Satisfactorio como cinco plazas, inadecuado como siete
Hay varios aspectos por los que la posición
al volante del Corolla Verso recuerda a la de algunos turismos,
más que la de muchos monovolúmenes.
En primer lugar, el asiento, en su posición más baja,
no queda muy alto con respecto al suelo y las rodillas no van muy
flexionadas. En segundo lugar, la línea de cintura de la
carrocería queda elevada con respecto al conductor (que está
más rodeado por chapa). En tercer lugar, el parabrisas y
algunos elementos del salpicadero no quedan lejos del conductor,
ni da la sensación de espacio y luminosidad que tienen otros.
No obstante, en los giros más cerrados, los montantes del
parabrisas dificultan la visibilidad menos de lo habitual en este
tipo de coches.
El
volante no está muy tendido (tiene regulación en vertical
y longitudinal) y el pomo de la palanca de cambios queda a tan sólo
17 centímetros de la parte más cercana del volante;
se llega con mucha facilidad. La dirección (de asistencia
hidráulica) tiene buen tacto, aunque en maniobras en parado
o a muy baja velocidad no resulta tan ligera de mover como las eléctricas.
Los asientos dan buena sujeción lateral y un apoyo bueno
para la espalda. Es difícil ajustar la inclinación
del respaldo y la altura de la banqueta, porque los mandos quedan
muy pegados a las puertas y deja poco espacio para meter la mano.
La instrumentación es clara y bien iluminada (tiene el sistema
de iluminación que Toyota denomina Optitrón). Se echa
en falta un termómetro de agua; en su lugar tiene dos indicadores,
uno que indica cuando el motor está frío y otro que
se enciende cuando está excesivamente caliente (incluso en
una utilización exigente no tiene porqué encenderse,
más bien es un testigo de alarma).
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