Aunque hubiera dicho «Sí, quiero sexo con vosotros cinco» sería una violación

Imaginemos que la mujer de 18 años hubiera dicho libremente y con ganas: «Sí, quiero sexo con vosotros cinco y quiero hacerlo en este rellano inmundo». Imaginemos que lo hubiera dicho sin coacción ninguna, sin intimidación de ningún tipo. Imaginemos que a ella le apetecía enormemente tener sexo con ellos cinco y que entró la primera al rellano. Pues a pesar de ese consentimiento previo, lo que ocurrió en ese rellano seguiría siendo una violación.

La violencia, el consentimiento y el contrato

¿La mujer-chica de Navarra, tomó la iniciativa en algún momento, se desnudó ella, la desnudó alguien a ella con un mínimo de sensualidad, desnudó ella a alguien, acarició a alguien, jugó con alguien, alguien la acarició a ella, dio ella alguna señal, aunque fuera mínima, de que quería participar en ese acto múltiple? En la sentencia no aparece, desde luego. ¿Hace falta algún indicio más para darse cuenta de que no hay ningún tipo de contrato entre las partes? Para mí ese comportamiento de la chica es un grito desesperado de «No quiero».

Una sentencia muy dolorosa

Lo que duele de la sentencia, lo que me duele, es que no considere violencia una agresión tan salvaje. Que una falta de consideración tan evidente, por no tener en cuenta el deseo del otro, no sea obviamente violencia para todo el mundo, para todos los jueces, para todos los ciudadanos, para todos los seres humanos. 

Las mujeres, los hombres y los límites

¿De verdad puede uno hacer lo que quiera con su cuerpo? ¿De verdad puede uno negarse a ser vacunado si esa decisión va en perjuicio de toda la sociedad que queda expuesta a esas enfermedades que creíamos erradicadas? ¿Debemos permitir que una mujer sea expuesta voluntariamente en una jaula, desnuda, vestida o con poca ropa, como si fuera un animal en el zoo a cambio de dinero? ¿Hay mucha diferencia entre eso y un cabaré? ¿Hay mucha diferencia entre eso y el programa de la isla de los famosos? ¿Hay mucha diferencia entre eso y un anuncio publicitario en la que un hombre se quita la camiseta para anunciar una cerveza?

Escuchar y oír. Aire y viento.

No entiendo qué ocurre con el idioma español que nos empeñamos en quitarle el sentido a las palabras, a trastocarlo y a hacerlas inútiles. No soy capaz de repetir las frases que tan bien dibujaba Lázaro Carreter una y otra vez cuando se quejaba de la falta de filo del lenguaje con el que pretendemos expresar pensamientos, ideas y figuras. Utilizar escuchar en lugar de oír duele en los oídos. Y aire en lugar de viento duele por lo menos en el corazón.