Una versión
muy interesante de un buen coche
El Škoda Octavia 1.9 TDI 105 CV es una referencia
para otras berlinas Diesel de este tamaño y potencia en consumo
y —sobre todo— en prestaciones.
Según nuestras mediciones
de adelantamiento, ha sido claramente más rápido
que coches más potentes, como un Citroën C5 HDI 110
CV o un Toyota Avensis 2.0 D4D de 116 CV. Un Renault Laguna 1.9
dCi 120 CV, un Opel Vectra 2.2 Dti 16V (125 CV) y un Hyundai Elantra
CRDi (112 CV) han sido casi igual de veloces que el Octavia.
Lo mejor del motor está hasta 4.300 rpm; aunque es capaz
de estirarse más la fuerza decae a partir de ahí.
Alcanza la velocidad máxima (192 km/h) la alcanza a 4.150
rpm, lo que quiere decir que va corto porque el motor da la potencia
máxima a 4.000 rpm. Dada la respuesta enérgica de
este motor, y la capacidad para llegar a 4.000 rpm incluso en condiciones
ligeramente desfavorables, se echa en falta una sexta velocidad.
Tiene
otras características que distinguen a un motor bueno y que
sin embargo no se suelen reflejar en las prestaciones: una respuesta
directa y rápida al acelerador y una capacidad de aceleración
buena cuando el régimen es muy bajo (a partir de tan sólo
1.600 rpm ya se nota un incremento importante de potencia). Esto,
a diferencia de lo que ocurre con otros Diesel, lo hace muy cómodo
de utilizar en ciudad incluso con el aire acondicionado conectado.
Está por detrás de la media de la competencia en
sonoridad y aspereza, que llega al interior al acelerar fuerte en
marchas cortas, aunque también se puede distinguir el sonido
del motor a velocidades elevadas. En dos unidades diferentes he
notado una fuerte vibración al accionar en marcha el pedal
del embrague. Hay otros motores peores por sonoridad en este sentido,
como el 1.7 CTDI de 100 CV de Opel.
Es sorprendente lo fácil que es gastar poco y lo difícil
que resulta gastar mucho. En un recorrido por carretera y autovía
a ritmo ágil y acelerando a fondo en ocasiones puede gastar
7,1 l/100 km. Es complicado gastar más de 9,0 litros reales
en carreteras rápidas (en un recorrido lo suficientemente
largo como para que se pueda estabilizar el consumo); en las carreteras
lentas y de montaña el consumo puede estar por encima de
11,0 litros de media.
En un recorrido por carretera a ritmo normal (no lento) el consumo
puede bajar de 6,0 litros de media y estar sobre 6,5 litros si se
mezcla ciudad y carretera.
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