1. Presión
2. Desgaste, revisión de su estado y almacenamiento
3. Cambio de neumáticos

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Neumáticos 14-03-2006
  Enrique Calle

Cuando se va a adquirir un nuevo coche es importante tener en cuenta el coste que supone reemplazar los neumáticos. Actualmente están proliferando los coches con ruedas de grandes dimensiones (tanto por anchura como por diámetro), que frecuentemente son costosas de reponer.

No es recomendable adquirir un coche con neumáticos muy grandes y caros si su sustitución va a suponer un esfuerzo económico importante, o si no se va a realizar a tiempo o se van a montar neumáticos de dudosa calidad para bajar el coste. Es mejor un buen neumático más pequeño, bien mantenido y de calidad, que uno ancho y malo o mal mantenido. Además, a ciertos neumáticos de grandes dimensiones no se les puede instalar cadenas.

Según la ley, los neumáticos deben ser sustituidos cuando la profundidad de las acanaladuras del neumático es de 1,6 mm o menor. Los neumáticos tienen varios indicadores de desgaste repartidos en su perímetro; queda 1,6 mm de profundidad cuando la banda de rodadura se enrase con los testigos. Esta profundidad de dibujo no indica el momento óptimo para cambiar las ruedas, sólo indica hasta dónde es legal utilizar los neumáticos. Un neumático a medida que se desgasta pierde cualidades (sobre todo sobre suelo mojado), aunque la profundidad de sus acanaladuras sea mayor de 1,6 mm.

El envejecimiento de los neumáticos no sólo depende de los kilómetros que hayan rodado: como están en contacto con la atmósfera y con el suelo, también envejecen con el tiempo. Un neumático envejecido en exceso puede presentar pequeñas grietas en el flanco o en su banda de rodadura. Es recomendable cambiar los neumáticos cada 5 años aunque aparentemente estén en buen estado.

El desgaste de la banda de rodadura un neumático está directamente determinado por el estilo de conducción (por ejemplo, una conducción muy rápida en zonas de curvas lentas desgasta los «hombros» del neumático), por la alineación de las ruedas y por la presión de los neumáticos.

Comprobar el estado de los neumáticos es fácil; no suele hacer falta desmontarlos y, a diferencia de otros órganos mecánicos, están a la vista. Los neumáticos también se pueden comprobar rodando; vibraciones inusuales o la tendencia del vehículo a torcer hacia algún lado si no se sujeta el volante pueden ser indicios de deterioro de los neumáticos, falta de equilibrado de los mismos o alineación incorrecta de la dirección.

Cuando se comprueban los neumáticos con el vehículo parado, hay que fijarse en que el desgaste sea regular en toda su banda de rodadura (que no estén más gastados por un lado que por otro) y que no estén agrietados. Los flancos del neumático deben no estar deformados ni tener pequeños bultitos (que demuestran una deformación en su estructura), ni «mordiscos». Este tipo de deformación de los neumáticos puede aparecer al subir bordillos o al superar baches cortantes relativamente rápido. Unos neumáticos pensados para rodar en carretera nunca deben usarse en terrenos abruptos, como caminos de tierra con muchas irregularidades; si hay que hacerlo es mejor rodar muy despacio. También hay que comprobar el estado de las llantas: una deformación en las mismas puede determinar un ajuste deficiente entre llanta y neumático.

Un buen momento para revisar los neumáticos es cuando se cambian de posición. En todo caso, conviene revisar su estado con más frecuencia. Si no se desmontan los neumáticos, para revisar el interior de los mismos es recomendable subir el coche en un elevador.

Para un turismo hay distintos tipos de neumáticos, en función del uso que se vaya a dar. Básicamente, hay dos tipos: de invierno y de verano. Los de invierno tienen un rendimiento muy superior sobre nieve que los de verano; los fabricantes también los recomiendan si la temperatura exterior es muy baja, aunque no haya nieve. Los neumáticos de verano van mejor sobre suelo seco y, en estas condiciones, su resistencia al desgaste es muy superior a la de los de invierno. Dadas las características de su estructura, los neumáticos de invierno van, normalmente, asociados a códigos de velocidad más bajos y en ocasiones, suelen ser más estrechos que los equivalentes de verano.

En países con frecuentes y fuertes nevadas, los usuarios suelen tener dos juegos de neumáticos. Para aquellos que utilizan el coche durante todo el año, los inconvenientes que supone tener dos juegos de neumáticos (hay que tener un sitio para guardar los que no se utilizan), son menos importantes que sus ventajas (un coche con neumáticos de invierno pasa por sitios por donde no lo hace un coche equipado con neumáticos de verano).

Si es necesario almacenar neumáticos, es recomendable hacerlo:

-En un lugar ventilado, seco, con una temperatura templada y evitando la intemperie la luz directa del sol.

-Alejados de cualquier sustancia química, como disolventes o hidrocarburos.

-Alejados de fuentes de calor, llamas o cuerpos incandescentes y de todo aparato que pueda provocar chispas o descargas eléctricas.

-Lejos de cualquier objeto que pudiera penetrar en la goma.

-No se deben almacenar en pilas durante un largo periodo, salvo si están montados en llantas e inflados.

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