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Volvo S80 18-11-2006
  Alfonso Herrero
Con la configuración con que lo hemos probado, suspensión de serie y llantas opcionales de 18", el S80 es un coche ágil para su tamaño y con una suspensión que —aunque confortable— lo es menos que la de otros turismos de su tamaño.

Por la capacidad de absorción que tiene la suspensión y la fuerza con que transmite las irregularidades al interior, el S80 D5 se encuentra en un término medio entre un BMW Serie 5, más duro y seco, y un Mercedes-Benz Clase E que, con la suspensión de serie, es muy cómodo.

Si la calzada tiene ondulaciones amplias, la suspensión las absorbe con gran eficacia, permitiendo que la carrocería haga pequeños movimientos verticales que no perjudican el confort.

Al menos con la medida de llantas y neumáticos que llevaba, unos Pirelli Pzero Rosso 245/40ZR18, el S80 va muy bien en carreteras lentas. Entra con facilidad en las curvas y, si es necesario, podemos redondear las curvas ahuecando con el coche apoyado.

Me ha sorprendido el funcionamiento del control de estabilidad. En el recorrido por carretera de montaña que hacemos habitualmente, lo normal es que este dispositivo entre en funcionamiento en varias ocasiones, bien sea porque es necesario o porque provocamos la situación para que así lo sea.

Al S80 es difícil sacarlo de la trayectoria conduciendo normalmente y cuando lo hace, el control de estabilidad admite un deslizamiento mayor de lo normal en coches de este tipo, antes de mantener el coche en la trayectoria cuando resulta necesario.

El control de tracción tiene un funcionamiento muy bueno, deja que la rueda deslice ligeramente antes de actuar y cuando lo hace es de forma suave, por lo que no detiene mucho la aceleración.

El motor turbodiésel de 185 CV es mejorable en lo referente a ruido y suavidad de funcionamiento. Al ralentí, vibra y transmite esas vibraciones al interior, algo que se puede percibir en el asiento o el volante. De noche, con las luces encendidas, se veía como el haz de luz oscilaba notablemente. Al arrancar el motor, sobre todo si está frío, se nota claramente una vibración cíclica que sube y baja de intensidad; hay veces que cesa transcurridos unos 5 s, otras dura más.

Tampoco parece que esté bien aislado. Si bien es cierto que de por sí es un motor ruidoso (mucho al ralentí, menos en marcha), hay otros coches con un motor ruidoso en los que desde el habitáculo no se percibe con tanta nitidez el ruido. No es tan molesto como para desaconsejar el coche, pero quizás haya gente que prefiera un coche más silencioso, como un Audi A6 2.7 TDI o un Peugeot 607 2.2 HDI.

Sin ser un coche particularmente rápido, sus prestaciones son suficientes para mantener un ritmo de viaje alto y adelantar a otros vehículos con facilidad. En este motor se nota mucho la falta de fuerza a bajo régimen característica de los motores turbodiésel recientes (con alguna excepción, como el de Peugeot); el que hemos probado llevaba la caja de cambio automática con lo que ese defecto quedaba amortiguado en una conducción normal.

En general, el consumo que hemos medido es bajo. En el recorrido por autovía ha gastado 8,2 l/100 km, algo menos que un Audi A6 3.0 TDI o un Jaguar S-Type 2.7d (que son más potentes). En recorridos mixtos por ciudad (con mucho tráfico) y alrededores el consumo fue inferior a 12 l/100 km. Conduciendo cuidadosamente es difícil llegar a gastar muy poco, pero también lo es gastar mucho.

El cambio automático de seis marchas es suficientemente rápido y suave para un coche de este tipo. Tiene dos modos de funcionamiento, uno automático y otro en el que seleccionamos manualmente la marcha. En el modo automático siempre usa la marcha más larga posible, por lo que en carreteras con muchas curvas o fuertes pendientes es interesante utilizarla manualmente. En este modo, pasa automáticamente a una marcha superior si el motor alcanza el régimen de giro máximo. De igual modo, si se reduce la velocidad excesivamente, el cambio baja las marchas necesarias para que el motor no se cale. Fuera de estas dos situaciones, el cambio no modifica la marcha que ha sido seleccionada por el conductor.

La dirección tiene tres niveles de asistencia (baja, media y alta). A diferencia de lo que nos ha sucedido en el Ford Focus, que también lleva este dispositivo, en el S80 sí que hay diferencia apreciable entre las selecciones (al menos entre la mayor y la menor asistencia).

Los frenos detienen al S80 en una distancia normal para un coche de sus características. Conduciéndolo de una forma más exigente de la habitual pero sin forzarlos de forma extrema, han aguantado bien el esfuerzo (con una persona y sin carga).

Los faros opcionales de xenón dobles (para cortas y largas) iluminan la carretera satisfactoriamente. El sistema de lavafaros funciona de forma alterna, es decir, primero actua el de un lado y luego el del otro. De este modo la disminución de la luz, al interponerse en el haz la pieza que proyecta el agua, no es tan grande.

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