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Frozen 2 o una de Netflix. Pueden escoger

¿Cuántos/as de ustedes/as tienen hijos/as?

No, no quiero meterme en su vida privada. Faltaría más, eso nunca.

Se lo pregunto porque a veces veo películas con mi sobrino y debo confesar que sufro.

No soporto a Harry Potter, no puedo con la mayoría de películas infantiles, y –sobre todo- no puedo entender por qué cojones le gusta tanto Frozen. Me he dormido siete veces viendo Frozen. Lo intento, ¿eh? Trato de aguantar con dignidad, me mantengo atento, pero no hay manera. A la tercera vez que el maldito muñeco de nieve se arranca a cantar me dan ganas de ir al baño, encerrarme y autolesionarme.

No he conseguido verla de un tirón ni una sola vez.

La he visto a porciones y si junto todas las porciones, me sale la peli entera. Es así de triste. Agonizo en vivo y en directo cada vez que esa película entra en mi vida.

Pero claro, escribo de cine y es la película de animación más taquillera de la historia, así que no hay manera de librarme de la maldición. Así que cuando entró en mi bandeja de entrada el anuncio de pase de prensa de Frozen 2, no me quedó más remedio que ir. Probablemente, va a ser lo más taquillero del año.

Y me alegra decir que esta vez me lo pasé mucho mejor.

Es decir, que a lo mejor los niños aborrecen la secuela, pero yo conecté mucho mejor con esta película que con la anterior. No es solo que la historia me interesó más, o que la animación me parece mejor: es que no me aburrí como un tío de Alabama mirando el mundial de curling.

El guión no es ninguna maravilla, pero tampoco es que lo pretenda. Lo mejor de Frozen es que sabe muy en que terreno juega y sabe muy bien cómo jugar en él. Tiene una banda sonora espléndida, con media docena de canciones pegadizas, y tampoco es que necesite mucho más.

Los personajes son los mismos, incluyendo a Olaf (el muñeco de nieve come-escenas), que arrasa con todo cada vez que sale y que me hizo pasar buenos momentos, para que negarlo. Sí, soy fan de Olaf. Lo confieso. Elsa y Anna me dan un poco igual y el mostrenco novio de la segunda me molesta bastante, pero cuando sale Olaf soy todo oídos.

Así que si son ustedes/as de los que se aburrieron con la primera, creo que esto son buenas noticias; si en cambió les apasionó la primera, puede que esta les parezca menos atractiva. No sabría muy bien cómo valorar la primera respecto de la segunda, más allá de mi opinión subjetiva y basada en mis criterios de somnolencia.

Por si no tienen ustedes/as hijos/as o no son aficionados a la animación y no piensan ir a ver Frozen 2, les recomiendo una docu-serie que he visto en Netflix y que se llama The devil next door. Creo que en España se ha llamado El nazi Ivan el terrible, o algo parecido. A veces con los títulos deberíamos esforzarnos un poco más.

Cuenta la historia de un tipo que vive en un pueblecito de Estados Unidos y al que un día acusan de ser en realidad el guardia más cruel de un campo de concentración nazi en territorio polaco durante la 2ª guerra mundial.

Acojonante. Échenle un ojo.

Abrazos/as,

T.G.

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