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Un monovolumen largo y bajo
Según la primera impresión, la
pequeña diferencia de altura entre este monovolumen y sus competidores
se aprecia, al conducir, en el paso por curva. El balanceo de la carrocería
es menor que en los otros monovolúmenes grandes. No sólo
resulta más ágil, también es más confortable.
Ninguno de los dos motores pone en aprietos al chasis, no hay pérdidas
de tracción ni reacciones extrañas al acelerar o ahuecar
en apoyo. El eje
delantero entra bien en las curvas y el posterior le sigue con docilidad.
En definitiva, el equilibrio entre comodidad y estabilidad es acertado.
Los
frenos tienen que parar más de tonelada y media y lo hacen
con eficacia. En un tramo con curvas los utilizamos con intensidad
y si bien acusan el esfuerzo y se calientan notablemente (al parar
en un cruce salía humo de las ruedas delanteras) mantienen
una buena capacidad de frenada en esas condiciones.
Sólo hay dos cosas que influyen negativamente
en el conductor. Una es la ya comentada postura al volante. Poco
más de una hora de conducir es poco tiempo para ir mejorando
la postura al volante. Sin embargo lo intenté y no conseguí
encontrarme cómodo. Para sincronizar bien el movimiento de
manos y pies es indispensable estar a gusto y con todo a mano. No
es el caso. Claro que esta cuestión es muy personal y por
tanto lo mejor, para quien esté interesado en el coche, es
probar en el concesionario. Yo no me encontraba cómodo pero
es posible que muchas personas sí lo estén.
El otro elemento que perjudica la sensación
de bienestar al volante es el ruido. No es escandaloso, pero tanto
el motor Diesel como el de gasolina se oyen apreciablemente en el
coche a velocidad media. Cuando se va un poco más rápido,
lo que suena no es tanto el motor, sino el ruido aerodinámico
al pasar alrededor de los espejos de gran tamaño.
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