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De entre los muertos…

Qué? Lo sé, pensaban ustedes que había muerto y habían arrojado mis restos a un cementerio de residuos nucleares. Pero no, amigos y amigas, sigo vivo. A veces más, a veces menos, pero vivo.

 

Ya han pasado los Oscar, los globos de oro, los goya y la madre que los parió, gracias a Dios. Ahora ya podemos tener un poco de tranquilidad hasta el año que viene.

 

Por si no lo había dicho (seguramente no, porque la última vez que escribí aquí, Adolfo Suarez estaba vivo) aquí les dejo una pequeña guía de mis impresiones post-premios:

 

Moonlight: se desmorona en el último tercio, tiene un personaje incomprensible (el del grandioso Mahershala Ali, que se llevó el Oscar) y el pierde un esteticismo casi obsesivo. No era la mejor película, ni de coña.

 

La La land: estupenda revisitación de los musicales de toda la vida, con guiños a un montón de clásicos, una protagonista estupenda y una banda sonora despampanante. Como acostumbra a suceder con las expectativas, lo del enorme hype que la acompañaba desde hace meses ha acabado siendo un bofetón en la jeta. A pesar de todo, una película excelente.

 

Comanchería: junto a La llegada y Manchester frente al mar, la mejor de todas las contendientes a los premios. Un neowestern, seco, árido, polvoriento, que retrata a los hijos de esa América (casi) borrada del mapa. Actores impresionantes: Bridges, Pine y Foster. Y un final anti-épico con todas las cartas sobre la mesa. Si alguna vez me amenazan de muerte que sea al estilo Bridges-Pine… cuando vean la película me entenderán.

 

Manchester frente al mar: un peliculón descomunal, con esqueleto de obra de teatro (su autor, Kenneth Lonnergan, tiene un extenso currículum en Broadway) y un actor en estado de gracia llamado Casey Affleck. Pocos tipos en el mundo actoral pueden expresar con semejante naturalidad el desapego existencial: esa cosa que se presenta cuando ya no te queda nada. O nada que te importe.

Una película que te deja hecho un asco y te recuerda que el fango puede llegarte a los tobillos o al cuello.

 

También disfruté (muchísimo) con esa bestialidad llamada Hasta el último hombre. Pocos directores tienen el pulso cinematográfico de Gibson y su facilidad para mantenerse firmes (narrativamente hablando) en el caos. La segunda parte de la película no es apta para mentes y/o estómagos sensibles, pero los amantes del cine bélico van a ponerse las botas. Algunas de las mejores escenas del género jamás filmadas se encuentran en esos últimos 45 minutos.

 

Con este bonito resumen introductorio y una recomendación, les dejo hasta pronto. No prometo nada, porque luego no cumplo y me lo reprochan (con razón).

 

La recomendación: Logan.

 

Por fin el Lobezno crepuscular, hastiado y derrotado que tan bien había retratado Mark Millar en El viejo Logan. Una road movie con hombreras de drama y sangre para llenar el acuario de San Diego.

 

La gran película que Lobezno se merecía. Sin más.

Besos y abrazos/as,

T.G.

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