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La suerte de los ladrones de bancos

Buenos días, señores y señoras,

 

¿Cómo están ustedes? (Que decía Miliki)

 

No, no voy a hablar de política, lo confirmo. Ojalá una de esas elipsis tipo 2001, en las que un mono tirara una bandera al aire y el siguiente plano fuera un planeta verde, y azul, en la que no se distinguieran nada más que grandes cataratas, inmensos bosques e inacabables océanos. Ah, sí, y que solo estuviera habitado por animales y criaturas marinas, nada de hombres. El día que nos extingamos todo irá mucho mejor. Por eso, cada mañana me levanto y sacrifico dos gallinas dentro de mi pirámide mientras invoco al meteorito… bueno, no sacrifico nada porque me gustan las gallinas y más que una pirámide es un trastero, pero ya me han entendido.

 

Este fin de semana estrenan La suerte de los Logan, la última película de Steven Soderbergh, un director que siempre me ha gustado y al que considero junto a David Fincher (y a Spielberg) el director más elegante cuando cultiva el cine comercial. Un romance muy peligroso, Contagio, Erin Brokovich o la trilogía de Ocean’s eleven son buena prueba de ello. Lo malo de Soderbergh es que cada diez minutos se está retirando (o eso dice él) y claro, luego tiene que aclarar que no quería decir que se retiraba, que lo hemos entendido mal.

 

Su vuelta al séptimo arte se produce con otra peli de robos, al estilo de la mencionada Ocean’s, pero en clave redneck, con gente que lleva sombreros, habla como si se les hubiera pegado un chicle en el paladar y se les hubiera quedado allí para siempre. Los Clooney y Pitt de La suerte de los Logan son Channing Tatum y Adam Driver (por fin alejado de esos papeles de intenso que tanto le gustan) que planean hacerse con un botín de tropecientos millones aprovechando la celebración de una famosa carrera de la Nascar.

 

Con una realización de aúpa (o séase, maravillosa), un apabullante diseño de producción y un magnífico guión, firmado por una tal Jessica no-sé-qué que resulta ser el propio Soderbergh, en algo que hace constantemente, eso de montar la peli o ser el director de fotografía y luego firmar como le sale del arco del triunfo. Mención aparte para Daniel Craig, teñido de rubio y con ganas de coña, que demuestra tener una inmensa vis cómica. Grandísimo.

 

Una película muy aconsejable para perder de vista las noticias de una vez por todas.

 

También estrenaron La llamada. Peli española, agradablemente cachonda, con hombreras de musical. Bienrollera, divertida y planeada como un ejercicio de escapismo que se ha estrenado en el momento justo. No soy tan fan como el resto de la prensa cinematográfica de este país, pero me lo pasé bien y supongo que esa es la parte importante. Por cierto, de los mismos directores de este experimento, no dejen de ver Paquita Salas, una webserie cojonuda que les dará pistas sobre las tripas del cine español.

 

Y nada más: entre esta semana y la pasada se han estrenado un millón de series en Estados Unidos. De todo lo visto, me quedo de momento con Seal Team y Wisdom of the crowd: no son nada del otro mundo pero dan para un rato de desconexión. Prometo dedicar mi próximo post a algunas recomendaciones catódicas. Y prometo cumplir mi compresa.

 

Hala, sean buenos.

 

T.G.

 

 

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