Una versión
muy interesante de un buen coche
El nivel de estabilidad que tiene el Škoda Octavia
es bueno. En muchos aspectos recuerda a un Golf; es un coche cómodo
de suspensión (absorbe bien las irregularidades), aunque
probablemente no es de los más cómodos. Tiene un cierto
balanceo y unas reacciones suaves cuando se le fuerza. En determinadas
circunstancias, el Octavia puede tener una cierta tendencia a redondear
las curvas cuando se le desequilibra en plena curva que no tiene
un Golf, pero que hay que ir buscando mucho para que aparezca.
Sin ser un coche de reacciones directas, puede ser
agradable de conducir porque deja sentir al conductor los apoyos
en las curvas, más que por ejemplo, un Citroën C5, aunque
menos que un Ford Mondeo.
Por
reacciones y seguridad activa, está a un nivel muy parecido
a un Renault Laguna o a un Toyota Avensis, siempre que se añada
al Škoda la opción de control de estabilidad (470 €).
Me parece más seguro que un Hyundai
Elantra CRDi porque no tiene dicho elemento de seguridad y porque
es claramente más subvirador.
Al menos con los neumáticos de nuestra unidad de pruebas
(unos Michelín Pilot Primacy en medidas 205/60 R15 91V),
hay otros coches que son más ágiles y responden de
una manera más inmediata a cada golpe de volante, como un
Mazda6 (o un Mazda3 Sedán), un Alfa Romeo 156 o el propio
Ford Mondeo.
El tacto de la dirección también recuerda mucho a
la que tienen otros coches del grupo Volkswagen que comparten esta
misma plataforma. El funcionamiento de la palanca de cambios es
correcto; el pedal del freno también tiene buen tacto y lo
mantiene incluso después de frenar mucho en carreteras con
curvas.
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