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Bueno para conducir, escaso para cargar
El motor Diesel de dos litros da al Volvo V50 2.0D
una capacidad de respuesta muy notable.
El empuje empieza a crecer desde poco más de 1.500 rpm y
entrega mucha fuerza entre 2.000 y 3.000 rpm. Me pareció
más progresivo a bajo régimen que en otros modelos,
aunque también me dio la sensación de perder algo
más de empuje que otros motores similares por encima de 3.800
rpm. Su sonido llega perceptiblemente al habitáculo en aceleraciones
fuertes. En ningún caso tiene un volumen excesivo, pero suena
inconfundiblemente a Diesel.
La sexta velocidad tiene un desarrollo de más de 57 km/h
cada 1.000 rpm; es decir, cuando el coche va a 120 km/h en sexta,
el motor gira a 2.100 rpm. Se puede rodar por autopista a elevada
velocidad con el motor bajo de vueltas, y aun en esas circunstancias
mantiene una cierta reserva de aceleración incluso en ligeros
repechos.
El cambio del 2.0D de la unidad que probé tenía un
tacto notablemente duro, especialmente en los movimientos laterales
y en el paso de sexta a quinta velocidad. El manejo me resultó
muy satisfactorio, en parte por la precisión que tenía
y la gran rapidez que permitía en las inserciones, aunque
habrá quien prefiera una palanca que se mueva con menor esfuerzo.
La unidad que probamos tenía menos de 30 km al inicio de
la prueba; es posible que con el tiempo el tacto se suavizara.
Tras
bajarme del V50 2.0D, lo que más me llamó la atención
del V50 2.4i de 170 CV es la homogeneidad de su respuesta. Tiene
un rango útil mucho mayor, con un empuje muy constante entre
2.000 y 6.000 rpm. No impresiona como el del motor Diesel, aunque
haciendo uso del cambio y estirando las marchas acelera más
que él. El accionamiento de la palanca era más suave
que en el Diesel; la unidad tenía únicamente unos
100 km más que aquélla.
Suena menos que el Diesel y tiene un particular sonido, ronco en
aceleraciones fuertes y a elevado régimen, con una vibración
de fondo distinguible en otros motores de cinco cilindros.
Me llamó mucho la atención un fenómeno con
el que me he encontrado con este mismo motor instalado en el Ford
Focus C-Max, pero de manera menos perceptible. En arrancadas a muy
reducido régimen, una vez se ha soltado completamente el
pedal de embrague y si se acelera con mucha suavidad, el motor desfallece
y deja de empujar durante un instante cuando atraviesan las 1.700
ó 1.800 rpm. Es un fenómeno que sólo pude reproducir
en las primeras arrancadas con el V50 y de manera muy esporádica
en el C-Max, y que no afecta en nada a la conducción normal
o en aceleraciones más enérgicas.
En ambos casos me pareció que el V50 tiene un muy buen comportamiento
y un notable grado de confort. La dirección transmite la
suficiente información, el coche entra bien en las curvas,
y la trayectoria tiene una notable sensibilidad a la presión
ejercida sobre el acelerador. En todo caso las reacciones son muy
suaves y predecibles; una eventual pérdida de trayectoria está
bien controlada por el control de estabilidad. En este sentido me
pareció un modelo muy satisfactorio.
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