Lujo y eficacia en el campo y la carretera
Volkswagen ha recurrido a una estructura V10 en su
motor Diesel más potente. Dicha estructura sólo se
utilizaba hasta la fecha en los monoplazas de fórmula 1 y
en potentes deportivos con motor de gasolina (Chrysler Viper, Lamborghini
Gallardo, Porsche Carrera GT o en el nuevo BMW M5). Volkswagen utiliza
este mismo motor también en su lujoso Phaeton.
Es simplemente impresionante en prestaciones, capacidad de recuperación
e incluso en consumo, dadas las cifras máximas que llega
a alcanzar. Al ralentí se aprecia el traqueteo característico
de un motor Diesel, pero en marcha resulta mucho más suave
y no parece de gasoil.
La insonorización es muy buena y en el interior se escucha
más el sonido de rodadura que el propio motor. Desde poco
más de 1.500 rpm ofrece un empuje extraordinario y tira con
mucha fuerza hasta 4.000 rpm. Aunque la zona roja del cuenta vueltas
comienza a 4.400 rpm, el cambio automático nunca sube de
marcha más allá de 4.200 rpm, si bien no merece la
pena apurar tanto. De hecho, jugando con el cambio automático
en su modalidad de uso manual secuencial podemos llegar a rebajar
unas décimas de segundo en aceleración si realizamos
los cambios con precisión antes de superar las 4.000 rpm.
En nuestras mediciones, hemos apreciado diferencias en las prestaciones
según la selección de cambio utilizada. En cualquier
caso, la diferencia es tan escasa que me parece mucho más
lógico dejar al cambio que haga su trabajo de forma automática.
El
cambio automático Tiptronic de seis velocidades tiene un
funcionamiento satisfactorio en líneas generales y lleva
unos desarrollos muy bien adaptados a las características
del motor, pero no admite del todo bien una conducción de
estilo deportivo porque resulta lenta a la hora de reducir de marcha
en cualquier circunstancia.
Tiene tres modalidades de uso seleccionables mediante la palanca
de cambios: «D» (automática directa), «S»
(automática sport) y manual secuencial. En cualquiera de
ellas, el aprovechamiento mecánico es excelente. Acelerando
a fondo en «D», los cambios se producen a 3.800 rpm,
mientras que en «S» apura hasta las 4.200 rpm.
En la modalidad manual secuencial podemos seleccionar las marchas
que queramos de dos maneras: moviendo la palanca de cambio hacia
delante o detrás para subir o bajar de marcha respectivamente
o mediante las dos levas situadas detrás el volante, la derecha
para subir de marcha y la izquierda para reducir. Con la selección
manual secuencial subimos de marcha en el momento que accionamos
el mando apropiado o bien automáticamente al llegar a 4.200
rpm (3.800 rpm en 1ª y 2ª marcha).
En cualquiera de las modalidades de uso, el cambio sube automáticamente
de marcha a 4.200 rpm si hemos pisamos el «kick down»
del acelerador. Las levas del cambio secuencial tras el volante
son una opción con sobreprecio pero merecen la pena dada
su extraordinaria comodidad de manejo. Están fijadas a la
columna de dirección por lo que su accionamiento es posible
incluso girando el volante. Además, las levas tienen un generoso
tamaño que permite tirar de ellas con mucha facilidad sin
mover las manos de volante.
Si las cifras de prestaciones parecen sorprendentes en un coche
del tamaño y peso del Touareg V10 TDI no menos impresionantes
son las de consumo. En nuestras mediciones ha consumido una media
de 13,2 l/100 km en un uso mixto por carretera y ciudad a ritmo
suave. En las mismas condiciones de uso mixto pero a ritmo ágil,
la cifra se ha elevado hasta 16,4 l/100 km. En conducción
a fondo por carretera y campo, la media de consumo ha llegado hasta
los 22,9 l/100 km, sin duda unas cifras a las que no estamos habituados
en un coche con motor turbodiesel.
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