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Más 1917; menos Litus

Queridos y queridas,

Qué tal están?

Espero que sigan tan bien como el año pasado en caso de que el año pasado les fuera bien; si no es así, espero que este año sea completamente distinto al año pasado (si el año pasado les fue mal).

Yo llevo unos días viendo raro de un ojo y con infatigables dolores de cabeza, que luchan contra mí cordura como las divisiones de Patton en la 2ª guerra mundial. No me dejan ni de noche, así que al final voy a tener que ir al médico. Sí, lo sé. Me doy por vencido.

Igual también es importante el hecho de que ayer tuve a bien ver un filme español llamado Litus. Me pregunto por qué una película esta ha sido producida, si leyendo el guion con un mínimo de atención ya parece obvio que es una auténtica nadería. Y digo ‘nadería’ por si me lee algún niño, por no utilizar palabras gruesas.

Litus es una especie de Los amigos de Peter sin ninguna de las virtudes de la película (un precioso, pequeño clásico con Stephen Fry de maestro de ceremonias) y con un montón de defectos nuevos. Habla de un tipo que se suicida (y el tal Litus), cuya última voluntad es que sus amigos se lean unas cartas que él ha escrito.

Ahora viene un spoiler. Si quieren ver la película (si no recuerdo mal, está en Amazon prime)

Las cartas son una puta mierda. Y me da igual si hay algún niño leyendo esto porque así es la vida: niño, si estás leyendo esto, ni se te ocurra mirar esta mierda.

Una hora y media de agonía con media docena de personajes deleznables (igual eran cinco, pero hablaban tanto que parecían más) que no atinaban a decir ni una sola frase significativa. Terrible.

Menos mal que he visto 1917 y me lloran los ojos de tamaño espectáculo.

Qué película, amigos y amigas.

Es un poco lo que uno sueña cuando va al cine: una película que le abstraiga, que se le meta dentro, que lo aparte a golpes de la realidad. Una película tan inmersiva que resulta difícil emerger de nuevo a la superficie. Rodada en gran parte del metraje como un plano secuencia que sigue a una misión en territorio enemigo, con grandes opciones de fracasar. Como una versión más diminuta, con un punto menor de épica (solo en contexto) y con la misma ambición fílmica.

Dirige Sam Mendes con la inestimable ayuda de uno de los mejores directores de fotografía de la historia, el señor Roger Deakins. Solo mencionaré cuatro de sus grandes obras: Cadena perpetua, Fargo, Sicario y No es país para viejos. Y para compensar, cuatro de Mendes: Skyfall, Camino a la perdición, Revolutionary road y – por supuesto- 1917.

No quiero contar mucho de 1917, básicamente porque no se puede contar: hay que verla. Vayan a un cine grande o muy grande. Siéntense en un buen sitio. Apaguen el móvil, porque estarán a punto de ver una de las mejores películas de la larga y prolífica historia del cine bélico.

Para acabar de rematar una película a la que solo pongo un pero (luego lo explico), la música es de Thomas Newman, uno de mis compositores favoritos, que tiene al menos cinco bandas sonoras que he escuchado un millón de veces: El hombre que susurraba a los caballos, American beatuy, Cadena perpetua, Camino a la perdición y Cinderella man.

Yo qué sé, amigos y amigas. Estamos ante una película de un tamaño descomunal.

*Y solo un pero, en minúsculas: el ejército británico no era una ejemplo de inteligencia militar, y sus oficiales no eran ejemplo de nada.

En minúsculas.

Hala, enjoy.

Abrazos/as,

T.G.

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