Llegan las vacaciones de verano y muchos coches van a hacer su desplazamiento más largo del año. Para evitar disgustos, conviene revisarlos y haber hecho el mantenimiento estipulado para que su mecánica esté preparada. Aplazar su sustitución puede multiplicar el coste de ese mantenimiento no realizado.
Aceite de motor y filtro de aceite
El cambio de aceite es la operación central de cualquier revisión en un coche. En motores Euro 6 con sistema de mantenimiento variable, el ordenador de abordo indica el intervalo que suele estar entre los 15.000 y 30.000 km; en motores anteriores sin ese sistema, el criterio conservador es cada 10.000-15.000 km o una vez al año, lo que llegue primero.
La especificación del aceite la define el fabricante del vehículo: viscosidad SAE (5W30, 5W40, 0W30), norma ACEA —clave para coches con FAP, que necesitan secuencia C— y, cuando existe, homologación OEM específica (VW 504/507, BMW LL-04, PSA B71 2290). El filtro de aceite se sustituye en cada cambio sin excepción; reutilizarlo con el aceite nuevo lo contamina en horas; además es un elemento de bajo coste.
Para quienes necesiten encontrar la especificación correcta para su motor, los distribuidores especializados ofrecen catálogos de aceites de motor para coche filtrables por viscosidad, norma ACEA y homologación OEM, con búsqueda por matrícula o referencia original.
Filtros de aire del motor y del habitáculo
El filtro de aire del motor también es barato y fácil de cambiar. Un filtro obstruido reduce la potencia, aumenta el consumo y puede afectar a los sensores de la admisión. El intervalo habitual es de entre 20.000 o 30.000 km, aunque en zonas con mucho polvo o tráfico intenso conviene adelantarlo.
El filtro de habitáculo —el que protege a los ocupantes, no al motor— es el más olvidado. En un coche con climatización activa, un filtro saturado reduce la eficacia del sistema y puede concentrar polvo, alérgenos y bacterias en el habitáculo. El cambio es sencillo y en la mayoría de vehículos no requiere herramientas. Reemplazarlo cada 15.000-20.000 km o una vez al año es suficiente.
Ambas familias de filtros de recambio para turismo —aire y habitáculo— están disponibles para prácticamente todo el parque español en los distribuidores del canal independiente.
Frenos: revisión visual obligatoria en cada mantenimiento
Los frenos son el sistema de seguridad más crítico del coche y, paradójicamente, el que más se revisa a ojo: mientras el aceite tiene una fecha marcada en el taller, las pastillas muchas veces se inspeccionan solo cuando el chirrido es insoportable. Las pastillas de freno no tienen un intervalo fijo. Las delanteras pueden aguantan entre 25.000 y 70.000 km según el uso; las traseras, algo más. El criterio técnico es el grosor del material de fricción: por debajo de 3 mm, sustitución sin demora. Los discos se revisan al mismo tiempo —medición de grosor con micrómetro— porque instalar pastillas nuevas sobre discos por debajo del límite las destruye en pocos miles de kilómetros.
El líquido de frenos absorbe humedad con el tiempo, independientemente del uso: su punto de ebullición cae y con él, la seguridad del sistema. El cambio es bienal, no por kilómetros. Para quienes necesiten revisar el estado del sistema antes del próximo taller, los distribuidores del canal independiente disponen de un catálogo amplio de pastillas y discos de freno compatible con la mayoría del parque español.
Bujías: el componente que más se aplaza
Un crecimiento de las ventas del 30% de este componente en 2025 apunta a un parque que lleva años acumulando esta falta de sustitución.En motores de gasolina con bujías de cobre el intervalo es de 20.000–30.000 km. Las de iridio o platino pueden aguantar hasta 60.000–100.000 km según fabricante, pero muchos coches con 80.000–100.000 km en el odómetro llevan las originales de fábrica. Una bujía desgastada provoca ralentí irregular, arranques difíciles, mayor consumo y —en casos avanzados— fallos de encendido que dañan el catalizador.
Conclusión
El mantenimiento no se resume en el aceite. La revisión del filtro de aire, el estado de las pastillas y del líquido de frenos y el cambio de bujías son operaciones que no deben aplazarse. Un coche rara vez avisa antes de fallar: simplemente se detiene. La diferencia entre anticiparse al problema y acabar en el arcén suele estar en una revisión que se aplazó más de la cuenta.
