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La serie que para los relojes (o algo así)

Amigas y amigos,

Qué tal todo?

Como prometí y porque, a veces, soy un hombre de palabra, hoy he venido a hablar de After life. Concretamente, de la tercera temporada de After life.

A estas alturas de la película, ya todo el mundo conoce a Ricky Gervais. Cómico top, creador de The office o Extras, probablemente el mejor monologuista del mundo con permiso de Dave Chapelle y un tipo absolutamente brillante.

Yo me temía (por ir entrando al trapo) que lo que pasaría con After life es que Gervais sufriría el famoso síndrome del actor que se ha pasado la vida haciendo comedia y que de pronto se despierta un día y decide que para parecer más serio, tenía que demostrar que podía hacer drama. No sería raro, pero teniendo en cuenta que en la maravillosa The office ya andaba por ahí coqueteando con la tristeza de una existencia miserable, pero oye: nunca se sabe.

Me equivocaba.

Ricky Gervais ha hecho After life porque podía, porque tiene el talento necesario para ello, porque esta es la muesca que le faltaba en el revólver. Y vaya muesca que se ha marcado el cabronazo.

La serie (en Netflix) cuenta la historia de un periodista de un pequeño pueblo inglés que trata, con poca fortuna, de superar la muerte de su mujer por culpa de un cáncer. El hombre está rodeado de buena gente, pero el problema lo tiene él y no sabe por dónde coño empezar a resolverlo.

Es un show que luce una delicadísima patina de comedia, en la dosis suficiente como para que la parte dramática no te agarre por el cuello y te ahogue como si intentases tragarte un pollo asado, sin masticar ni nada.

Obviamente, el humor es brillante, chapado en unos personajes muy bien dibujados: lo suficientemente raros para ser graciosos; lo suficientemente humanos para ser creíbles.

Para cualquiera que haya perdido a alguien, la serie es una suerte de recordatorio de lo difícil que es seguir y tratar de llenar el vacío que dejan los que se van. Pero -y esa es la parte buena- funciona a modo de bálsamo. Mirarla es relajante, ayudada por el ritmo que tienen los pueblos pequeños, en los que los relojes acostumbran a ser algo más despistados.

No les voy a dar la chapa, ya he hablado antes aquí de esta serie (creo recordar) y ahora que se acaba de estrenar la última temporada, he creído conveniente recordarles que sigue disponible. Para mí, es una manera de visitar a todos los que se han ido, que en mi caso son muchos.

El hecho de que el protagonista tenga un perro, sea periodista y un poco cínico (igual un mucho), no hacen más que enchufarme más a After life, que ya me gustaba de entrada. Es una serie sobre la memoria, el recuerdo y el camino por delante.

No recuerdo quién decía, ‘odio los cumpleaños, pero la alternativa es peor’.

Y tenía razón.

Vean After life, y luego me lo cuentan.

Abrazos,

T.G.

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