sea mejor conservar un coche antiguo hasta el infinito, pero sí puede hacer reflexionar si retirar un vehículo en buen estado porque únicamente ha cumplido ¿quince años? es siempre la opción más razonable.

Las etiquetas ambientales

Muchos coches matriculados hace aproximadamente quince años disponen de la etiqueta ambiental C de la DGT (en OcasionPlus tienen más de 300 coches anteriores a 2012 con etiqueta C): exactamente la misma que llevan aproximadamente la mitad de los coches nuevos que actualmente se comercializan en España.

Desde el punto de vista administrativo, ambos reciben prácticamente el mismo tratamiento. Si una zona de bajas emisiones permite la circulación de vehículos con etiqueta C, ambos podrán acceder a ella independientemente de que entre uno y otro existan quince años de diferencia. Quien se deshaga de un SEAT Ibiza de gasolina de 2010 y compre otro nuevo, adquirirá la misma etiqueta medioambiental: la C. Es decir, la clasificación ambiental y la antigüedad no siempre evolucionan de la mano.


¿Un coche más nuevo es siempre más seguro?

Los automóviles actuales incorporan una cantidad de tecnología casi impensable hace apenas una década. Sí, estamos pensando en lo mismo: pantallas de gran tamaño y menús complejos. Todo ello aporta nuevas funciones a disposición del conductor, pero también plantea problemas, que es justo reconocer.

Según algunos estudios —como por ejemplo el de la compañía aseguradora Zurich— «las distracciones al volante son la principal causa de accidentes en España, incluyendo móvil, GPS o atención a pasajeros» y la sexta «el uso incorrecto de la tecnología al conducir».

En km77.com ponemos especial atención a los sistemas multimedia de última hornada. Una recomendación habitual que hacemos es tomarse un tiempo (que pude ser de varios días) para adaptarse a ellos y, de esa forma, podremos manejarlos con un mínimo de soltura. No obstante, es preferible controlar la mayor parte de sus funciones en parado para evitar distracciones. Por lo tanto, un coche nuevo será más seguro que uno con 10 años siempre que se use de forma modélica.

El dato de antigüedad no es suficiente por sí solo

Es razonable considerar que el dato de antigüedad de un parque móvil no cuenta todo. Hay otros muchos factores que determinan si uno coche resulta viejo en el o, simplemente, está usado. La cuestión no es tanto si un coche debe durar 25 años o cambiarse cada 4 (pongamos casos extremos), sino cuándo deja de ser razonable mantenerlo y, también, para qué se necesita.

Bajo mi punto de vista, hay que valorar qué tipo de utilización se va a dar a un coche antes de decantarse entre mantener uno con años o elegir uno nuevo. Si es el segundo o tercer coche de una familia y se va a usar para realizar tareas cotidianas cercanas (pocos kilómetros al año), un vehículo con unos cuantos años puede ser satisfactorio siempre que se esté dispuesto a invertir en su mantenimiento. Por el contrario, si se necesita para todo —especialmente para viajar a menudo— uno nuevo puede marcar la diferencia.

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